Trois Mexique. El retorno de Le Clézio

Trois Mexique, de J.M.G. Le Clézio, se publicó recientemente en Francia bajo el sello Gallimard. “Allí se unen los tres Méxicos que el escritor francés saca a relucir como los prismas de la excepción de un espacio habitado por las voces y letras de Juan Rulfo, Sor Juana Inés de la Cruz y el historiador michoacano Luis González y González”, comenta Samir Delgado, autor de este ensayo, entusiasta de las ideas y la prosa de quien recibiera el Nobel en 2008

Trois Mexique. El retorno de Le Clézio
Trois Mexique. El retorno de Le Clézio Foto: Especial

Volver a los orígenes de la propia escritura es una tradición en la literatura de todas las épocas y lenguas. Autores diversos, de multitud de géneros y tendencias, acostumbran a mantener un idilio íntimo con territorios comunes o ajenos a lo largo de sus páginas. Además de la infancia, el amor y la memoria que son algunos de los temas esenciales del canon de la mirada universal, otro de los motivos que reverdeció en la modernidad como detonante de libros, sagas y bestsellers, fue el paisaje considerado como un denominador común de experiencias, de tipos psicológicos y de tramas para la indagación literaria alrededor de un país visitado, del lugar de residencia, del lugar de la tierra convertido en gabinete de escritura.

Porque también hay muchas ciudades y países que están hechos de tinta, sus estaciones del calendario llegan a ser episodios narrativos y poéticos, sus cartografías trazan el colofón de imágenes entrevistas por quien escribe el viaje, con llegada y despedida, que se convierte en el eje trascendental de mundos posibles. Por ejemplo, los diarios del invierno neoyorquino se concibieron como el libro magistral en el que Paul Austerejercitaba el recuento de las cicatrices de su cuerpo y del transcurso irremisible del tiempo en las casas recordadas donde vivió el escritor. Las travesías narrativas y poéticas de una variada nómina de exponentes de la literatura conservan esa especie deimantación duradera, con aquellos instantes aurorales de territorios visitados que se constituyen en una segunda patria.

MÉXICO HA SIDO UNO de esos puntos cardinales. La tradición cosmopolita de la escritura, desde la experiencia sensorial de la llegada foránea a territorio azteca ha recobrado fuerza como uno de los eslabones entre la modernidad y lo contemporáneo. En Oaxaca,lugar de síntesis por excelencia, se en-trecruzan los testimonios del desayunode D.H. Lawrence con los paseos del neurólogo Oliver Sacks. En el devenir de la literatura, prodigios como MexicoCity Blues de Jack Kerouac, con sus coros de poesía jazzística, desafían las propias literaturas nacionales de sus países con una interlocución extasiada ante lo mexicano, incluso los escritores españoles del exilio republicano hicieron de ambas orillas su limbo de letras, la acepción de la palabra “nepantla” es la voz náhuatl que alude a ese estar entre medias de dos sitios distintos.

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Y en la cultura francesa sucede lo mismo, por el apego a un desarraigo escogido se nutre la cosmovisión clarividente del voyage occidental, para la eclosión de un mosaico de voces y de ecos en distintas personalidades. Un surtidor de gabinetes de sensaciones que llegará a ser paradigmático en el decurso del romanticismo a la posmodernidad: Gauguin necesitó Tahití para sus confesiones en Noa Noa, el conocido síndrome de Stendhal sucedió gracias al Ponte Vecchio, más tarde Michel Houellebecq compra su billete de vacaciones a una isla atlántica de Canarias que alimentará poemas, novelas y su primera película, no muy lejos del desierto donde se estrelló el avión de Antoine de Saint-Exupéry, el accidente que propició su encuentro hipnótico con El Principito, su pequeño amigo habitante del Asteroide B-612.

En este 2026, la tradición literaria del asombro con la frontera interior de la experiencia humana bajo la dimensión telúrica y existencial del llegar, ver y escribir en México, con una suerte de diálogo de la extranjeridad que se produce tanto desde la mirada del visitante como del visitado, se ha vuelto a poner de plena actualidad, gracias a la nueva entrega editorial del Premio Nobel, J.M.G. Le Clézio (Niza, 1940) que acaba de presentarse en Francia. Una bella edición del sello Gallimard, que se titula Trois Mexique.Allí se unen los tres Méxicos que el escritor francés saca a relucir como los prismas de la excepción de un espacio habitado por las voces y letras de Juan Rulfo, Sor Juana Inés de la Cruz y el historiador michoacano Luis González y González.

