Tememos a la violencia, al sufrimiento, sin embargo, son, están, continúan. En los espacios donde circula información, ocupan un lugar privilegiado la alarma, el dolor, el peligro. En apariencia para permitirnos conocer el estado del mundo, pero la intención va más allá. Nos cuentan historias, narrativas, desde un particular punto de vista. Cada periódico, vocero estatal, medios de comunicación digitales, redes sociales o personas, hacen una interpretación de lo ocurrido; desde sus intereses, formas de percibir y objetivos. Un individuo quizá busca ayuda o seguidores en redes sociales, los medios de comunicación: audiencia; los Estados: control.
La escritora Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura en 2015, advierte: “Es imposible afrontar la realidad de lleno, cara a cara. Entre la realidad y nosotros están nuestros sentimientos”. Alexiévich estudió periodismo en la Universidad de Minsk y lo practica desde 1967. Se propuso apresar lo inefable, lo innombrable, pero presente en el aliento de vida. Por eso, su obra periodística es poética, sublima el testimonio, quiere ser fiel, presentar: “… la calidez de la voz humana, en el vivo reflejo del pasado, donde se ocultan la alegría original y la invencible tragedia de la existencia. Su caos y su pasión. Su carácter único e inescrutable”. En ese estado puro del testimonio, anterior a cualquier tratamiento literario o noticioso, está lo humano:los sentimientos.
Svetlana se describe:

Diversa Cultural
Soy historiadora del alma. Por un lado, estudio a la persona concreta que ha vivido una época concreta y ha participado de unos acontecimientos concretos; por otro lado, quiero discernir en esa persona al ser humano eterno. La vibración de la eternidad. Lo que hay en él de inmutable.
Se considera artista, este es su método: “Escucho y escribo desde el amor para comprender, sin eso es imposible soportar tantas desgracias”. Alexiévich ha descrito su trabajo como “novelas de voces”. Presenta una constelación de hablantes: soldados, madres, enfermeras, niños, burócratas, víctimas, mujeres, hombres, y también a quienes se perciben a sí mismos como cómplices de hechos devastadores. Su polifonía no es un recurso literario es, para ella, el modo más fidedigno de contar. Hay acontecimientos donde la historia es insuficiente para entender, es el caso de la guerra, las consecuencias del uso de la tecnología, el derrumbe de un régimen y tantas cosas más. Svetlana habla de hechos de su país, pero al ir hondo en lo propio alcanza a cada ser humano.
EN SUS LIBROS MÁS FAMOSOS La guerra no tiene rostro de mujer, Voces de Chernóbil, El fin del “Homo sovieticus”, Los muchachos de zinc y Últimos testigos, cada voz tiene un léxico propio, es una cosmogonía. Cuando hablamos de nuestras tragedias, sin ser conscientes, hacemos poesía, porque las palabras se vuelven diminutas para expresar qué sentimos. Alexiévich lo sabe, toma esa lírica y la convierte en canto. En sus libros la diversidad de formas expresivas integra un coro, no son sólo voces doloridas, son emociones encarnadas en palabras, conmueven sin pretender lastimarnos. La polifonía está hecha de repeticiones, los mismos hechos se configuran de manera distinta en cada persona, así surge lo común a todos: las contradicciones,la confusión entre sentimientos propios y las fórmulas aprendidas.
Svetlana Alexiévich logra romper la realidad construida desde la intencionalidad de un régimen. Escucha sin juicio a cien-tos de personas durante años. Se presenta ante ellos con humildad, les hace sentir cuánto importan, presta atención, no interrumpe, así el dolor de cada cual aparece, se dejan ver vulnerables, frágiles y nos conmueven desde su fortaleza. Las frases quiebran al lector, Alexiévich propaga el dolor de los que no tienen voz, al leerla se desvanece el deseo de huir ante el sufrimiento. La musicalidad del lenguaje, la honestidad en cada testimonio, nos invitan a quedarnos, sólo a escuchar. Hay en sus relatos un espíritu épico soterrado: el cuerpo enfrenta la insensatez de las ideas, la conciencia, desde el sentimiento, le abre paso a la vida.
Svetlana Alexiévich nació en Bielorrusia en 1948, ha sufrido en carne propia la persecución, la proximidad de la muerte, nos regala el testimonio de su niñez para invitar a la acción:
En la biblioteca escolar, la mitad de los libros era sobre la guerra […]. No era por casualidad. Siempre habíamos estado combatiendo o preparándonos para la guerra. O recordábamos cómo habíamos combatido. Nunca hemos vivido de otra manera, debe ser que no sabemos hacerlo. No nos imaginamos cómo es vivir de otro modo, y nos llevará mucho tiempo aprenderlo.
Es urgente escuchar, escucharnos sin juicio, para aprender a vivir de otra manera. Comencemos por leer a Svetlana Alexiévich.

