Diversa Cultural

Diversa Cultural
Diversa Cultural Foto: Especial
Escarnio público
Escarnio público ı Foto: AXIOS

ESCARNIO PÚBLICO

La nostalgia que mueve a Make America Great Again —aparte de haber llevado a resucitar leyes del siglo XVIII que permiten deportar de forma expedita a ciudadanos de un “país agresor” ha conducido a retomar el castigo-espectáculo y a actualizarlo en plena era del algoritmo. En definitiva, está en marcha una nueva política de la crueldad: ya no basta con criminalizar al migrante, es preciso someterlo y humillarlo a la vista de todos. Se enaltece una violencia desmesurada destinada a entretener y ser emulada sin reparo. Si bien es cierto que el fascismo está ligado a un periodo histórico concreto y se ha sobreutilizado como insulto, todo este despliegue de poder y crueldad hace no sólo apropiado, sino necesario retomar el término para nombrar lo que acontece.

Me imagino a Foucault cerrando Twitter (o X) y jalándose el cuello de tortuga al ver reaparecer la vieja tradición del suplicio de las redes sociales, convertidas en una plaza de escarnio público. Por todo esto, conviene detenerse aún más en los mecanismos con los que el poder produce y pone en circulación las imágenes del castigo infligido a los cuerpos migrantes. Y es que, para los neofascistas, se trata de convertir la caza, el encierro y la deportación de aquellos que vienen de lejos en un espectáculo punitivo propio del tiempo presente.

Enrique Díaz Álvarez, Lo intolerable. Repulsión, vergüenza y responsabilidad colectiva contemporánea, Nuevos cuadernos anagrama, 2026.

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LA GRAVEDAD DEL SUEÑO

Hasta el sueño es diferente en este mundo nuevo; es más denso, oscuro, narcótico; es sumirse plenamente en sí mismo. Al despertar, Christine debe rescatar los sentidos ahogados en unas profundidades del sueño hasta entonces desconocidas: con esfuerzo, poco a poco, a empujones, como desde un pozo de garrucha insondable, se alza la conciencia sumergida. Primer afecto: una sensación indeterminada del tiempo. Lo perciben los párpados cerrados: clarea, ya debe de haber luz en la habitación, ya debe de ser de día. Y el pensamiento angustiado enseguida se aferra a esta sensación sorda y confusa que se adentra en las honduras del sueño: ¡no descuides la oficina! ¡No llegues tarde! Automáticamente se pone en marcha la cadena de pensamientos devanados desde hace años en el inconsciente: ahora mismo chirriará el despertador… o sea que nada de dormirse… deber, deber, deber… levantarse rápido, que el servicio empieza a las ocho, y antes he de poner la estufa, preparar el café, ir a buscar la leche, cambiarle el vendaje a mi madre, hacer los preparativos para el mediodía, ¿y qué más?… Algo he de hacer todavía… Pues sí, pagar a la tendera, que ayer ya me recordó la deuda… No, no recaer en el sueño, estar lista, salir de la cama no bien suene el despertador… Pero ¿hoy qué pasa? ¿Por qué espera? ¿Estará roto, habré olvidado darle cuerda?… ¿Por qué no suelta su ruido estridente, habiendo como hay luz en la habitación?

Stefan Zweig, La embriaguez de la metamorfosis, trad. Adan Kovacsics, Acantilado, 2020.

Reconocimiento del absurdo
Reconocimiento del absurdo ı Foto: Especial

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RECONOCIMIENTO DEL ABSURDO

En la poesía hay el reconocimiento, ya no formal sino práctico, en el uso del lenguaje, de lo que todos sabemos: estamos rodeados por el absurdo, rodeados por el misterio, vivimos en la antítesis, amar a alguien es también no amarlo, vivir es morirse, pensar es no poder penetrar en lo que uno piensa. Contraste permanente, oposición permanente, antítesis permanente que nos disimulamos para no enloquecer. ¿Qué tiene de raro, cuando el hombre ha roto su imagen, sus creencias, su tradición, su convivencia, que el lenguaje humano también se rompa? Porque, en último término, la poesía no es explicación de nada, como lo han visto con claridad Hölderlin, Rilke y tantos otros. La poesía, sabemos, es una experiencia. Es una especie de valor o de arrojo, consciente o inconsciente, que nos lleva a encarar y a vivir los últimos límites de las últimas cosas: las tinieblas. La poesía es lo más opuesto a la cobardía. También es la experiencia profunda del misterio, de lo inexplicable. Y entonces, si no pretende explicar, si, además, en alguna parte de ella misma supone el sentir que tal vez las cosas no tengan explicación ni coherencia, no se opone al absurdo, sino que es la mayor convergencia con él. Pero debo aclarar: no se trata de una experiencia absurda, sino de una experiencia de lo absurdo.

