Desde los 10 años he taladrado sistemáticamente mis oídos con el uso de audífonos.
Si viajáramos en el tiempo a aquella época y me preguntaran cuál consideraría el mejor invento de la humanidad, sin duda habría respondido que el walkman. Sí, Sony me procuró la más absoluta de las alegrías, sólo comparable a la que me provocó mi vecina al enseñarme las tetas una tarde. La tecnología estaba en pañales. Todavía no existía la cancelación de sonido ni los audífonos inalámbricos. Sin embargo, la felicidad que me prodigaba mi reproductor de casets era atroz de tan inmensa.
Sensación que se perdió con la llegada del discman. Lo que no impidió que me comprara uno también. Pero nunca fue lo mismo. Hasta la llegada del iPod. Paralelo a ello, comencé a machamarme los tímpanos en los conciertos. Tengo registro de infinidad de ocasiones en las que sentí que mi sentido del oído se había deteriorado después de una tocada. Y existen dos en particular que me causan escozor en las trompas de eustaquio sólo de evocarlas. Una es aquel primer show que ofreció Savages en México en el 2013. Literal me pasé todo el show con la oreja pegada a la bocina mientras observaba a Jehnny Beth apoderarse del escenario.

Gente común: Joseph Mitchell y Joe Gould
La segunda ocurrió al final del concierto de Sonic Youth en el Circo Volador en 2005. Salí ensordecido por completo. Sólo escuchaba la maldita estática, herencia de las guitarras de Thurston Moore y Lee Ranaldo. Si yo acabé con los oídos en llamas, no me quiero ni imaginar a los músicos. Tardé varios minutos en identificar los sonidos de la calle. Por un momento pensé que nunca recobraría mis capacidades auditivas. Comprendí entonces el crudo significado del concepto musical noise. Por instantes me convertí en ciudadano del ruido. No el de fondo, no al producido por la contaminación de la urbe, ni al murmullo que escuchas en una cantina, me refiero al ruido a secas.
En menor medida, pero también me ha pasado con otras bandas, en especial con aquellas que abanderan a muerte la distorsión: Dinosaur Jr, Yo la tengo o My Bloody Valentine. Aunque, para ser honestos, hace tiempo que me cuesta no creer que así se trate de un cuarteto de cuerdas, mi sentido del oído fenece un poco en cada concierto. Pero no me arrepiento. Y por supuesto que no dejaré de asistir a conciertos. Podría lamentarme por no usar tapones. Prefiero matarme. No existe nada menos rock que impedirle a la música hacer su trabajo. Y no es que me importe menos la salud de mis oídos. Por esa razón hace unas horas me acabo de practicar una audiometría.
DESDE HACE ALGUNOS AÑOS, ya ni sé cuántos, me chillan las orejas. Porque hablan mal de mí a mis espaldas, sí. Pero también de manera gratuita. Algunas veces se trata de un zumbido o un pitido,
en otras un chirrido, a veces es una pandilla de grillos haciendo bulla y nomás por no dejar, nunca falta el implacable tinnitus. Es molesto. Pero tolerable. Aprendes a vivir con él. Por suerte no es tan insoportable como para volverme loco o impedirme dormir. Por ahora. Me acompaña cuando me baño, cuando escribo, hasta cuando cojo. Los únicos momentos en que no lo percibo es cuando escucho música a todo volumen.
EL IMPLACABLE TINNITUS ME ACOMPAÑA CUANDO ME BAÑO, CUANDO ESCRIBO, HASTA CUANDO COJO
No concibo la música a un nivel bajo. Trátese del género que sea, debe sonar a tope. Y si es punk, lo que más me inserto por la vena, con más ganas. No entiendo, ni nunca comprenderé, a la gente que disfruta de la música a un volumen moderado. Prueben a escuchar Koyaanisqatsi de Philip Glass al máximo. Es una experiencia orgásmica. He pasado innumerables madrugadas hasta el moco de aceite con la oreja planchando bocina mientras suena en loop Quadrophenia o Tommy de The Who. Lo cual me ha traído problemas con los vecinos. Que han llamado a la policía. Que se han confabulado en mi contra con la casera. Pero no han conseguido obligarme a temperar el volumen. Mientras no haya bebés en este piso o en el de abajo, no voy a doblegarme.
Me realicé la audiometría por un episodio de vértigo que sufrí hace un par de semanas. La otorrino me dijo que todo está relacionado. Y tomando en cuenta que mi madre padece una sordera progresiva, ya era pertinente dejarle de hacer al micky. Me encerraron en una cápsula como de astronauta y me encajaron dos chupones en las orejas. Se comunicaban conmigo a través de un micrófono. La primera etapa de la prueba consistió en una serie de estímulos en cada extremo. Yo debía responder a cada uno de ellos oprimiendo un botón. La segunda fue reaccionar a los mismos sonidos pero con un oído tapado por la nieve que escuchábamos todos cuando se iba la señal de un canal de televisión. Y la última consistía en repetir las palabras que escuchaba a través de los auriculares.
EL RESULTADO: HIPOACUSIA neurosensorial. Pero no aguda. Producida por causa no específica. Es decir: que escucho bien pero algo ininteligiblemente. El sordo no oye, pero bien que compone, mienta el dicho. Me vino a la mente Beethoven. Nunca conoceremos la música que en realidad nació en su cabeza. Nos quedaremos con lo que entendió, nada más. Qué loco oficiar de traductor de ti mismo. Y yo que pensaba que saldría reprobado. Que me dirían que en cinco años quedaría como Tommy, el niño de la ópera de The Who... A pesar de lo mucho que he maltratado a mis oídos, me encuentro en el margen.
¿Y el tinnitus, apá? No existe un factor identificable que lo explique. Pudo ser cualquier cosa. El golpazo que me di en la nariz en 2015, por ejemplo. Pero tampoco es comprobable. ¿Que si he sentido un aceleramiento de mi sordera o de mi tinnitus a raíz de la pandemia? La verdad es que no. Sé de muchos casos de personas que perdieron la audición de alguno de sus oídos por culpa del covid. Para la mayoría fue una sordera súbita. Como si apagaran uno de sus oídos de un momento a otro como se hace con el interruptor de la luz de un patio. No es mi caso.
Lo que a mí me mortifica un poco es que además del tinnitus, me pican los oídos, me dan comezón, me duelen, pero jamás me gotean. Y la culpa es un poco de los audífonos de chícharo inalámbricos. Porque cuando uso los de diadema no sufro tanto. De lo que no tengo duda, lo sabía antes de que me lo dijeran en la audiometría, es que en un futuro tendré que usar un aparato auditivo. Espero que aguante el máximo volumen de mis audífonos Beat, con ese bajo que hace que me ardan los oídos después de usarlos.
Listening to you / I got the music // Gazing at you /
I get the heat // Following you / I climb the mountain //
I get excitement at your feet.

