Mi colección de santos acaba de aumentar nada menos que con la estampita de John Fogerty.
Recuerdo aquella gira apócrifa que realizaron los Creedence en 2007 por México. Pura patada de ahogado. Fueron a dar hasta Gómez Palacio. Me rehusé a ir. A mí me gusta la cerveza con alcohol, los tacos con cebolla y el sexo sin protección. Sabía que la oportunidad de ver al creador del Sonido Bayou se me presentaría algún día, si es que no me explotaba antes el hígado. Diecinueve años después por fin se me hizo.
Don John pisó Ciudad Godínez el sábado pasado, pero no para reclamar la Pensión del Bienestar, para cerrar la primera jornada del Vive Latino. Al estilo Neil Young y la Promesa de lo Real, rodeado de jovencitos, como el Grandpa boy que está hecho.
Todo amante de la música, ojo, no sólo del rock, tiene una historia con los Creedence Clearwater Revival. Es una banda que logró trascender la etiqueta para insertarse de manera natural en el gusto popular. Justo lo cotorreábamos un compa y yo unos días antes. En el norte y en la frontera, en los barrios bravos, donde las pandillas de cholos son fans acérrimos de los Cridens. Ahí donde sólo rifa la cumbia colombiana, donde el código es acérrimo, de vez en cuando se cuela la playlist de CCR y nadie protesta. Junto a las rolas oldies, es lo único tolerado. En muchos sitios ni siquiera los Beatles, los Cridens han derribado las puertas de los oídos menos amaestrados. Es un fenómeno digno de un estudio sociológico.
Es una prueba de la penetración del cancionero de Fogerty. Que acaba de recuperar apenas en 2023, tras una batalla legal que duró cincuenta años. Pelea que si desgastó al viejo, no se le nota. A sus 80 parece más joven que cualquier miembro de Mötley Crüe, que tampoco está tan difícil, la verdad. Para celebrar que sus canciones volvieron a pertenecerle legalmente, porque moral y espiritualmente siempre estuvieron en nuestra mente como obra suya, sacó un disco de nuevas versiones de los clásicos de Cridens. Legacy: the Creedence Clearwater Revival years (John´s Versions) que no me prendió. El sonido está adelgazado para diferenciarse de los Cridens originales. Que eran unos cabrones, sí, pero que aportaban un sonido gordo, sucio, ese sonido pantanoso que los caracteriza.
COMO NO TODOS LOS DÍAS puedes escuchar en vivo a una leyenda de la magnitud como don John, me lancé al Vive a hacer las paces con ese adolescente que fui y que escuchó a los Cridens hasta que le sangraban los oídos. Aunque fueran esas versiones adelgazadas, a las que les falta ver más box. Pero cuál, me fui de nalgas desde los primeros acordes de “Bad Moon Rising”. No eran las versiones del disco solista, sonaban a puro y duro Cridens. No me atrevería a blasfemar y decir que suenan mejor que los originales, pero este grupo de morros, que se ve que todavía no pasa por la fase de las drogas, no le pide nada a nadie. Lejos de ser una banda de cóvers, de ser una banda cumplidora, lo que se nos ofreció esa noche fue una cátedra del jam.
Según mis cálculos, la audiencia la conformaría puro chavorruco y rucochavo con sus hijos, qué equivocado estaba. La franja de edad predominante abarcaba de los diecisiete a los treinta y tantos. Junto a mí había un veinteañero que se sabía cada una de las letras. Y las cantó todas. Y la lagrimita traidora asomó en el rostro de muchos sin pudor. Generaciones y generaciones habían esperado ese momento como la tierra en época de sequía aguarda por la lluvia. Para escuchar en vivo “Green River”, “Born on the Bayou”, “Down on the Corner”.
Algo que hace mucho no veía en un concierto de una banda de rock en vivo es que se pusieran a jamear. A inyectarle a la rola esa plasticidad que resulta de los músicos jameando entre sí. Conforme se sucedían los éxitos la energía aumentaba. Y el jamming también. La revelación de la noche fue Shane Fogerty, qué duro está para la guitarra. El morro se ve que no rompe un plato, pero estaba lejos de ser un aprendiz de su padre o un mero músico de acompañamiento.
El mismo John es también una bestia de la guitarra. A sus ochenta mil varos dio show a la Van Halen, dándole al tapping. Para que no extrañen a Steve Vai, jaja. El diálogo entre las liras de los Fogerty fue lo mejor del Vive Latino. Me atrevería a decir, y no faltará quien me pendejié, que John Fogerty se robó el Vive Latino. Su presentación fue lo mejor de la edición 2026. También hubo muchos otros grandes momentos. Pero el irrepetible se lo echó don John a la bolsa, sin asomo de frivolidad alguna. Y lo hizo con la sencillez de unas canciones complejas anidadas en corazones de todas las edades. Jubilados, adolescentes de alma vieja y prófugos del streaming.
LA CERVEZA VOLABA POR LOS AIRES y bañaba a los asistentes, nadie arrojó un dr. Simi al escenario y la gente no paraba de bailar. A lo que yo vine fue a esto, me dije, como en el meme, y me tomé mi whisky doble de hidalgo. Pocas veces me he sentido tan en comunión dentro de una masa como esa noche. Antes de que comenzara el concierto comenzó a sonar “Help” por las bocinas del escenario y todo mundo la empezó a corear. Desde ese momento supe que estaba con la gente indicada. Antes de que saliera al escenario en la pantalla principal trasmitieron un video de más de cinco minutos con Fogerty explicándonos lo que todos allí ya sabíamos. Que era el dueño y fundador de la factoría.
El audio sonó impecable. No era para menos. Si vas a llegar a los 80 roqueando, que se te escuche bien. Que la experiencia hable por sí misma.
ME LANCÉ AL VIVE A HACER LAS PACES CON ESE ADOLESCENTE QUE FUI Y QUE ESCUCHÓ A LOS CRIDENS HASTA QUE LE SANGRABAN
LOS OÍDOS.
Siendo honesto, nunca he entendido la etiqueta Sonido Bayou. Geográficamente no tiene sentido, los Cridens son de Califonia. Pero así como los rockeros ingleses hacían versiones blancas de viejos bluses, Fogerty y Cia. sintieron el llamado del sur de los Estados Unidos. Como mexicano, el Bayou no me dice nada. Por lo que siempre he considerado el sonido de Cridens como lenguaje universal. Para mí la única relevancia de la noche fue conectar en vivo con esa música que ha estado ahí desde el principio.
Para el cierre, San Fogerty soltó en cascada “Fortunate Son”, “Traveling Band” y “Proud Mary” y sentí una verdad que me parece incuestionable: Todos somos o hemos sido hijos afortunados de esta época por haber coincidido con la música de Cridens.