El texto de contraportada, un género equívoco. ¿Comprar el libro o no? He ahí el dilema

Un libro entre las manos debe tener, además de un buen autor, dos atractivos para que nos despierte la curiosidad y nos anime a leerlo: La portada y la contraportada, género singular en el mundo literario. Alejandro Toledo cuenta su experiencia en el ejercicio de este género y pregunta con ironía: “¿Cuál es la situación actual de los textos de contraportada? ¿Hay buenos redactores? A veces uno se sorprende, por lo que dicen las contraportadas de autores contemporáneos, de que ande por ahí tanto genio suelto”.

El texto de contraportada, un género equívoco. ¿Comprar el libro o no? He ahí el dilema
El texto de contraportada, un género equívoco. ¿Comprar el libro o no? He ahí el dilema Foto: Especial

Durante un tiempo, en los años noventa del siglo XX, por el poeta Marco Antonio Campos tuve el encargo de redactar textos de contraportada para títulos de distintas colecciones del Programa Editorial de la Coordinación de Humanidades de la Universidad Nacional. Se trata de un género híbrido y equívoco, a caballo entre varias situaciones: la crítica literaria y la publicidad (porque hay que atraer lectores), la información contenida en el libro (que se busca sea resumida) y una lectura personal y fresca, que a veces es posible…

El carácter usualmente anónimo de esos textos los hace parte de un proceso editorial que tiene el fin de presentar un producto de la mejor manera y ofrecerlo a los lectores. El paisaje ideal es que el “hipócrita lector” vea el libro en la mesa de novedades, se sienta atraído por la portada, lo tome en sus manos, se asome a lo que se dice en la parte de atrás… y decida. ¿Llevarlo o no llevarlo?, diría Shakespeare. De eso se trata. O: he ahí el dilema.

ALEJANDRO TOLEDO
ALEJANDRO TOLEDO ı Foto: Especial

El redactor de los textos de contraportada revisa el libro antes de ser enviado a la imprenta, saca información del prólogo, consulta otras fuentes que pueden poner dicha obra en contexto… Y redacta poco menos de una cuartilla. No tendría que ser un mero resumen, pues eso se calificaría ahora como spoiler. Pero sí debería ser algo suficientemente atractivo como para que el lector sienta como necesaria esa lectura. Algo debió aprenderse de Borges y sus prólogos, que son excelentes umbrales a autores que le entusiasmaban. Además, en mi caso se trataba de libros universitarios, no comerciales, lo que implicaba ciertas responsabilidades en cuanto a la calidad académica del paquete entero: autor, prologuista, traductor, correctores, diseñador… y al que le tocaba redactar la contraportada. Podría cometerse en alguna parte del proceso el horror de poner aquello de: “Este libro no tiene eratas”, que es leyenda urbana.

Ya Umberto Eco hizo un elogio del resumen. No se pretende aquí hacer algo similar con el texto de contraportada, sino poner el tema en la mesa. Conservo, de ese tiempo, algunos archivos digitales. Y presento aquí una breve selección. Por fortuna, en gran parte del trayecto Shakespeare nos acompaña y guía.

DAFNIS Y CLOE, DE LONGO, NUESTROS CLÁSICOS 62, CON TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE LOURDES ROJAS.

Los datos sobre su escritura son oscuros, pero el texto permanece. “Obra de tiempo y autor inciertos [... ] atribuida, quizá por error de copia, a un sofista llamado Longo”, dice, de Dafnis y Cloe, el erudito español Marcelino Menéndez y Pelayo. A esta novela erótica de fondo pastoril se le ha ubicado cronológicamente en el siglo II, aunque también se ha dicho que pudo haber sido redactada en el IV. El lugar es Grecia. Hay ecos de esa historia de amor entre dos pastores tanto en la Arcadia de Sannazaro como en el Amadís de Gaula, o, posteriormente, en el Cuento deinvierno de Shakespeare. Bernardin de Saint-Pierre la tomó de modelo para su Pablo y Virginia. Goethe alababa su composición. Entre los pintores, Corot y Marc Chagall se ocuparon de ella; entre los músicos, habría que citar a Händel, Vivaldi, Ravel y Tchaikovsky.

