La era del sueño en el fin del mundo

Este ensayo de Lamoyi muestra cómo en la mitología de los pueblos aborígenes de Australia aparece el tema del sueño como creador literario: “La Era del Sueño no surgió en Australia, pero pensar que es sólo la recopilación de la tradición y las enseñanzas de los pueblos más intrépidos y afortunados que lograron llevar a sus hijos hasta el fin del mundo, no es una hipótesis suficiente para abarcar a los auténticos palacios de la memoria en que se convirtieron los desiertos australianos.”

Man Dreaming Shield obra de Anatjari Tjakamarra.
Man Dreaming Shield obra de Anatjari Tjakamarra. Foto: Museo Nacional de Australia

ALBORES DEL TIEMPO HUMANO

La tradición literaria y el origen de la narrativa humana tienen una de sus bases en los mitos de creación de las mitologías del mundo. Éstos algunas veces nos hablan de una imaginación divina, tal como es el caso de los griegos o las religiones reveladas, otros escogen un estilo más propio de la épica siendo buenos ejemplos los mitos de Izanami e Izanagi en Japón o la saga de Odín en la región nórdica. En contraste con estas mitologías “jóvenes”, al menos dentro del marco de la experiencia humana como homo sapiens, encontramos la herencia de los grandes exploradores de la Edad de Piedra; esas tribus que utilizando el límite sus capacidades, conquistaron las aguas para llevar a los suyos más allá de la imaginación y volverse los primeros habitantes de lo que hoy conocemos como Australia.

Durante el Pleistoceno, las costas de la región eran muy diferentes dado que el nivel del mar era más bajo, y no obstante no hay evidencia de una conexión terrestre con Australia desde el archipiélago indonesio (la teoría es que la última ruta continental desde Australia fue con la Antártica hace más de cuarenta millones de años, según estudios biogeográficos recientes). Entre estas leyendas de los aborígenes encontramos posiblemente las historias más antiguas que han sobrevivido hasta nuestros días en forma de tradición oral.

Con el fin de la Era de Hielo los descendientes de estos aventureros quedaron considerablemente más aislados, convirtiéndose en una suerte de cápsula del tiempo que se incorporaría al nuevo discurrir del mundo con los colonos europeos. En contraste con los mitos a los que estamos acostumbrados, la Era del Sueño de los aborígenes australianos nos deja vislumbrar esa distante y antiquísima realidad sin límites dentro de la cual los ancestros totémicos crearon la era en la que vivimos hoy.

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Una era perdida en los albores de la conciencia humana, lo bastante distante como para poder incluir el paso del universo donde brillaban las siete hermanas y era posible admirarlas a simple vista: las Pléyades, también aludidas en la mitología griega, y la “pérdida” de una de ellas, reduciendo nuestro firmamento a la visibilidad de seis estrellas al que estamos acostumbrados (evento astronómico que se supone ocurrió hace 100 mil años). Según la cosmovisión aborigen, es la famosa historia de las siete hermanas, perseguidas por un hechicero en algunas versiones, que cambiaron las lenguas de las tierras por las que pasaban para finalmente volver al cielo desde donde brillaron a partir de entonces —lo que explica la diversidad de lenguas del mundo como también se sugiere en el mito primigenio del diluvio.

LOS “HUMANOS” DE LA ERA DEL SUEÑO

Los personajes de las historias de la Era del Sueño aparecen como humanos, y esto incluye a los animales que todavía no adoptaban las formas que nos son familiares; fueron los acontecimientos de esa era los que les llevó a tomar su forma actual en varios casos, tal como el de los primeros habitantes de esa nueva tierra, la historia de la ballena y la estrella de mar, explicada más adelante. Pero estas transformaciones no se limitan a la forma con la que conocemos a la fauna de Australia, sino también al paisaje. Según Jennifer Isaacs, autora del libro Australian Dreaming, 40,000 Years of Aboriginal History (1980), un mito particularmente ilustrativo de esto es el que narra una historia sobre dos tribus de ranas, que en sus formas humanas tuvieron una gran batalla en los campos de Jartee-Kundar, y fueron los cuerpos de los caídos los que se convirtieron en las rocas tan peculiares que caracterizan a la región.

