Benjas se volvió un fantasma en julio de 2025. En octubre de ese año, Hot Water Music tocó en el Off Limits Fest de CDMX. Un día, cursando la prepa en Monterrey, me dijo que me gustaría la banda. Él los descubrió en un álbum Punk-O-Rama, donde participaron con canciones como “Trusty Chords”, en la que se sienten el dolor, la ansiedad y el consuelo por medio del whisky.
Tenía una colección de CDs originales de punk que compró con Fuck Terry. Me prestó A Flight and a Crash (2001), el disco con el que HWM definió su sonido gracias a las voces ásperas de Chuck Ragan y Chris Wollard, quienes vociferan sobre adicciones y crisis personal. Tras una amistad de más de dos décadas, la grabación sigue siendo visceral y me conecta con Benjas.
NOS CONOCIMOS EN LA PREPA 2, cuando las playeras punk rockers hacían amistades. Me dio el flyer de un show al que no asistí, y el lunes me reclamó. Después me preguntó qué escuchaba y si tocaba; mencioné a Lagwagon y que era baterista. Nos prestamos CDs y nos juntamos a jamear. Como guitarrista, era un chingón. Aprendió de oído: lo recuerdo tocando en su habitación “Not Today” de Consumed. Formamos bandas y grabamos demos que aún conservan algunos amigos.

Diversa Cultural
Obsesionados por la profundidad de HWM, descubrimos a Bukowski. De hecho, la banda tomó su nombre de un libro de cuentos del representante del realismo sucio. En español, éste se titula Música de cañerías. Así, el punk nos llevó a la literatura e intercambiamos libros. Queríamos convertirnos en escritores, en el vómito de la Generación Beat aderezado con la paranoia de Philip K. Dick, la angustia de Raymond Carver y la subjetividad de Hunter S. Thompson. Nuestro impulso brotaba del DIY y la cultura pop. Ahora que releo y edito sus textos llenos de humor negro, autodestrucción y sensaciones sinestésicas, siento que él abría su corazón como si fuera una película: agregaba mínimos detalles visuales y diálogos en los que aún escucho su voz rasposa. Así como fue la persona más punk rocker que conocí, es el fantasma más cinéfilo.
AHORA QUE RELEO Y EDITO SUS TEXTOS LLENOS DE HUMOR NEGRO, AUTODESTRUCCIÓN Y SENSACIONES SINESTÉSICAS, SIENTO QUE ÉL ABRÍA SU CORAZÓN COMO SI FUERA UNA PELÍCULA
Creamos Punkroutine, un fanzine que existió de 2012 a 2016. Sigo sin entenderlo, pues recibimos apoyo de académicos y escritores. CONARTE Nuevo León nos dio una beca y con parte del dinero compramos películas, libros o rentamos trajes para ir a bodas de amigos, quienes nos consideraban los más raros.
LOS EVENTOS DE PUNKROUTINE parecían tocadas de punk. Él se encargaba de lo visual y creativo (flyers, portadas, videos) y yo, de relaciones públicas y edición. Entre mis momentos favoritos están el viaje a Saltillo, cuando presentamos el número de crónicas musicales en una cantina, frente a vendedores de libros y bohemios que no paraban de hablar de literatura; nos dio hueva y dormimos en una habitación, encima de unos cartones. En CDMX presentamos en la Pulquería Insurgentes. Benjas leyó un relato sobre parricidas y una editora se nos acercó para proponerle sacar su primer libro. Soñábamos con publicar y dar a conocer nuestra narrativa. Sin embargo, mi amigo continuó con su arte de procrastinar.
En la escena musical punk, tocó con varias bandas, como 1986, Robanovias, CoKain… Con la primera cumplió uno de sus sueños: girar con Lagwagon; sobre esa experiencia, escribió una divertida crónica gonzo. Además, en uno de sus shows, tocaron “The Decline” de NOFX, canción de más de dieciocho minutos. Con la segunda logró formar parte de un grupo de hardcore. Y con la tercera, como me lo explicaron amigos, su plan era tocar dos veces en cuatro años.
Fue videoartista. Me contó que Making the Video, programa de MTV, lo sedujo para “darle una interpretación visual a las canciones”. Como sabía de cine, trabajó en Videodromo. Después, dos compañeros de 1986, que tienen una casa productora, lo dejaron aprender a editar, mientras él enrollaba cables y acomodaba luces. Autodidacta por naturaleza, aprendió rápido.
De hecho, aseguraba que hizo “famoso” a Carlos Muñoz (el influencer de barba prominente y blazers estrafalarios) en cuanto le asignaron editar sus videos. Aparte de dirigir videoclips de grupos, hizo poesía para MEMEZINE, proyecto que lo recuerda como “divertido y siempre amable”.
EL DÍA DEL OFF LIMITS, HWM CERRÓ. Antes del set, recordaba nuestra amistad. Ragan, el Bukowski del punk rock, apareció y me quebré. Dudé si Wollard estaba de gira (se ha ausentado por problemas de salud mental). Efectivamente, no salió y Chris Cresswell de The Flatliners tomó su lugar. A este grupo lo vimos hace años en Monterrey. Su canción “Monumental” nos traumó, y fue con ella que lo despedí cuando se volvió un fantasma.
La presentación de HWM fue intensa. Antes de tocar “Drag My Body”, tema que aborda la depresión e inseguridad, Ragan mencionó que la música es vital para estar bien. Esa declaración me jodió: entendí que Benjas vivirá en mi mente y corazón. Incluso siento que sigue aquí: he conocido gente que habla de su arte, de que Punkroutine los influenció, o de las películas que recomendaba.
En diciembre de 2024 lo vi por última vez. Estábamos distanciados y, mientras cheleábamos, me contó cosas que no recordaba, como cuando en una fiesta de mi familia chilanga tocamos canciones de Ramones. No hablamos de HWM, pero siempre será bueno recordar lo que canta Wollard en “Choked and Separated”: “Haré cualquier cosa para evitar que nos sintamos ahogados y separados”.

