FUROR TAURINO
El primer matador se ensartó el cuerno en la mano del estoque y la muchedumbre lo abucheó. El segundo matador se resbaló y el toro lo cogió en el vientre y con una mano se aferraba al cuerno y con la otra se presionaba con fuerza, y el toro lo estampó contra la barrera y el cuerno salió, y él quedó en la arena, y luego se levantó como un borracho enloquecido e intentó golpear a los hombres que se lo llevaban y pidió a gritos su estoque, pero se desmayó. El más joven salió y tuvo que matar a cinco toros pues no puede haber más de tres matadores, y para el último toro ya estaba tan cansado que no podía clavar el estoque. A duras penas levantaba el brazo. Lo intentó cinco veces y el público guardó silencio porque era un buen toro y parecía que eran o él o el toro, y al último lo logró. Se sentó en la arena y vomitó y lo taparon con un capote mientras la multitud gritaba y arrojaba cosas al ruedo.
Ernest Hemingway, en nuestro tiempo, intr. y trad. Antonio Saborit, UNAM, 2026.
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OLIVER SACKS
Uno sabe que promediando cualquier libro de Sacks empieza a producir síntomas de toda patología que él describa, daltonismo, afasia, o acatisia, igual que cuando el cine se identifica con varios personajes a la vez; pero también que el efecto cede pronto y da paso a una absorción aprensiva y atenta de lector de destinos; a una ampliación de la mirada. Como los de Dickens o los de Freud, los libros de Sacks, que en otras manos podrían ser ferias de esperpentos, están llenos de excepciones que se vuelven imborrables, modelos que determinan nuevos modos de valorar y figurar el elenco humano por los humanos. […]. En Sacks parece que, aparte de la enfermedad, el secreto sea una jovialidad clínica del narrador, y un montaje flotante de escenas que no cultiva la idea de fatalidad. Lo terrible para Sacks no es que el azar pueda hacer a los hombres esclavos o afortunados y acaso inmerecidos becarios de sus neuronas, sino que pocos vislumbren que las demás decisiones son suyas. Recordamos a los personajes de Sacks por la sensación de que en sus actos se juega algo capital. (La evocación de la libertad nos sobresalta como una picadura. Uno comprende, si hacía falta, que la decisión debería cultivarse mucho antes de cualquier suerte o desgracia. No es que haya Otro en uno mismo, un monstruo domesticado. El Otro es el cerebro.).
Marcelo Cohen, “Oliver Sacks: Neuromelodrama” en Notas sobre la literatura y el sonido de las cosas, prol. Jorge Carrión, Malpaso, 2016.
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CURIOSIDAD FEMENINA
¿Existe un sentimiento más acusado que la curiosidad femenina? ¡Oh! ¡Experimentar, conocer, tocar lo que se ha soñado! ¿Qué no haría por conseguirlo? Una mujer, cuando se ha despertado su curiosidad impaciente, cometerá cualquier locura, cualquier imprudencia, cualquier audacia, no retrocederá ante nada. Me refiero a las mujeres de verdad, dotadas de este espíritu de triple fondo que parece, en la superficie, frío y juicioso, pero que tiene sus tres compartimientos secretos llenos: uno de inquietud femenina siempre agitada; el otro de astucia disfrazada de buena fe, la astucia de las personas devotas, que es refinada y temible, y, finalmente, el último, de una encantadora bajeza, de exquisitos engaños, de deliciosa perfidia, de todas esas cualidades perversas que empujan al suicidio a los amantes estúpidamente crédulos, pero que encantan a los demás.
Guy de Maupassant, “Una aventura parisina” en Cuentos esenciales, trad. José Ramón Monreal, Random House, 2011.
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LA MOSCA DE CRONENBERG
“El film es para mí una metáfora del envejecimiento, la contracción del romance que lleva a la aniquilación de uno de los amantes. Puedo dar lástima en cuestiones románticas, crease o no. No soy tan cínico como parece. Tampoco me considero un pesimista. Pero la realidad es incontrovertible, especialmente si uno descree de la vida póstuma allí donde la pareja camina por las nubes, agarrada de las manos. Toda historia de amor debe concluir de forma trágica. Un amante muere o mueren los dos. Eso es una tragedia. Eso es el fin. Y estaba en el guion de Chuk [Charles Edward Pogue] únicamente por necesidad. Nunca fue un tema consciente o asimilado. Aunque para mí era movilizador.
David Cronenberg, Cronenberg por Cronenberg, ed. Chris Rodley, trad. Javier Mattio, El cuenco de plata, 2020.
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UNA FÁBULA SUFÍ
Un carnero, un camello y una vaca encontraron en su camino una gavilla de paja. El carnero dijo:
“Si dividimos esta gavilla en tres partes, ninguno de nosotros quedará satisfecho. Es preferible que el de más edad de nosotros tres la aproveche él solo. Porque nuestro deber es respetar a los ancianos”.
El carnero propuso que cada uno dijese su edad y empezó por él mismo:
“Yo estaba en el mismo prado que el carnero sacrificado por Abraham”.
La vaca dijo entonces:
“Yo estaba junto a Adán cuando él labraba. Pues yo era la hembra de su toro”.
A estas palabras, el camello se apoderó de la gavilla de paja y se puso a comérsela:
“De nada sirve deciros mi edad. Pues, como todo el mundo sabe, mi estatura es la prueba de mi antigüedad. Así, los cielos son más antiguos que la tierra”.
Rumi, 150 cuentos sufíes: Extraídos del Matnawi, selección de Ahmed Kudsi-Erguner y Pierre Maniez, trad. Antonio López Ruiz, Paidós, 2012.
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EL REFUGIO
Las casas son como los cuerpos. Nos apegamos a sus muros, sus techos y sus objetos, del mismo modo que a nuestros hígados, esqueletos y torrente sanguíneo. No soy ninguna belleza, no necesito que un espejo me lo haga saber; sin embargo, me aferro a este carapacho descarnado como si se tratara del cuerpo intachable de la misma Venus. Esto va también con el patio posterior y el cuartito que ocupaba entonces, mi cuerpo, los gatos, la gallina roja, todas las partes de mi cuerpo y el vacilante flujo de mi sangre. La separación de estos seres y objetos familiares era la muerte misma. No había remedio para esa espina hundida en mi corazón y en su hilillo de sangre vieja. Pero, ¿no era el viaje a Laponia con sus perros peludos una violación también de esos amados hábitos? Sin duda que sí, pero cuán diferente es una institución para viejas decrépitas.
Leonora Carrington, La trompetilla acústica, trad. Renato Rodríguez, FCE, 2019.
Vida insecta
