En una época de inédita tensión política entre México y Estados Unidos, con las amenazas de los aranceles, la captura del Mencho y los atropellos a los derechos humanos por parte de ICE, Los Lobos se presentaron gratis en el Monumento a la Revolución.
La visita no podría resultar más significativa. Si existe una agrupación que ha retratado la problemática del indocumentado ininterrumpidamente, además de los Tigres del Norte por supuesto, es la banda del Este de Los Ángeles. Hoy más indispensables que nunca.
Y como no podría ser de otra forma, abrieron suconcierto con “La venganza de los pelados”. Cuyo primer verso, “Nosotros somos los de abajo”, adquiere un nuevo significado. Los de abajo no son sólo los chicanos que han sufrido la opresión desde los sesentas. Los de abajo ahora somos literalmente quienes estamos hacia el sur en el continente. Quienes tenemos que lidiar con la locura de nuestro vecino Donald Trump.

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LA PRESENCIA DE LOS LOBOS en nuestro país ahora tenía un sabor distinto a la de su aparición pasada en el Vive Latino 2024. Era algo más que un espectáculo. Se trataba de la reafirmación de nuestra identidad en un momento en que se nos vuelve a atacar por ser mexicanos.
No existe banda más punk que Los Lobos. Se requiere de mucha actitud para cantar “nosotros somos los fregados” a estas alturas. Después de cincuenta años no se han olvidado de sus tradiciones, de su gente. Han recibido elogios de los más grandes, entre ellos Bob Dylan, a Louie Pérez y David Hidalgo los han comparado con Lennon y McCartney, han ganado premios Grammy, y, sin embargo, no se han enfundado los trajes de estrellas de rock.
Si algo trasmitían Los Lobos esa noche de festival de primavera era humildad. Los toquines callejeros poseen un aura distinta. Parecía un sueño. Verlos gratis después del Vive Latino. En unos cuantos días habían pisado la Ciudad de México dos leyendas de la música: John Fogerty y Los Lobos. No existía otro lugar mejor donde estar esa semana.
Justo un par de días antes del concierto platicaba con Ali Gua Gua sobre Los Lobos. “Grandes guitarristas”, me dijo. Y lo primero que me vino a la mente fue en el cóver que hicieron de “Tomorrow Never Knows” de The Beatles. Para mí, la versión de Los Lobos supera a la del Cuarteto de Liverpool. La grandeza de David Hidalgo será reconocida en el futuro como un pilar del instrumento. Tan imponente como Clapton u otro de esos guitarros que salen siempre en la lista de los mejores según las revistas especializadas.
MIENTRAS ESCUCHABA “LA VENGANZA DE LOS PELADOS” recordé lo que había sucedido el domingo anterior en el Vive Latino. Tom Morello le había prendido fuego a la Ciudad de México.
Pareciera que los dos conciertos no estaban relacionados entre sí, pero sí existía una conexión. Desde el que quizá fuera el escenario más pequeño, el ex Rage Against The Machine ofreció una de las actuaciones más memorables en la historia del festival.
SI ALGO TRASMITÍAN LOS LOBOS ESA NOCHE DE FESTIVAL DE PRIMAVERA ERA HUMILDAD. LOS TOQUINES CALLEJEROS POSEEN UN AURA DISTINTA.
PARECÍA UN SUEÑO
Con el puño en alto, hizo un llamado a la resistencia contra ICE. Acompañado de un trío de músicos, tocó versiones instrumentales de su banda anterior y cóvers con una carga de crítica social. En la parte trasera de su guitarra relucía la leyenda “No al fascismo”, en franca referencia a Woody Guthrie, la figura de la canción de protesta por antonomasia.
En cuanto comenzaron a sonar los primeros acordes de “Testify”, un fan vestido de réferi enseñó un pedazo de tela con las palabras mosh pit zone escritas en ella. De inmediato se abrió un hueco en el centro de la audiencia. “Si aman el rock & roll”, reclamó Tom Morellos y Pavón, “get down”. Y todo el público se agachó lo más que pudo para brincar en el siguiente estallido de la lira.
Morello lanzó consignas contra Trump mientras se armó un slam de puras morras. El réferi democratizó el mosh pit y las chavas chocaban unas contra otras. En los últimos años he estado en medio de la fábrica de moretones con distintas bandas. Pero la energía que se manejó esa anoche no la he sentido ni con IDLES. La devoción que siente la raza por Morello, pese a que RATM llevan separados 25 años, con esa interrupción que hicieron en 2011, sigue intacta. Y la devoción que Morello siente por México la demostró dejándose caer en el escenario Little Cesar.
Como no podía perdonarla, uno de los momentos estelares del setlist de Morello fue “The Ghost of Tom Joad”. Pero no sólo covereó a Bruce Springsteen. También hizo una versión de “Like a Stone” de Audioslave. Un tributo emotivo a Chris Cornell. Todos allí estábamos alucinados con nada más y nada menos que el responsable de coordinar el concierto de despedida de Ozzy Osbourne. Ahí, frente a nosotros, cantando “Power to The People” de John Lennon.
Qué pedazo de guitarrista es Tom Morello.
LOS LOBOS, AHORA EN EL MONUMENTO a la Revolución, eran una extensión del estallido vivido con el ex RATM. “Queremos dedicar esta canción a Mike Laure”, dijo César Rosas antes de arrancarse con Chuco’s Cumbia. Todo mundo se puso a bailar. Era la misma clase de éxtasis que se dio en el mosh pit días antes. Con la diferencia de que acá Rosas agitaba las maracas. Pero ese acto tenía exactamente el mismo valor que levantar el puño. Y es que más allá de la consigna, en un momento histórico como éste, en el que la cultura mexicana somos los de abajo, la catarsis es vital. Y pocas maneras de conseguir la catarsis a través de la música.
Pero así como Morello dijo que también estábamos para divertirnos y cerró su presentación con “Rock And Roll All Nite” de Kiss, acá Los Lobos prendieron a la raza con “Papa Was a Rollin’ Stone”, una infaltable de su setlist de los últimos años. Para después ponerse bien latin heart con “Oye cómo va” de Tito Puente. Y de ahí brincar a los tiempos de la revolución con “Carabina 30-30”. “Quiero dedicar esta canción al pinche Trump”, dijo César Rosas antes de comenzar. La respuesta de la raza fue corear un muy merecido “culeroooooo, culeroooo”.Para seguir con “Volver, Volver”. Y al final cerrar con “La Bamba”. Canciones que en nuestro contexto asumimos como populares, pero que al otro lado resultan contestatarias. El recordatorio para todos los de abajo, los inmigrantes que dejaron atrás sus orígenes buscando mejores condiciones de vida.
Quienes asistimos al Festival Noche de Primavera, estuvimos en algo más que en un simple concierto. Fuimos testigos de la historia. En medio del conflicto con tintes raciales, Los Lobos vinieron a recordarnos lo orgullosos que se sienten de tener sangre mexicana en las venas.

