FOTOGRAFÍAS, CARTAS, objetos, libros, pinturas… de esto se compone un archivo personal, cosas reunidas a lo largo del tiempo que quedan como testimonio de experiencias vividas. Pero cuando estas cosas son atravesadas por la Historia se convierten en otra cosa: un acervo patrimonial, una herencia cultural que agrupa la memoria, ya no de quien las resguardó (o no solamente), sino de una comunidad, o un pueblo. Esto es lo que el público podrá conocer en la exposición Elena Poniatowska. Archivo personal, Museo del Estanquillo.
Inaugurada en el marco del 20 aniversario de este recinto, nos ofrece un recorrido que expande los límites de lo personal y familiar para develarnos una mirada tras bambalinas a los procesos periodísticos y editoriales de una de las figuras esenciales de la vida cultural de México. Así, las más de 400 piezas en exhibición dan cuenta de la prolífica producción de la escritora, al tiempo que entretejen una red de complicidades con el mismo gremio que inmortalizó en páginas de diarios, revistas y libros. Es sorprendente ver reunidas a las personalidades que desfilaron por su grabadora y constatar cómo su obra ha devenido en una memoria de la cultura mexicana, a la vez que nos permite asentar en imágenes el entramado de colaboraciones, amistades y afectos entre Elenita y los fotógrafos, escritores y periodistas más relevantes de un periodo de efervescencia pocas veces experimentada, como lo fue la segunda mitad del siglo XX. Aquí radica quizá uno de los mayores valores del acervo hoy expuesto y que será un material de inigualable valor para los historiadores futuros.
A TRAVÉS DE TRES EJES —periodismo cultural, literatura y memoria social— transitamos por los intereses de Poniatowska, un recorrido que también revela el papel de las mujeres en la prensa y los obstáculos que han enfrentado; desde sus inicios en las páginas de sociales y cultura, históricamente vinculadas a la pluma femenina, a la culminación de su vocación por hacer eco de las voces que han clamado por justicia social o denunciado abusos políticos, temas más bien reservados para los periodistas varones. Desde esta perspectiva de género, destaca el hecho de que se trate de una exposición en torno al archivo de una escritora. En ello, el Museo del Estanquillo muestra una clara intención de apostar por las contribuciones de las mujeres a la cultura mexicana que debe reconocerse y celebrarse, siendo que aún en la mayoría de los museos a nivel global quedan deudas históricas sin resarcir.
Ante estas ponderaciones que surgen al recorrer la exposición no se puede evadir la duda por el destino de los objetos ahí reunidos y la gran pérdida que significaría para el estudio de la historia cultural de México y de las mujeres que han formado parte de ésta si no encuentra un lugar adecuado de resguardo en nuestro país. La pregunta no ha escapado al debate público y es imposible no lamentarse de que nuevamente no haya una política adecuada de adquisición de archivos en nuestras instituciones, y que tampoco perviva la tradición de donación de acervos como antaño reinaba entre los creadores mexicanos. Por lo pronto, vale la pena aprovecharlo mientras esté disponible al público.

Crónica canadiense

