EL LADO B
Acá [en Montevideo] hay como un Triángulo de las Bermudas, es bravo. Es como un lado B del Río de la Plata, el otro lado, eso te come, te liquida. Si no lo sabes llevar te mata. Hay que tener cuidado con Uruguay, sobre todo si venís pensando que es como una provincia argentina pero buena, no hay corrupción, ni peronismo, se puede fumar marihuana por la calle, el paisitio donde todos son buenos y amables y esa boludez. Te descuidas y Uruguay te coge parado. Son bravos los charrúas, son mordedores [...]. Enzo, contando con los dedos me enumeró: Los rugbiers que se comieron a los amigos en el accidente de los Andes, los indios que se comieron a Solí, el tiburón [Luis] Suárez cuando lo mordió al italiano... No es casualidad. Son bravos.
Pedro Mairal, La uruguaya, Booket, 2025.
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VOLVER A LA PATRIA
Si es cierto que los únicos paraísos son los que hemos perdido, sé qué nombre darle a este algo tierno e inhumano que llevo hoy dentro. Un emigrante regresa a su patria. Y yo recuerdo. Ironía, rigidez, todo calla. Y heme aquí repatriado. No quiero andar rumiando la felicidad. Es mucho más sencillo y es mucho más fácil. Pues, de esas horas que saco fuera desde lo hondo del olvido, lo que más se ha conservado es el recuerdo intacto de una emoción en estado puro, de un instante suspendido en la eternidad. Sólo eso es verdadero en mí, y siempre me doy cuenta demasiado tarde. Nos inspira amor la caída de un ademán, la oportunidad de un árbol en el paisaje. Y para reproducir todo ese amor, no contamos sino con un detalle, pero que es suficiente: un olor a cuarto cerrado durante demasiado tiempo, el sonido singular de un paso en la carretera. Tal es mi caso. Y, si en ese momento me entregaba al amor, por fin era realmente yo, pues sólo el amor nos devuelve a nuestro ser.
[…] El mundo me envía su suspiro con un ritmo largo y me trae la indiferencia y la tranquilidad de lo que no muere. Intensos reflejos rojos hacen que ondulen en las paredes los leones. El aire refresca. Una sirena en el mar. Empiezan a girar los faros; una luz verde, una roja, una blanca. Y sigue ese hondo suspiro del mundo. Algo así como un canto secreto nace de esa indiferencia. Y heme aquí repatriado.
Albert Camus, El revés y el derecho. Discurso de Suecia, trad. María Teresa Gallego Urrutia y Miguel Salabert, Alianza, 2014.
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DOS PUERTAS
[Merano, 3 de junio de 1920] Jueves
Ya ve, Milena, estoy tumbado en la hamaca por la mañana, desnudo, medio al sol, medio a la sombra, después de una noche casi insomne; cómo iba a poder dormir, si, demasiado liviano para dormir, revoloteaba de continuo en torno a usted […] Una peculiaridad, creo yo, tenemos en común, Milena: qué tímidos y medrosos somos, casi cada carta es distinta, casi cada una se asusta de la anterior, y más aún de la carta de respuesta. Usted no lo es por naturaleza, eso se ve fácilmente, y yo, yo quizás ni siquiera lo soy por naturaleza, pero ya casi ha pasado a ser naturaleza, sólo desaparece con la desesperación y, a lo sumo, con la rabia, y, tampoco hay que olvidarlo: con el miedo.
A veces me da la impresión de que tenemos una misma habitación con dos puertas, una enfrente de otra, y cada uno sujeta el picaporte de su puerta, y con un pestañeo de uno de ellos ya está el otro detrás de su puerta, y basta que el otro diga una sola palabra y el segundo, con toda seguridad, ya ha cerrado la puerta por fuera y ha desaparecido. Abrirá otra vez la puerta, porque es una habitación que quizás no sea posible abandonar. Si el primero no fuera exactamente igual que el segundo, se habría quedado tan tranquilo, preferiría no mirar al segundo y pondría orden en la habitación como si fuera una igual que cualquier otra; en lugar de eso hace exactamente lo mismo junto a su puerta, a veces incluso están los dos detrás de sus puertas y la hermosa habitación está vacía.