¿Qué tiene Dafnis y Cloe que ha seducido a tantos creadores? En lo que ocurre a los jóvenes pastores hay acaso un centro: la cautividad de los ojos. Es la mirada la que inventa el amor. “Porque ella, viendo a Dafnis desnudo por completo, cayó en la cuenta de su hermosura, y se derritió, no pudiendo censurar ninguna parte de él. Y él, viéndola con la piel de cierva y la corona de pino, cuando le alcanzaba la escudilla, pensó que veía una de las Ninfas de la gruta...”

Así, Dafnis y Cloe reconocen al otro, es decir, se reconocen en el otro; y esto los lleva a enfrentar un “mal” desconocido... “Ahora estoy enferma e ignoro cuál sea mi enfermedad. Sufro, y no tengo herida. Me aflijo, y ninguna de mis ovejas se me ha perdido. Estoy ardiendo, y en medio de tanta sombra estoy sentada.”

Dafnis y Cloe tiene su síntesis en lo que marca el proemio: es una imagen pintada, una historia de amor, construida bajo el siguiente anhelo: “Que la divinidad nos conceda escribir en nuestros cabales sobre los amores de los otros”.

LA TRAGEDIA DE MACBETH, DE WILLIAM SHAKESPEARE, NUESTROS CLÁSICOS 85.

El término “clásico” tiende a inmovilizar una obra, darle su lugar “sagrado” en el anaquel. Así ha ocurrido con muchas de las tragedias de William Shakespeare (1564-1616), sobre todo con aquellas que se han colocado en el “ánimo del público”. Tal destino ha tenido La tragedia de Macbeth (presumiblemente escrita entre 1603 y 1606). Después de todo, escribe Alfredo Michel Modenessi en el prólogo de este libro, “ésta es una obra ‘clásica’ que hemos aprendido a ‘entender’, aun cuando jamás la hayamos leído o visto en escena, conforme a una interpretación ‘universal’ de las obras del dramaturgo-poeta inglés; en otras palabras, una obra que hemos aprendido a contemplar con asombro, distancia y prudencia, como se contemplaría una pieza de museo cuyo valor —cuya verdad— residiera en la ficha que acompaña y que busca definirla de manera estable”.

A pesar de esos intentos sacralizadores, el personaje Macbeth aún representa el Mal ilimitado e inconcebible, como Macduff aún representa el agente del orden y la justicia. No obstante, tanto la riqueza de la dramaturgia y de la poesía, como la riqueza de las conversaciones que ese texto ha sostenido con decenas de miles de interlocutores a lo largo de cuatrocientos años de lectura, de escenificación y crítica, impiden que cualquier versión de Macbeth sea “el Macbeth”. En suma, el texto shakespeariano sobrevive como desafío de la certidumbre. Esto es quizá lo mejor de una nueva traducción de Shakespeare: renovadas oportunidades críticas, de amor y disensión.

LA VIDA DE TIMÓN DE ATENAS, DE WILLIAM SHAKESPEARE, NUESTROS CLÁSICOS 86.

La vida de Timón de Atenas —cuyo tema central es la ingratitud humana— pertenece a la llamada “época sombría” de William Shakespeare (1564-1616), que incluye las tragedias El Rey Lear, Macbeth, Antonio y Cleopatra, y Coriolano. Los estudiosos han fijado el año de 1608 como fecha probable de su escritura; el estreno aconteció en Dublín en 1671.

Ubicada en la era de Pericles, Siglo de oro de la Grecia clásica, esta obra poderosa, casi desconocida por los lectores de habla hispana, cuenta la historia de un filántropo rico y dadivoso que descubre tardíamente la mezquindad de sus amigos. Con un pie en la ruina, desengañado al fin, Timón repudia a todos y emprende un viaje hacia el otro extremo de la condición humana, donde encalla en la misantropía más absoluta.

