Juan Pedro Viqueira, maestro e historiador

“Juan Pedro Viqueira (en variadas ocasiones acompañado de Willibald Sonnleitner), fue un maestro de la llamada microhistoria electoral. Su campo privilegiado fue Chiapas y nos enseñó a ver con otros ojos la compleja y cambiante realidad de aquel estado, tan maltratado por una academia y un periodismo superficiales y cargados de una simplificación maniquea” (J.W.).

Juan Pedro Viqueira (1954-2025).
Juan Pedro Viqueira (1954-2025). Foto: Especial

I.

Su conocimiento de la historia de Chiapas y su obsesión por desentrañar el rumbo y sentido de los procesos electorales, nos ofreció a lo largo del tiempo, una película capaz de aclarar las tendencias políticas fundamentales y los giros recurrentes de una realidad difícil de asir.

Sabía que el propio estado no era un monolítico (ninguno lo es) y por ello había que colocar la lupa en la muy distinta geografía e historia de la entidad para rescatar y comprender lo que se jugaba en cada elección, tanto federal como local.

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Desde las elecciones estatales para integrar la cámara local y los ayuntamientos en 1995, inmediatamente después del levantamiento zapatista y de las elecciones chiapanecas de 1994, “las más limpias que jamás hayan tenido lugar en Chiapas”, sabía que se empezaría a reflejar un nuevo fenómeno: la colonización del pluralismo de ese Congreso. 1

Cuando éstas se realizaron el 15 de octubre de 1995 realizó un breve pero detallado análisis de los resultados en los Altos de Chiapas. Constató una “brutal caída” de los votos del PRD en los municipios indígenas, resultado quizá de que Marcos había dejado en “libertad” a sus compañeros para decidir si votaban o no. Lo cierto es que el abstencionismo creció en esa región de manera mucho más pronunciada que en el resto dela entidad. 2 En aquel texto se podía leer de qué manera las decisiones políticas gravitan en los procesos y resultados electorales.

DE LAS ELECCIONES FEDERALES realizadas en Chiapas en el año 2000 veía más allá de las apariencias. Decía: cierto el PRI ganó. Labastida fue el candidato presidencial más votado en el estado, ganó las dos senadurías de mayoría y once de las doce diputaciones federales. Pero el PRI había visto decrecer su votación en términos porcentuales en cinco puntos y el voto de los jóvenes se había orientado mayoritariamente hacia la coalición PAN-PVEM, lo que presagiaba que las elecciones próximas para gobernador podían ser ganadas por la oposición. Si a ello le sumábamos que el triunfo de Fox “dejaba sin sustento federal al decrépito sistema de control” y los “cambios profundos” que se estaban viviendo entre los indígenas que al parecer habían “roto con el tradicional voto corporativo que favorecía tradicionalmente al PRI”, el futuro podía revelar sorpresas. 3

“LO CIERTO ES QUE EL ABSTENCIONISMO CRECIÓ EN ESA REGIÓN DE MANERA MUCHO MÁS PRONUNCIADA QUE EN EL RESTO DE LA ENTIDAD. EN AQUEL TEXTO SE PODÍA LEER DE QUÉ MANERA LAS DECISIONES POLÍTICAS GRAVITAN EN LOS PROCESOS Y RESULTADOS ELECTORALES

Y tal cual, como si Viqueira tuviera una bola de cristal, en las siguientes elecciones locales, el candidato de una amplia coalición opositora, Pablo Salazar Mendiguchía obtuvo una amplia victoria. Analizaba el abstencionismo, las tasas de participación más altas en el escenario rural que en las ciudades, que no chocaban con la vida comunal, la secuela de conflictos luego del alzamiento del EZLN, la apertura, así fuera inicial, de algunos municipios indígenas refractarios a la participación de los partidos, a los nuevos vientos de la contienda pluralista y cómo la automarginación del EZLN dela contienda electoral, limitaba muchas de sus posibilidades. 4