Franz Kafka, Cartas a Milena, trad. Carmen Gauger, Alianza, 2016.
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UN MITO NÓRDICO
Un poema titulado Rigsthula o La canción de Rig explica el origen de los tres grandes grupos sociales de la sociedad escandinava. El dios Heimdall adoptó forma humana con el nombre de Rig. Acogiéndose a la norma de hospitalidad visitó tres casas en las que habitaban una pareja pobre, otra de riqueza media y otra rica. De la unión con la mujer pobre nació un niño al que llamaron Siervo y de él nacería toda la estirpe de esclavos. Con la segunda mujer tuvo un hijo, el Hombre libre y de él descendería todo el linaje de los hombres libres. Por último, engendró un hijo con la mujer rica al que llamaron Noble y fue el padre de todos los nobles reyes. Por esta razón al dios Heimdall también se le conoce como el “padre de todos los hombres”.
María del Mar de Ventura Fernández, Vida y costumbre de los pueblos del norte de Europa, Edimat Libros, 2007.
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SER UN JOVEN SOLDADO
Lo insignificante y lo pequeño, ahí es donde está agazapada la vida, ahí es donde anida. Son curiosas las cosas que quedan brillando al final, el último resplandor antes de la oscuridad. Ni las más importantes ni..., uno no puede anotarlas o contarlas siquiera. El cielo del recuerdo se abre para aquel minuto del crepúsculo de un día de invierno en una ciudad lejana: tengo dieciocho años y de milagro me he quedado solo por un par de minutos, atravieso el enorme patio de armas del cuartel. Un paréntesis para aquellos que nunca han sido soldados: allí no te dejan ni un minuto libre, está diseñado para que así sea. El soldado ocioso es el diablo en persona, eso es lo que dicen. Me he pasado la mañana cortando los hierbajos del patio de armas con un cortaúñas (obedecía órdenes). He transportado piedras de un montón a otro. Eso sólo antes del mediodía; después del mediodía he tenido que devolver las piedras a su lugar original. Al principio no entiendes nada, piensas que el mundo se ha vuelto loco, que eso no lo ves ni en Kafka. Has venido aquí directamente desde la literatura, te traes a Proust a escondidas en la bolsa de la máscara antigás. ¡Eh, Proust, ven aquí ahora mismo a escape! ¡Al suelo! ¡Venga, veinte flexiones!
Gospodínov, Física de la tristeza, trad. María Vútova y Andrés Barba, Fulgencio Pimentel, 2018.
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VIRTUOSISMO DEL GRABADO
“El negro cerebro de Piranesi...”, dice en alguna parte Victor Hugo. El hombre a quien pertenecía ese cerebro nació en 1720 de una de esas familias venecianas en las que convivían armoniosamente la vida artesana, las profesiones liberales y la Iglesia. Su padre —cantero—, su tío Matteo Lucchesi —ingeniero y arquitecto—, y su hermano Angelo —cartujo—, que le enseñó la historia de Roma, contribuyeron a formar los diversos aspectos de su porvenir de artista. […] En comparación con los grabadores que lo precedieron, Piranesi, en las Vistas, se halla en la posición que hoy ocupa, respecto a sus más mediocres y literales colegas, el gran fotógrafo que aplica con virtuosismo efectos de contraluz, de bruma o de crepúsculo, ángulos de vista insólitos reveladores.
“Cuando me percaté de que en Roma, la mayor parte de los monumentos antiguos yacían abandonados en campos o jardines, o bien servían de cantera para construir nuevos edificios, resolví preservar su recuerdo en mis grabados. Por lo tanto, traté de poner en ellos la mayor exactitud posible.” Hay algo ya goethiano en esta frase, en donde se afirma una modesta voluntad de ser útil. Para darse cuenta de la importancia que tuvo esta empresa de salvamento, hay que recordar que al menos un tercio de los monumentos dibujados por Piranesi han desaparecido. […] Al difundir entre el gran público el amor a las ruinas, que se limitaba, a finales del siglo XVIII, a unos cuantos artistas y poetas, la influencia de Piranesi dio el paradójico resultado de modificar la ruina misma.
Marguerite Yourcenar, A beneficio de inventario, trad. de Emma Calatayud, Alfaguara, 1995
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Las reglas del marqués de Queensberry