Para Ted Hughes esta pieza exalta el lirismo de Timón y pudiera tratarse del poema más intenso de Shakespeare. A lo largo de los siglos, a La vida de Timón de Atenas —traducida, prologada y anotada por Marcel Sisniega— se le ha llamado fábula, alegoría, parábola, sátira o tragedia.

En sus obras Shakespeare buscaba precisar los límites de la naturaleza humana y tomaba como punto de partida la idea de Sófocles: el hombre es capaz de grandes hazañas pero a menudo se halla más cerca de las bestias. En la frecuentación de esos extremos se yergue La vida de Timón de Atenas.

Giovanni Boccaccio
Giovanni Boccaccio ı Foto: Especial

HAMLET, PRÍNCIPE DE DINAMARCA, DE WILLIAM SHAKESPEARE, NUESTROS CLÁSICOS 87.

Entre las “comedias soleadas” y las “comedias oscuras”, de William Shakespeare (1564-1616), está Hamlet (1602), que es frontera en la escritura del dramaturgo inglés. Las coordenadas de esta “tragedia de venganza” se han vuelto lugares comunes de la cultura; piénsese si no en la desconcertada ira de Hamlet, en el desasosiego de Ofelia, en la confusa reina Gertrudis y en la ambición de Claudio por obtener el reino y la mujer de su hermano... O recuérdense las palabras de Marcelo, de cita frecuente en nuestros días: “Hay algo podrido en Dinamarca”.

Advierte Federico Patán, en el prólogo de este tomo, que la imagen pública del personaje Hamlet no lo define ni lo abarca; tampoco la crítica se ha puesto de acuerdo en el mejor retrato del joven príncipe. Hamlet ha sido considerado como espejo de la locura o del titubeo desmedido ante una obligación que abarca cumplimiento. “En Hamlet ”, escribe Patán, “Shakespeare ha creado al hombre renacentista cabal, que mediante la exploración de su entorno busca responder a las cuestiones que lo angustian.” Ocurre igualmente con esta obra lo que pasa con frecuencia con el teatro de Shakespeare: a fuerza de representaciones y adaptaciones se llega a conocer al detalle la anécdota, pero en los reencuentros con el texto aparecen nuevos brillos. La escritura no es estática, va siempre un poco más allá.

El tiempo de Shakespeare y de sus obras parece ser el futuro. Como asomos a las profundidades del alma o radiografías de los poderes terrenales, sus piezas dramáticas muestran un espejo tan nítido de la naturaleza humana que proponen al lector nuevos puntos de arranque. “Que venga pues el drama y con su ayuda / la conciencia del rey veré desnuda.”

Émile Nelligan
Émile Nelligan ı Foto: Ville Montreal

VIDA NUEVA, DE DANTE ALIGHIERI, SEGUIDO DE BREVE TRATADO EN ALABANZA DE DANTE, DE GIOVANNI BOCCACCIO, NUESTROS CLÁSICOS 91.

La figura de Beatriz (identificada, a partir de las investigaciones de Boccaccio como Beatrice di Folco Portinari —1266-1290—) da sentido o dirección a dos de las obras fundamentales de Dante Alighieri (1265-1321): Vida nueva y la Comedia. El poeta florentino, sin embargo, nunca se acercó a la dama: la vio por vez primera en 1274, cuando ambos tenían nueve años, y la volvió a encontrar nueve años más tarde, sin que al parecer cruzaran palabra entre ellos. Beatriz murió el 8 de junio de 1290, y esa noticia catapultó a Dante a la escritura de su primera obra.

Por la presencia de Beatriz se ha dicho que Vita nuova, compuesta entre 1291 y 1293, sirve de preparación a la obra cumbre del florentino. El título es aviso de renovados caminos para la poesía de su tiempo: vida de amor cual jamás la vivió mortal alguno, o también: nuevo arte de entender la vida de amor. Se le ha descrito como pequeño poema, canto nuevoo novela corta con 31 poemas diseminados, libro polifónico y polivalente, de argumento plural y muchos rostros. “A las veces parece un elenco de sueños y de visiones”, apunta Francisco Montes de Oca, “ora una autobiografía lírica, ora un comentario profano a poesías místicas, ora un manual de amorosa y religiosa piedad, ora la guía para el devoto de una nueva santa.”