NO SE CANSÓ DE INSISTIR en que una de las principales virtudes de las elecciones era la posibilidad de decidir en paz. En las elecciones locales de 2004, junto con Willi Sonnleitner, volvió a ofrecernos un mapa de los resultados electorales y de su significado. Todos los partidos habían ganado algo. El PRI recuperó Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de Las Casas. La Alianza por Chiapas conformada por el PRD, PAN y PT, ganó en casi la mitad de los municipios, entre ellos Tapachula y Reforma, y obtuvo 19 de 40 diputaciones. El PVEM, se abría paso incrementando su votación y ganando cuatro municipios y hasta Convergencia lograba un diputado. Los neozapatistas no habían interferido en las elecciones y los comicios habían transcurrido en paz. Se empezaba a aclimatar la coexistencia de la diversidad y los fenómenos de alternancia. Pero Viqueira y Willi no dejaban de señalar los fenómenos de clientelismo e intolerancia en algunas regiones. No pintaban un cuadro idílico, sino que escudriñaban en las tendencias más generales que estaban modelando la vida política en Chiapas. 5

Al analizar las elecciones federales de 2006 en Chiapas, detectaban el avance de la coalición PRD-PT y Convergencia y el “descalabro” de la alianza PRI-PVEM. Revelaron que Manuel Velasco (PVEM), sin embargo, crecía en las preferencias de la población y sobre todo que la participación en los municipios indígenas tendía a incrementarse en esas elecciones y a decrecer en las nacionales. “Para ellos las locales son más importantes que las federales”. En este caso, al parecer, lo nacional resultaba distante y hasta quizá ajeno. 6

DE VIQUEIRA HAY QUE SUBRAYAR su anti- dogmatismo. No creía en recetas universales buenas para todo tiempo y lugar, y por ello la observación puntual de los procesos sociales era necesaria. Pero si las comunidades indígenas no lograban superar algunos de sus conflictos, las recetas de voto universal, padrón de electores, competencia entre planillas, boletas, urnas y voto secreto podían ayudar a encontrar una salida. 7

Willi y Juan Pedro detectaron con claridad cómo las identidades partidistas se difuminaban en Chiapas (aunque por supuesto no sólo ahí), que cada vez más se multiplicaba el fenómeno del salto de los precandidatos de un partido a otro, y en el caso del PVEM parecía romper con todo intento de alineamiento sostenido. En 2008 ese partido presentó candidatos a diputados en ocasiones solo, en otros con el PRI y en unos más con la coalición PRD-PT o PRD-Convergencia. ¿Un disparate? Pues no. Nuestros autores nos decían: “Lo que están buscando es crear alianzas locales de todo tipo que, en un futuro, le ayuden al joven senador Manuel Velasco a alcanzar la gubernatura del estado”. Y tal cual sucedió en 2012. 8 No se trataba de artes adivinatorias, sino de conocimiento y estudio.

Por supuesto, sería una pretensión excedida y vana siquiera intentar reconstruir en unas cuantas páginas todo lo que escribió Juan Pedro Viqueira sobre las elecciones en Chiapas. Pero lo que deseo dejar asentado es esa vocación pedagógica por explicar, más allá de los clichés que se esparcieron después de 1994, una realidad compleja, cambiante y plagada de matices.

II

Creo que esa vocación magisterial se derivaba de la construcción de un marco conceptual singular sobre el que Viqueira reflexionó y expuso con meridiana claridad.

En un breve artículo titulado “Después de Lévi-Strauss” 9 anotó:

La antropología social posee todos los elementos necesarios para convertirse en la disciplina clave… de las ciencias sociales. Su principal método de investigación (la observación participante, sistemática, cuidadosa, profunda) es el único capaz de proporcionar los elementos que permitan confrontar las hipótesis generales que elaboran las demás ciencias sociales con las experiencias y las prácticas de personas concretas, inmersas en múltiples y cambiantes redes de sociabilidad.

