Cuando los días son aciagos, cuando la lógica no es una herramienta útil, ¿qué hacer? ¿Cómo buscar el encuentro con los otros, si la algarabía nos inunda o la indignación rebasa el terreno de la razón? Idea Vilariño escogió un camino: poetizar. ¿Para qué? para sentir en libertad, para ser una con los demás, para vivir con paz la contradicción de lo humano.
La poesía de Idea Vilariño escudriña en la pérdida, en los conflictos sociales, en lo inaceptable en cada individuo. Reconoce qué nos destruye, nos subyuga, lo inefable en la felicidad o el dolor. Al expresar desde su sentir más íntimo, descubrimos con ella, cómo nace la necesidad de nombrar en voz alta. Utiliza la intensidad del desgarre para reconocer la revelación:
Mis manos
estas manos queridas
ya no saben
a qué cosa aferrarse.
Creía haber llegado.
Ser.
Dije que eso era todo.
Y lo es.
Pero
había olvidado algo
o renunciado
tranquilamente
a ello.
Y ahora
me pregunto
si en mis noches vacías
no anhelaré la estrella.
(1940)
Así definió su obra poética Idea Vilariño ante una pregunta de Elena Poniatowska:
La poesía es para mí una forma de ser, de mi ser. Todo lo demás de mi vida son accidentes. Pude ser profesora o no. Sola o no. Música o no. Traductora de Shakespeare o no. Estudiosa de la prosodia o no. Todas las cosas que amé y que realicé en la medida que pude. La poesía no fue accidental. Mi poesía soy yo.
SU POESÍA ES MÚSICA, DICE VILARIÑO: ‘EN UN POEMA PUEDE FALTAR TODO LO DEMÁS; HASTA PUEDE, EN DETERMINADOS JUEGOS, FALTAR EL SENTIDO; NUNCA EL RITMO.’
Idea Vilariño nació en Uruguay en 1920 y murió en 2009. Desde los nueve años escribió poesía, la influencia de su padre, poeta y anarquista, fue determinante. Su fragilidad física, marcada por el asma, el eccema y otras afecciones, la dotó de una sensibilidad particular. Estudió música, y se desempeñó como violinista. Participó en muchos proyectos literarios, fue fundadora de las revistas Clinamen y Número, ambas voz de la llamada Generación del 45, en Uruguay. Formaron parte de ese grupo literario Ida Vitale, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, María Inés Silva Vila, Ángel Rama y Amanda Berenguer, entre otros.
LOS VERSOS DE LA POETA URUGUAYA son breves, lúcidos, comunica sus certezas: el amor, el dolor, la muerte. No los vive como fuente de sufrimiento, para ella son sensibilidad, fortaleza para habitar el mundo. Es notable su lenguaje depurado, toca la médula del sentimiento con unas cuantas palabras. Pocos versos bastan para transmitir una emoción compleja:
Tuve que ir
sin dudas
sin reproches
y entregada
sin nombre
ya sin mí
ya sin nada
poner de buena gana
la cabeza en el tajo.
(1980)
Mientras las prohibiciones de la dictadura empujaba a muchos de sus amigos al exilio, Idea eligió quedarse. Desafió la represión política y una censura que la marcó profundamente. A pesar de los peligros, Vilariño no se limitó. Como compositora creó canciones que, con el tiempo, se han transformado en auténticos himnos. Cuatro de ellas son emblemas de la música popular uruguaya: A una paloma, con música de Daniel Viglietti, La canción y el poema, musicalizada por Alfredo Zitarrosa y Los orientales y Ya me voy pa’ la guerrilla, en la interpretación de Los Olimareños.
Su obra dialoga con las crisis políticas y existenciales de su país, pero trasciende lo local. Invita a no aceptar el caos porque: “El objeto poético está en las antípodas de lo caótico y de lo informe.” La búsqueda de sentido implica organizar, conciliar, crear armonía. Su poesía es música, dice Vilariño: “En un poema puede faltar todo lo demás; hasta puede, en determinados juegos, faltar el sentido; nunca el ritmo.” Logra una cadencia delicada. Su economía verbal es clave para la musicalidad en su obra:
Es mentira.
Sin duda.
Pero qué
pero cómo
pero de qué otro modo
con qué cara
seguir vivo
seguir.
(1971)
Son muy conocidas las luces y sombras de su romance con Juan Carlos Onetti. Idea Vilariño se casó con un joven profesor de filosofía que había sido su alumno:
Jorge Liberati. Para ella el amor, en todas sus formas, no es sólo un hecho biográfico, es una manera de enfrentarse al vacío. La muerte es un horizonte inevitable, marca el final, pero también es una pauta para vivir y dar peso a las palabras.
Alguno de estos días
se acabarán las bromas
y todo eso
esa farsa
esa juguetería
las marionetas sucias
los payasos
habrán sido la vida.
(1963)
Podemos disfrutar toda la obra poética de Idea Vilariño en el volumen Poesía completa, que ella supervisó en 2002, su prosa en Diario de juventud, y ensayos en La masa sonora del poema y De la poesía y los poetas. Para conocer más de su vida y obra en Idea Vilariño: la vida escrita, muchas voces la describen. Sus poemas ofrecen refugio, al descifrar qué y cómo sentimos, también brindan un espejo; el desafío es reconocernos en él.
Vilariño nos recuerda que la poesía es honestidad. Al nombrar sin pudor, en cada palabra, cabe la fuerza de la vida. Compartir la experiencia, reír, llorar, es habitar el mundo.