Cristina Peri Rossi, una poética de la resistencia

La labor como traductora de Peri Rossi fue clave para difundir en español la obra de Clarice Lispector. Foto: Especial

Hemos escuchado multitud de veces: ¡la poesía salva! Gracias a ella no permanecemos atrapados en las emociones y tejemos un vínculo poderoso con los demás. La poética de Cristina Peri Rossi es así, un puente para trascender el abismo interior, el desasosiego y conciliar con la realidad. Para ella la poesía es una forma de resistencia.

Por eso habla así de su trabajo como escritora:

“¿cuál es mi casa?

¿dónde vivo?

Mi casa es la escritura

la habito como el hogar

de la hija descarriada

la pródiga

la que siempre vuelve para encontrar los rostros conocidos

el único fuego que no se extingue”

(Mi casa es la escritura, 2005)

Cristina Peri Rossi nació en 1941, en Montevideo, Uruguay, y partió al exilio en 1972, sólo contó con escasas veinticuatro horas para hacerlo. Lo dejó todo, partió con unos cuántos papeles y algunos ejemplares de sus libros publicados. Dejó atrás su biblioteca con más de tres mil libros. En su país natal se prohibió leer su obra y mencionar su nombre en medios de comunicación, se le retiró la nacionalidad. Julio Cortázar le dio refugio en Francia, pero ella decidió vivir en Barcelona, España, donde se unió a grupos antifranquistas. Ahí logró obtener una nacionalidad gracias a casarse, como ella contó: “por suerte con un hombre gay, en una ceremonia realizada por un sacerdote de izquierda”.

ERI ROSSI NO PROMETE FINALES FELICES, PERO NOS DEMUESTRA CÓMO LA VIDA SE SOSTIENEEN LO ADVERSO, GRACIASAL GOCE DE LO COTIDIANO

Ha publicado más de cuarenta libros de relatos, novela, ensayo y poesía. En 2021 se le otorgó el Premio Miguel de Cervantes de Literatura. Algunos de sus títulos de poesía son: Estrategias del deseo, Condición de mujer y Estado de exilio; sus ensayos: Cuando fumar era un placer, Julio Cortázar y Cris y Fantasías eróticas; las colecciones de cuentos: Los museos abandonados y Los amores equivocados; y las novelas: La nave de los locos, Solitario de amor, El amor es una droga dura y por supuesto su autobiografía: La insumisa.

Cristina Peri Rossi construyó su poética gracias al desplazamiento: aprovechó la sensación de intemperie del exilio, la experiencia de una identidad sin fijarse, para desarrollar una mirada ética y, desde ella, desarticula las verdades y supuestas virtudes impuestas por el poder para ejercer control. En su obra, sea poesía, narrativa, o ensayo, la poética es la vía por donde transita el deseo, el erotismo, la memoria y la ironía. La errancia desestabiliza la sensación de pertenecer a una patria, lengua, género o tradición, todo se rompe, así lo enfrenta en La nave de los locos:

En el sueño, recibía una orden. “La ciudad a la que llegues, descríbela”. Obediente, pregunté: “¿Cómo debo distinguir lo significante de lo insignificante?”.

Luego, me encontraba en un campo, separando el grano de la paja.

CONVIRTIÓ A LA ESCRITURA en supervivencia: nombrar fue un modo de no perderse en el mundo, contar historias en una vía para comprender los innumerables porqués de la vida. La infancia fue uno de sus asideros para acercarse a lo humano, dice en La Insumisa: “[…] según los biólogos, los primeros años de nuestra vida son los más inteligentes. El resto es cultura, información, adiestramiento.”

El erotismo, el deseo, para ella son formas de inteligencia sensible. El cuerpo es un instrumento para leer el mundo. Sus poemas son íntimos y a la vez una reflexión cultural. El amor, la pérdida, son experiencias límite, exponen el vacío de las convenciones de la vida cotidiana y la insuficiencia del lenguaje para describir lo vivido. Su erotismo es político, impugna, desde la descripción de sensaciones, cuestiona esa moralidad destinada a regular los cuerpos.

LA OBRA DE CRISTINA PERI ROSSI traspasa umbrales: entre países, lenguajes, géneros literarios, formas de estar y ser, nos coloca en el territorio de lo impredecible. El exilio le dio esa mirada, una posición crítica para reconocer: nada es “natural”, todo es una construcción cultural, moral, social.

Peri Rossi no promete finales felices, pero nos demuestra cómo la vida se sostiene en lo adverso, gracias al goce de lo cotidiano. El erotismo es afirmación de la vida, el cuerpo se niega a ser sólo territorio para el daño, el deseo es goce, juego, descubrimiento. Incluso, aunque el amor fracase o duela, desear es una fuerza vital. Gracias a él la esperanza no es un sentimiento abstracto, a pesar de la pérdida, es mirar, tocar, recordar, reír, inventar.

Cristina Peri Rossi nos permite sentir optimismo y dolor al unísono. Reconocer las heridas —la soledad, el miedo, el desgaste— es un respiro. Persistir es defender la sensibilidad, en eso consiste la resistencia. Enfrentar nuestra vulnerabilidad, sin endurecernos, es abrirnos al espacio limpio de lo humano.