A primera lectura y dada la hípersensibilidad de no pocos colegas, lo asentado por Viqueira podía sonar como una provocación o peor aún como una agresión. Pero no era ni lo uno ni lo otro. Era la reivindicación del conocimiento específico de los fenómenos sociales “más allá de la propaganda política y de los juicios morales tajantes”. El trabajo de campo podía arrojar luz sobre fenómenos tan diferentes pero imbricados como las migraciones, los conflictos religiosos, la irrupción del narco y por supuesto las elecciones. Eso no quería decir que fenómenos internacionales y nacionales no gravitaran sobre las experiencias y políticas específicas en las comunidades y regiones, pero el conocimiento particular que entregaba la antropología era irremplazable.

Era un obsesionado por la singularidad de los fenómenos sociales, y por ello escribió:

Habría que aprender a desconfiar de todo concepto que pretenda tener una aplicación universal, dado que la función debería ser la de ayudarnos a distinguir con precisión fenómenos en apariencia similares en vez de subsumir todo lo existente en categorías tan amplias que terminan por perder todo significado. Cuando un concepto lo explica todo, es que ha dejado de explicar cosa alguna.

Recuerdo algunos textos de Albert O. Hirschman en el mismo sentido: cansado de generalidades que se desprendían de manera cansina de un supuesto marco conceptual omnipotente y omniabarcante, postulaba la necesidad de teorías intermedias, flexibles y capaces de reaccionar creativamente ante la riqueza de eso que llamamos realidad.

VIQUEIRA SABÍA QUE LAS IDENTIDADES que muchos invocaban como si fueran inamovibles, eran cambiantes, “múltiples y contextuales” y que las personas no eran entidades pasivas “determinadas por la cultura”, sino sujetos activos que persiguen fines concretos. Ello le permitió estudiar con sagacidad y tino lo que sucedía en Chiapas y en particular en el universo indígena. Era lo micro lo que le resultaba no sólo atractivo sino insuperable para conocer lo que en verdad estaba sucediendo.

Marcha en Chiapas a favor de Ucrania y Rusia.
Marcha en Chiapas a favor de Ucrania y Rusia. ı Foto: Especial

No es casual entonces toparse con un iluminador ensayo dedicado al pensamiento y la labor de Luis González y González titulado “Todo es microhistoria”. 10

Viqueira destacaba de don Luis haber roto con “la estrecha visión centralista” de la historia, su vocación por rescatar las “historias matrias”, su capacidad de recoger las experiencias de los pobladores de los pueblos, la mirada atenta no sólo a los acontecimientos sino a lo que los agentes “creen” y piensan sobre su realidad. Pero no lo hacía para encerrarse en lo micro, sino para tender puentes con los contextos locales y nacionales. De esa manera se construía un mural complejo pero comprensivo, alejado de las historias de bronce, simplificadoras y reduccionistas de las múltiples realidades.

Incluso, señalaba Viqueira, la microhistoria, como la tejió don Luis, contenía una veta artística. Lograba una “mirada hondamente comprensiva”, “no exenta de fina ironía”. Desarrollaba un “estilo sabroso, claro y ágil” que la hacía más que atractiva. Y creo, y no deseo exagerar, que Juan Pedro logró en sus escritos un estilo parecido, plagado de conocimiento, comprensión y en no pocas ocasiones “fina ironía”.

Se preocupó de una deriva que consideraba no sólo improductiva sino distorsionadora de las ciencias sociales. La forma en que muchos académicos reaccionaron ante el levantamiento del EZLN, generando más bien panfletos políticos en lugar de “análisis críticos y rigurosos”, dejaba una cauda perniciosa tanto para el conocimiento como para la propia política.

Escribió:

¿Para qué pueden servir las ciencias sociales, sino para enriquecer el debate infinito, con mejor información, más ejemplos y nuevos análisis?. Lo que hay que rechazar tajantemente es la cínica manipulación de la información con el fin de alimentar una causa política.

Me recordó en esos afanes un viejo artículo de Norbert Lechner (que cito de memoria) en el que varios años después del golpe de Estado de Pinochet se preguntaba por la actuación del circuito intelectual en el proceso de polarización en Chile, y con tristeza y hondura descubría que el alineamiento acrítico de muchos había sido una contribución no deseada al trágico destino del país del sur. La academia, como lo reiteró Viqueira, debe producir conocimiento y ello no es poco ni fatuo. 11

III

También incursionó en el debate político que se desarrollaba en aquella entidad con propuestas de modificaciones normativas que podían incidir en una mejor convivencia.