Yumari obra de Uta Uta Tjangala.
Yumari obra de Uta Uta Tjangala. ı Foto: Museo Nacional de Australia

Esta cosmovisión abarca relatos de bestias gigantes, fauna del Pleistoceno ahora extinta, como parte de los antagonistas de los ancestros, así como volcanes activos en la zona. Los ancestros llegaron a un mundo extraordinario en una de las oleadas migratorias más importantes de la prehistoria humana. Este era un mundo nuevo que se había reiniciado con la explosión del lago Toba hace 74 mil años, un fenómeno volcánico de categoría VEI 8, la más alta de la escala, que aconteció, por supuesto, en el archipiélago de Indonesia. Estos eventos son lo bastante inusuales y destructivos como para tener un efecto climático global, y no digamos de la destrucción inmediata causada por la explosión en el área. La relación entre este evento y el impacto que tuvo en la “dispersión austral” del género humano es algo que es mejor dejar a la imaginación, pero la predilección de algunos de estos aventureros prehistóricos por las rutas costeras, su dominio de la tecnología a su disposición en forma de canoas, y su capacidad de leer el mapa de las estrellas, se va haciendo más evidente y concreta hasta destilarse en el Tiempo del Sueño de los pueblos de Australia, que va más allá de la guía que las luces de la noche pueden proveer. A la pregunta: ¿qué necesitaría un hombre de esa era para poder surcar los mares del Sur y domar a un nuevo mundo, la respuesta es la Era del Sueño.

ESTE ERA UN MUNDO NUEVO QUE SE HABÍA REINICIADO CON LA EXPLOSIÓN DEL LAGO TOBA HACE 74 MIL AÑOS, UN FENÓMENO VOLCÁNICO DE CATEGORÍA VEI 8, LA MÁS ALTA DE LA ESCALA, QUE ACONTECIÓ EN EL ARCHIPIÉLAGO DE INDONESIA

La Era del Sueño no surgió en Australia, pero pensar que es sólo la recopilación de la tradición y las enseñanzas de los pueblos más intrépidos y afortunados que lograron llevar a sus hijos hasta el fin del mundo, es sin duda una hipótesis interesante, pero no suficiente para abarcar a los auténticos palacios de la memoria en que se convirtieron los desiertos australianos —cabe resaltar que son algunos de los más inhóspitos que pueden encontrarse en la Tierra.

PALACIOS Y DESIERTOS DE LA MEMORIA

Ahora bien, es necesario aclarar que no hay una sola “religión” en el continente australiano, y que todo un firmamento de creencias conforman lo que llamamos la Era del Sueño, con puntos en común como la noción de los ancestros, uno de los más prevalentes dentro de estas sociedades. Las costas más cercanas a Indonesia fueron en teoría las primeras en ser habitadas, y sus tribus nos hablan de los primeros habitantes: la estrella de mar y otros animales bajo forma humana que, robando la canoa de la ballena-humana, lograron cruzar las aguas y llegar a destino, mientras que, la ballena hace gala de su enfado ante el robo y la pérdida cuando lanza agua por su espiráculo, rasgo que heredó su progenie. Aquí vemos una clara muestra de la concepción temporal aborigen, donde el pasado, presente y el futuro no se distinguen, y el presente es un gigantesco palacio de la memoria en el sentido de la protonemotecnia concebida por los griegos. El pasado y futuro son diferentes facetas, manifestaciones de este presente continuo, y no entidades separadas, lo cual encuentra similitudes con ciertas filosofías budistas y taoístas que hablan de cómo la nada se vuelve algo; el pasado ocurre ahora en esta Tierra del Sueño, en los desiertos de la memoria.

Por otra parte, encontramos otra vena de mitos, en este caso en el Este de Australia, que ejemplifican el tiempo continuo y simultáneo de la Era del Sueño. De acuerdo con la escritora, especialista en arte aborigen australiano, Jeniffer Isaacs, la serpiente es un motivo fundacional (es difícil distinguir entre cocodrilo o serpiente, pues son un tanto intercambiables en las leyendas y los cocodrilos más grandes del mundo son nativos de la región, pero también se equipara a las serpientes con ríos en otras historias), que creó las ceremonias rituales e inspira a los artistas. Algunas serpientes causan tal terror entre los otros seres, que animales que han sido cazados vuelven a la vida tan sólo para huir de ellas (y aquí volvemos a ver en acción la cosmovisión que abarca pasado-presente-futuro en un solo tiempo); en cambio otras serpientes traen el Monzón, que refresca lo variado de los climas de esas tierras.