Trois Mexique es un retorno del escritor galo a su enamoramiento mexicano, un hechizo duradero que traslada su génesis a un tiempo pasado, concretamente al verano de 1967, el año del asesinato del Che Guevara y de la antesala de los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México. Como muchos escritores europeos, la magia prehispánica y la identidad mestiza del pueblo mexicano actuaba como una fuerza de atracción que hacía superar los esquemas occidentales prototurísticos. Justamente, Octavio Paz atinaba a considerar aquel poder del sincretismo irradiante de la identidad nacional, en el año de su renuncia en Nueva Delhi, el país de los monzones que habitó como otro extranjero escribidor y que tuvo que abandonar tras los sucesos trágicos de Tlatelolco.

TROIS MEXIQUE ES UN RETORNO DEL ESCRITOR GALO A SU ENAMORAMIENTO MEXICANO, UN HECHIZO DURADERO QUE TRASLADA SU GÉNESIS A UN TIEMPO PASADO, CONCRETAMENTE AL VERANO DE 1967.

LE CLÉZIO LLEGÓ A MÉXICO sin haber cumplido los treinta años. En su periplo literario ya había logrado el reconocimiento temprano por su libro Le Procès-verbal, que fue seleccionado al Prix Goncourt. La fascinación, el extrañamiento y el proceso de indagación sobre lo ritual que palpita en la cotidianidad mexicana se convirtieron en los puntos de estadía perenne para los prismas de su imaginario personal. Los ojos del escritor de la Costa Azul en la Riviera francesa de los Alpes Marítimos se volcaron en la cata hermenéutica de los libros y en los grandes relatos de las tradiciones aztecas y mayas. Como antecedente primordial del interés por la exploración hacia lo desconocido en su obra literaria, se encuentra un título providencial como El éxtasis material, el volumen aparecido en ese mismo año de 1967 y con tardía edición al español en 2010 por Adriana Hidalgo Editora: los crepúsculos salvajes, la muerte, la memoria íntima que conjuga su introspección a través del material del lenguaje hacen peso en la balanza de la cosmovisión de Le Clézio, un hombre de provincias que hizo suyo el espíritu más cosmopolita de la avant-garde literaria de cualquier época en Francia.

Y es que, junto a su vínculo familiar con territorios de lo ultramarino, con la isla de Mauricio como protagonista utópica y la cercanía al nomadismo del Sahara, resultado de su matrimonio con una mujer proveniente de las tribus del desierto en Saguia el-Hamra, la mixtura de la ensoñación narrativa del escritor francés encontró en México el ligamen de su apego espiritual, una especie de nouvel oeil, ojo nuevo que se hace novela, para la detonación reflexiva de otros mundos que se trasladó a sus libros con tintero mexicano y que son la clave para entender Trois Mexique y el amor de Le Clézio al país del ombligo de la luna.

Desde sus primeras presentaciones, el novelista francés ha defendido con su testimonio singular al país que le abrió los brazos en su juventud, el lugar donde entendió otras latitudes del espíritu humano, un cosmorama de sentidos y de intuiciones que tomaron su savia de la literatura nacional y de su propia intelección como nativo del Viejo continente. Le Clézio se ha opuesto a la codificación que en medios de comunicación hace énfasis en la fatalidad de la violencia y de la corrupción en México, que aun siendo patentes por su impacto cotidiano, para él no dejan de ser una superficie más de la ontología que instituye la realidad del país. El autor de Trois Mexique aboga en su discurrir meditativo en la abundancia de las alegorías y en el crisol de culturas que constituyen la mexicanidad ancestral y contemporánea, aludiendo a la potencia de la imagen de Sor Juana en su claustro concebido como un genuino espacio de libertad, tomando en consideración con su apetito de lector a los ecos susurrantes y existenciales de la escritura de Juan Rulfo, así como la predilección por el dispositivo memorístico que late en las crónicas de Luis González y González cuando revierte la losa de la historia oficial sobre el acontecer vivo del país.