Buscando la reconciliación de las comunidades y la multiplicación de la participación, propuso que las elecciones federales y las locales fueran concurrentes y que en los cabildos se introdujera la representación proporcional. Lo primero tendería aabatir el abstencionismo y lo segundo a que los diferentes grupos tuvieran acceso a una representación que expresara las adhesiones recibidas en las urnas. Porque el sistema proporcional tiende a desactivar la polarización.

“INCURSIONÓ EN EL DEBATE POLÍTICO QUE SE DESARROLLABA EN LA ENTIDAD CON PROPUESTAS DE MODIFICACIONES NORMATIVAS QUE PODÍAN INCIDIR EN UNA MEJOR CONVIVENCIA

De la misma manera, buscando la reconciliación, propuso terminar con la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso local, de tal suerte que los diferentes partidos tuvieran tantos escaños como porcentaje de votos hubiesen logrado. Además, afirmó:

sería conveniente que fuerzas políticas y sociales que no forman parte de los partidos políticos pudieran hacer oír su voz y participar en la toma de decisiones legislativas teniendo diputados en el congreso local.

Una especie de candidatos independientes que sin duda podrán robustecer los mecanismos de representación.

NO LE GUSTABA LA FIGURA DEL PLEBISCITO, porque “más de un gobierno ha recurrido al plebiscito para obtener poderes extraordinarios que luego le han permitido instaurar regímenes dictatoriales”, pero valoraba el mecanismo de referéndum “ya sea de iniciativa gubernamental o popular que permiten reformas leyes y principios constitucionales a través de una consulta popular”. 12

Integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. ı Foto: Especial

E incluso antes del levantamiento neozapatista, ya había escrito sobre la necesidad de contar con un órgano electoral independiente que ofreciera a todas las fuerzas políticas garantías de imparcialidad. Eso lo argumentó al calor de una iniciativa que estaba desahogando el congreso local y que no cumplía con esa virtud. 13 Era ciertamente una reivindicación que se expresaba más allá de Chiapas, prácticamente en toda la República, que crecía y se expandía, pero que seguramente en aquel año en Chiapas sonaba por lo menos excéntrica. Viqueira decía: la designación de los principales funcionarios electorales requiere del consenso de las principales fuerzas políticas, porque “la independencia de los órganos electorales estatales es una condición indispensablepara que podamos tener elecciones limpias y transparentes”.

Abogó, como ya apuntaba, por la posibilidad de candidatos independientes para las alcaldías, para que “los múltiples grupos que componen las comunidades indígenas puedan presentar libremente y sin traba alguna sus candidatos a ocupar cargos municipales”. 14

“NO LE GUSTABA LA FIGURA DEL PLEBISCITO, PORQUE ‘MÁS DE UN GOBIERNO HA RECURRIDO AL PLEBISCITO PARA OBTENER PODERES EXTRAORDINARIOS QUE LUEGO LE HAN PERMITIDO INSTAURAR REGÍMENES DICTATORIALES’, PERO VALORABA EL MECANISMO DE REFERÉNDUM

Como es fácil observar, cuando lo pensó pertinente no se negó a participar en el debate político. Por el contrario, su conocimiento podía influir en la toma de decisiones que civilizaran la contienda política y construyeran mejores instituciones electorales y fórmulas de representación inclusivas y plurales. Pero jamás instrumentalizando la labor de la academia para hacer avanzar proyectos políticos singulares alineado a alguna fuerza política.

IV

JUAN PEDRO VIQUEIRA, como si lo anterior fuera poco, nos propuso acercarnos al universo indígena sin mitificaciones. Por supuesto desterrando los prejuicios racistas, pero también las mitificaciones que los convierten en seres excepcionales, únicos, inmodificados a lo largo del tiempo. Se trata, y da pena recordarlo, de hombres y mujeres, que al igual que el resto de los conjuntos humanos, portan virtudes y taras y son influenciados por contextos específicos, que en muchos casos es necesario transformar para alcanzar una vida mejor.