Roberto Juarroz, Poesía y creación. Diálogos con Guillermo Boido, Ediciones Carlos Lohlé, 1980.

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El posible cine de Artaud
El posible cine de Artaud ı Foto: Reddit

EL POSIBLE CINE DE ARTAUD

¿Qué tipo de películas le gustaría crear? Antonin Artaud: Los films fantasmagóricos, poéticos, en el sentido denso, filosófico, de la palabra, films psíquicos. Lo que no excluye ni la psicología, ni el amor, ni el esclarecimiento de ninguno de los sentimientos del hombre. Pero que sean films en los que se trituren, se mezclen, las cosas del corazón y del espíritu hasta conferirles la virtud cinematográfica que hay que buscar. El cine reclama los temas excesivos y la psicología minuciosa. Exige larapidez, pero sobre todo la repetición, la insistencia, la vuelta sobre lo mismo. El alma humana desde todos sus aspectos. En el cine todos somos [ilegible] y crueles. La superioridad de este arte y la potencia de sus leyes residen en el hecho de que su ritmo, su velocidad, su alejamiento de la vida, su aspecto ilusorio, exigen la rigurosa criba y la esencialización de todos sus elementos. Esta es la razón por la cual el cine necesita de los temas extraordinarios, los estados culminantes del alma, una atmósfera de visión. El cine es un excitante notable. Actúa directamente sobre la materia gris del cerebro.

Antonin Artaud, El cine, trad. Antonio Eceiza, Alianza, 1973.

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LA COMPLEJA SENCILLEZ DE BECKETT

[Becket conversa con Charles Juliet]: Considera que su obra tiene cosas flojas. Declara que no le gustan determinados personajes, que le parece “que no funcionan”.

—Hay algunas cosas flojas necesarias, pero otras no me las perdono.

Le pregunto cómo pasa los días y si todo lo que ha hecho le supone un auxilio real en estos instantes en los que el ser vacila siente que pierde el equilibrio.

—En esos momentos, la enfermedad me ha ayudado mucho.

Mientras se levanta para coger uno de sus libros y los coloca sobre la mesa para dedicármelo, dejo que mi mirada se pose largamente sobre él.

Su belleza. Su seriedad. Su concentración. Su sorprendente timidez. La densidad de sus silencios. La intensidad con la que hace existir lo invisible.

Pienso que, si resulta tan impresionante, evidentemente es debido a que se nota que lo es, pero también, y sobre todo, a su absoluta sencillez. Una sencillez de comportamiento, de pensamiento, de expresión. Seguramente, alguien muy diferente. Un hombre superior. Quiero decir: un hombre humilde, sujeto a la intimidad de una permanente pregunta sobre lo fundamental. De pronto, esta evidencia: Beckett, el inconsolable.

Charles Juliet, Encuentros con Samuel Beckett, trad. Julia Escobar, Biblioteca de ensayo, Siruela, 2006.

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Las calles de Goya
Las calles de Goya ı Foto: Especial

LAS CALLES DE GOYA

Los extraordinarios encuentros en la calle. Las cosas que se ven. Las palabras que se escuchan. Las tragedias que se llegan a conocer. Y de pronto, la calle, la calle lisa y que parecía destinada a ser una arteria de tráfico con veredas para los hombres y calzada para las bestias y los carros, se convierte en un escaparate, mejor dicho, en un escenario grotesco y espantoso donde, como en los cartones de Goya, los endemoniados, los ahorcados, los embrujados, los enloquecidos, danzan su zarabanda infernal.

Porque, en realidad ¿qué fue Goya, sino un pintor de las calles de España? Goya, como pintor de tres aristócratas zampatortas, no interesa. Pero Goya, como animador de la canalla de Moncloa, de las brujas de Sierra Divieso, de los bigardos monstruosos, es un genio. Y un genio que da miedo.

Y todo eso lo vio vagabundeando por las calles.

Roberto Arlt, Aguafuertes porteñas, Clásicos B, 2017.


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