En estos albores primigenios, en otras tribus encontramos cómo eran las mujeres quienes estaban investidas de la capacidad para realizar los rituales sagrados puesto que eran ellas las que controlaban las herramientas necesarias de lo cual se puede inferir una sociedad matriarcal, herramientas mismas que fueron robadas por los hombres, más por picardía que por necesidad.

Las mujeres de ese mito eran dos hermanas de gran sabiduría, que al percatarse del hurto se jactaron de la avaricia de los hombres y aceptaron dejar las ceremonias a su cuidado, puesto que las mujeres jóvenes son sagradas por naturaleza. Así se inició un cambio de un sistema matriarcal a uno patriarcal, tema de largos debates respecto al devenir de la prehistoria y la consolidación de sociedades que podríamos considerar más tradicionales.

DREAM TIME Y EL FIN DEL MUNDO

¿Cómo miramos desde nuestra perspectiva actual, plagada de distopías, caos, crisis, esta cosmovisión primigenia? Dream Time es el término que los estudiosos angloparlantes han asignado a Altjeringa de la lengua original. Para la mente imaginativa, un concepto como la era del sueño, el tiempo del ensueño, la época del sueño, proyecta un hechizo fascinante. ¿Tenía razón poética Píndaro al decir “el hombre es el sueño de una sombra”? ¿Y la conocida frase de Calderón de la Barca, susurrada por un ancestro: “que toda la vida es sueño / y los sueños, sueños son”? Se sabe de creadores que se alimentan del mundo del sueño y a quienes esas sombras les comunican un mensaje. Ahí están Sor Juana con su “Piramidal, funesta de la tierra / nacida sombra, al cielo encaminaba / de vanos obeliscos punta altiva, / escalar pretendiendo las estrellas” del Primero sueño; o Coleridge, a quien le fue revelado el poema Kublai Khan: o la visión de un sueño… ¿Acaso por ese motivo Coetzee señala que los “escritores son secretarios de lo invisible”? Así se despliega el torrente que une el mundo del sueño y el novedoso concepto del inconsciente narrativo que la neurociencia señala como nuestra capacidad innata para contar historias que le den causalidad y razón de ser a nuestro universo colectivo y personal.

UN CONCEPTO COMO LA ERA DEL SUEÑO, EL TIEMPO DEL ENSUEÑO, LA ÉPOCA DEL SUEÑO, PROYECTA UN HECHIZO FASCINANTE. ¿TENÍA RAZÓN POÉTICA PÍNDARO AL DECIR “EL HOMBRE ES EL SUEÑO DE UNA SOMBRA?

Hay tiempos remotos que de pronto eclosionan a través de la imaginación creadora, lo mismo en las historias y sagas legendarias, que en obras más contemporáneas. A veces libros extensos considerados clásicos como Alicia en el País de las maravillas de Carroll, cuyo personaje cae en la madriguera del conejo a través de un sueño; o el concepto de la memoria total en la saga de Dunas de Frank Herbert, bajo el nombre de la “Otra Memoria”. Otras veces en cuentos maravillosos como Cuando los ratones se daban la gran vida de Francisco Hinojosa, cuya temática de “érase una vez un tiempo en el que todos los animales tenían el mismo tamaño” coincide con el filme de Werner Herzog sobre unos aborígenes australianos que buscan impedir la excavación de minas de Uranio en un lugar sagrado para ellos, porque es donde “Sueñan las verdes hormigas con tiempos pasados” (1984).

Según la mitología hindú, el universo se origina en un sueño del dios Brahma. Cada vez que el ojo de la divinidad se cierra, el universo se expande y cuando parpadea el cosmos se contrae. Según ese mito, el universo es un sueño destinado a desaparecer cuando Brahma se quede más profundamente dormido, y a reaparecer cuando Brahma vuelva a soñar. Por su parte, la filósofa María Zambrano, en su luminoso libro El sueño creador (1965), nos dice que “Soñar es ya despertar. Y por ello hay un soñar que despierta la realidad aún dormida en los confines de la vigilia”.

Suena por lo menos sugerente. ¿Habitaremos de nuevo esos palacios de la memoria primordial? ¿Volveremos al tiempo del sueño para jugar a refundar el mundo?