Nos recordó, por ejemplo, “la enorme diversidad social que caracterizó a los indios de la Nueva España y de Chiapas”, el papel delas élites indias en ese contexto y las que se dedicaban incluso a actividades artísticas y culturales, “las grandes desigualdades que existen hoy en las comunidades ymunicipios indígenas” o los diferendos y luchas por el poder en esas colectividades. Fue un esfuerzo sostenido por desterrar estereotipos y de comprensión de una historia y una realidad no sólo complejas sino dignas de ser valoradas en el sentido más profundo de la palabra. 15

Por ello llegó a postular que no existía “un problema indígena”. Eran y son nuestros contemporáneos, afirmaba. “Existen no porque sean genéticamente diferentes (lo somos todos), ni porque tengan una cultura distinta de la cultura nacional”.

El llamado “problema indígena” no se inventó al proclamar la igualdad de todos los mexicanos para acabar con las diferencias jurídicas creadas durante el dominio español, sino cuando se impuso la idea de que una nación tenía que ser homogénea en lengua, cultura e historia y que los únicos diferentes eran los indígenas.

La unidad nacional —nos decía— no requería homogeneidad en esos terrenos, sino una ciudadanía compartida y para ello era necesario hacerse cargo de los auténticos problemas: miseria, discriminación, educación bilingüe de pésima calidad y por ahí. 16

Mientras muchos “analistas” le dieron la espalda a Chiapas luego de unos años del levantamiento del EZLN, Viqueira siguió estudiando y documentando lo que sucedía en la entidad. Por supuesto analizó el impacto de los zapatistas en los parajes donde tenía presencia,

pero ni siquiera en el momento de mayor efervescencia política y social, los miembros, seguidores y simpatizantes del EZLN llegaron a ser mayoritarios en las regiones predominantemente indígenas en Chiapas.

Diez años después detectó realineamientos importantes, aquellos que habían abandonado al EZLN o quienes habían aprovechado su presencia para hacer avanzar reivindicaciones e intereses propios. Lo cierto es que el desempleo y las migraciones seguían siendo una constante y la falta deinversión continuaba modelando la vida de miles de compatriotas. 17

Juan Pedro Viqueira sigue entre nosotros. Su obra continúa iluminándonos. Se le extraña. Y mucho.

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NOTAS

1 Con Edmundo Henríquez, “¿Qué se juega en las elecciones de Chiapas?”, Nexos, octubre de 1995.

2 “Elecciones sin zapatistas”, Nexos, noviembre de 1995.

3 “Las elecciones en Chiapas: ¿una victoria pírrica del PRI”, Letras Libres, agosto de 2000.

4 “Chiapas: más allá del EZLN”, Letras Libres, diciembre de 2001.

5 Sonnleitner y Viqueira, “Elecciones en Chiapas: todos ganan”, Nexos, noviembre de 2001.

6 , “Chiapas a la vanguardia”, Nexos, agosto de 2006.

7 “Elecciones por usos y costumbres”, Letras Libres, julio de 2008.

8 “Elecciones en Chiapas. Las apariencias engañan”, Nexos, junio de 2008.

9 Nexos, enero de 2006.

10 Letras Libres, mayo de 2008.

11 “Una historia en construcción: teoría y práctica de los desfases”, mimeo, s/f.

12 “Reformas electorales y municipales: un camino para la reconciliación”, La Voz del Sureste, 2002.

13 “Órganos electorales independientes”, Diario de Chiapas, mayo de 1994.

14 “¿Candidatos independientes a las alcaldías?”, Diario de Chiapas, abril de 1994.

15 “Las élites indias de la Nueva España”, Nexos.

16 “La falacia indígena”, Nexos, mayo de 2006.

17 “Las comunidades indígenas de Chiapas: a diez años del levantamiento neozapatista”, Letras Libres, enero de 2004.