Siguiendo muy de cerca la estela de otros conciudadanos de la República de la Marsellesa, en torno a la vinculación literaria sobre México y su pluralidad ontológica, esta tradición se proyecta en los ensayos de Philippe Ollé-Laprune y de Fabienne Bradu, así como el anclaje legendario de la huella mexicana en otros muchos franceses paradigmáticos, como André Breton y Antonin Artaud. Le Clézio, viajero providencial con su cuaderno de notas en el bolsillo y la mirada desnuda para asir la energía palpitante de los paisajes que se reflejan en los lagos michoacanos, logra transitar la orografía de la literatura mexicana desde sus experiencias en la palabra pronunciada del purépecha y las clases magistrales que ofreció en su ciclo académico en El Colegio de México. Los otros Méxicos en sus libros, siempre han sido tres: la numerología de la dialéctica filosófica que integran la tesis, la antítesis y la síntesis de toda experiencia. Tres Méxicos, tres libros, así es como se conjugan los varios volúmenes excepcionales que parecen haber fraguado en el tiempo de la literatura del francés y que fueron una forma de transición hasta el presente, los precedentes de su propia mexicanidad, asumida con clamor y vehemencia.

Lago de Camécuaro, Michoacán.
Lago de Camécuaro, Michoacán. ı Foto: Especial

LE CLÉZIO PUBLICÓ EN 1988, veinte años después de su aterrizaje alucinante en la Ciudad de México, el libro El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, una edición que en español no llegaría hasta la década siguiente, en 1992, bajo la edición del Fondo de Cultura Económica. Este volumen, que aún puede hallarse en varias reediciones, es un libro de inmersión filosófica en los mitos y los cuentos populares, una disección fascinada del escritor francés que observa desde sus prismáticos el sueño del conquistador y el sol y el águila, la hechicería y los ciclos del mundo salvaje en el país que se ha convertido en el suyo propio a través del viaje, de la mirada latente, de la escritura en curso. En el libro de Le Clézio hay una génesis del pensamiento y de las formas del mundo, se pueden paladear como peyotes en el desierto todos los capítulos que revierten en una enorme clarividencia, como aquel de Nezahualcóyotl o la fiesta de la palabra, el libro nos sumerge en los magmas del imaginario cosmovisional, la escritura es urdida allí página por página, desde la condición del residente extranjero que destila nuevos licores para la literatura.

LE CLÉZIO PUBLICÓ EN 1988, VEINTE AÑOS DESPUÉS DE SU ATERRIZAJE ALUCINANTE EN LA CIUDADDE MÉXICO, EL LIBRO EL SUEÑO MEXICANO O EL PENSAMIENTO INTERRUMPIDO, UNA EDICIÓN QUE EN ESPAÑOL NO LLEGARÍA HASTA LA DÉCADA SIGUIENTE

Antes, incluso, de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura en el año 2008, uno de sus libros más sugestivos y poco conocidos fue publicado en el año 1995, Diego et Frida, por editorial Diana. Se trata de un revival narrativo sobre los hitos, circunstancias y anécdotas que fluyen en torno a la historia de amor entre la pareja de pintores más emblemática, Rivera y Kahlo, unas páginas que entrelazan episodios históricos y sentimentales alrededor del tempo vivencial de su romance emblema de una época, la de los ecos de la Revolución, el auge del muralismo pictórico y la eclosión de las subjetividades artísticas más enigmáticas de la modernidad en este lado del planeta. Y allí está el ojo nuevo del escritor francés, capaz de aprehender con su entelequia narrativa aquellos tiempos sucedidos que no pueden regresar sino a través del dispositivo de la escritura, de la transacción entre experiencia íntima y observación interpretativa, en la pupila de quien puede dar a comprender por medio de la narración, en el acto mismo de su escritura visitante, la develación de las claves y los entresijos que dan cuerpo a la materia de la cultura nacional.

Y es que la literatura de Le Clézio, viajero de los tiempos que entretejen la magia de la narración ancestral y contemporánea, ambas a la par, tiene en su periplo de palabras, frases y relatos, ese don de la ubicuidad, el ejercicio de poder transitar corazones y nubes, volcanes y mares, sueños y desesperanzas, como en el recuento memorial de los pasos de su abuelo en Voyage à Rodrigues, cuando sumerge en tinta la entrevisión de lo observado y lo sucedido, dentro de la botella lanzada al mar de sus libros dados a la vida de la lectura, con el mensaje de un mismo tiempo literario, tan magistral como provocador. Así también, ahora llega a los lectores francófonos y a la espera de una traducción al español que se convertirá en un elíxir de renovación y de recomienzo para los lectores en el idioma de Rulfo, de Sor Juana y de Luis González y González, este libro reciente titulado Trois Mexique: tres voces, tres mundos, tres países en un mismo hombre.

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