POR LA PRESENCIA DE BEATRIZ SE HA DICHO QUE VITA NUOVA, COMPUESTA ENTRE 1291 Y 1293, SIRVE DE PREPARACIÓNA LA OBRA CUMBRE DEL FLORENTINO. EL TÍTULO ES AVISO DE RENOVADOS CAMINOS PARA LA POESÍA DE SU TIEMPO: VIDA DE AMOR CUAL JAMÁS LA VIVIÓ MORTAL ALGUNO

En este tomo, acompaña a Vida nueva el Breve tratado en alabanza de Dante, escrito por Giovanni Boccaccio (1313-1375) entre 1357 y 1362, que es una biografía (históricamente, la primera) y un fiel retrato psicológico del poeta, proyectado sobre la pantalla de su época y de las encendidas pasiones políticas. Tal era elentusiasmo que el florentino suscitaba en el autor de El Decamerón, que en 1373, dos años antes de su muerte, Boccaccio apreció que lo nombraran lector oficial de Dante.

Charles Augustin Sainte Beuve
Charles Augustin Sainte Beuve ı Foto: Creative Commons

CONVERSACIONES CON GOETHE, DE JOHANN PETER ECKERMANN, NUESTROS CLÁSICOS 87, PRIMER TOMO.

En 1823, el joven crítico literario Johann Peter Eckermann (1792-1854) envió a Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) el manuscrito de una colección de “ensayos sobre la poesía”. Un breve acuse de recibo movió a Eckermann a viajar a Weimar para ver, aunque sólo fuese unos momentos, al escritor que más admiraba. Goethe había publicado poco tiempo atrás el Wilhelm Meister (1821); y estaba dedicado a la redacción de su autobiografía, y la escritura de la segunda parte del Fausto.

De ese primer encuentro entre Goethe y Eckermann nació una fuerte amistad, que abarcaría la última década en la vida del autor de Werther. Esa intensa relación de maestro-alumno daría frutos varios: junto con F. W. Riemer, por ejemplo, Eckermann se encargó de la edición de las obras completas de Goethe en 40 volúmenes, publicadas entre 1839 y 1840. Además, Eckermann se convirtió en secretario particular de Goethe. Por las noches tomaba apuntes de los diálogos que sostenían, a partir de lo cual redactaría años más tarde las tres series de Conversaciones con Goethe (1836-1848), que hoy se recogen en dos tomos.

“Siempre estuve necesitado de aprender”, ha escrito Eckermann, “tanto en los tiempos en que entré en contacto con aquel hombre extraordinario, como después de haber convivido con él algunos años, y en todo momento me afané en aprehender y fijar el contenido de sus palabras de suerte que pudiese retenerlo como provecho para mi vida ulterior”.

Johann Wolfgang von Goethe
Johann Wolfgang von Goethe ı Foto: Creative Commons

CONVERSACIONES CON GOETHE, DE JOHANN PETER ECKERMANN, NUESTROS CLÁSICOS 88, SEGUNDO TOMO.

El viaje de Hannover a Weimar, en busca de Goethe (1749-1832), significó para Johann Peter Eckermann (1792-1854) un encuentro definitivo. “Durante aquella marcha, penosa en muchos momentos a causa del gran calor, no me dejó ni un momento la consoladora ilusión de que me hallaba dirigido por algún espíritu propicio, como si mi decisión fuese llamada a tener importantes consecuencias en mi vida ulterior.”

Durante casi una década de convivencia diaria, esas largas conversaciones con Goethe fueron dejando en el recuerdo algunas imágenes: el frac negro moviéndose en la clara luz de la estancia; la levita marrón, la gorra de paño azul y la copa gris claro sobre las rodillas del escritor en los días de paseo en coche; las velas encendidas en su cuarto de trabajo... Mediaba entre ellos el afecto del discípulo al maestro, del hijo al padre, del falto de saber al rico en ciencia. “Sus conversaciones eran tan interesantes como sus obras. Siempre era el mismo, y siempre diferente. A menudo tenía la mente ocupada por alguna idea grande y las palabras brotaban de sus labios copiosas, inagotables.”

El invierno de Goethe era, sin embargo, triste. Había ido perdiendo, poco a poco, a los seres que amaba. “Siempre se me ha considerado como un privilegiado de la suerte”, confió a Eckermann. “No me quiero quejar, por cierto, de mi existencia, pero en el fondo no ha habido más que trabajo y dificultades y bien puedo decir que en setenta y cinco años apenas he conocido un mes de verdadera felicidad”.

William Shakespeare
William Shakespeare ı Foto: Love Books Review

TEXTOS ESCOGIDOS, DE SAINTE-BEUVE, NUESTROS CLÁSICOS 92.

A partir de 1849, en que empezó a aparecer su columna en Le Constitutionnel, en el medio literario francés los lunes se convirtieron en “el día” de Charles Augustin Sainte-Beuve (1804-1969). Para entonces sus Críticas y retratos literarios (publicados entre 1832 y 1839) habían instaurado un nuevo método crítico, y por lo mismo ya ocupaba un lugar en la Academia francesa. Los “Lundis” de Le Constitutionnel fueron desde ese momento lectura semanal imprescindible.

Aunque intentó la poesía y la narrativa, es en la crítica literaria donde el talento de Sainte-Beuve se desarrolla. Para conocer a un autor, interrogaba el ensayista acuciosamente a la persona. ¿Qué opinaban Baudelaire o Nerval de la religión? ¿De qué forma les afectaba el espectáculo de la naturaleza? ¿Qué actitud adoptaban respecto a las mujeres o al dinero? ¿Eran ricos o pobres? Para Sainte-Beuve no debía haber separación entre el hombre y la obra; y buscaba en la biografía de los creadores, en lahistoria familiar, el talento de sus escritos y la esencia de su genio.

“El método de Sainte-Beuve no es menos apreciable que su obra”, define Hippolyte Taine. “En ello ha sido un inventor. Ha incorporado a la historia moral los procedimientos de la historia natural.” Marcel Proust escribió un célebre Contra Sainte-Beuve donde cuestiona dicho método; sin embargo, el mismo Proust se detiene maravillado ante una obra crítica que no duda en calificar como magnífica, inmensa y ardiente.

Dante Alighieri
Dante Alighieri ı Foto: Especial

EL RECITAL DE LOS ÁNGELES, DE ÉMILE NELLIGAN, COLECCIÓN POEMAS Y ENSAYOS.

La poesía y la figura de Émile Nelligan (1879-1941) permanecen en el paisaje cultural de los quebequenses. Su obra renace, vivaz, una y otra vez, en un libro escolar, en el escaparate de una librería, en una ópera, en unos poemas, en una canción de rock o en una película. Esta persistencia de una escritura ha creado con el tiempo “el mito Nelligan”, que tiene en sus versos puntos de referencia muy claros: Poe, Baudelaire, Verlaine, Mallarmé, pero también se extiende a un poeta del siglo XII como Dante, o a Rodenbach, poeta flamenco del XIX.

LA POESÍA DE ÉMILE NELLIGAN MECE, CON SU MÚSICA INTERIOR, AL NÁUFRAGO DEL TUMULTO POSTINDUSTRIAL. EN SUS VERSOS LAS PALABRAS VUELVEN A SER LUZ, LOS ÁNGELES DAN UN RECITAL EN EL REGAZO PROFUNDO DEL SUEÑO HABITABLE.

La poesía de Émile Nelligan mece, con su música interior, al náufrago del tumulto post-industrial. En sus versos las palabras vuelven a ser luz, los ángeles dan un recital en el regazo profundo del sueño habitable. Para Claude Beausoleil la obra de Nelligan, de la que se recogen aquí cincuenta poemas, es una prueba de madurez y fulgor. Parecen cumplidos, pues, los anhelos del que en su juventud escribió: “Sueño con hacer versos célebres que hagan gemir las músicas mortuorias”.

TE RECOMENDAMOS:
Diversa Cultural

Google Reviews