En el corazón de la duda, de Jaime García Chávez

“Al leer el libro de Jaime García Chávez En el corazón de la duda (Mubis, 2026) recordé aquellos teatros de revista en los cuales coincidían en el escenario cantantes, bailarinas, payasos, malabaristas, músicos. Una variedad colorida para todos los gustos. El autor ha reunido una serie de artículos que ofrece una baraja ajena a la frivolidad del teatro de revista, pero más que pertinente para los tiempos políticos que corren no sólo en nuestro país, pero también en él”. Así presenta José Woldenberg esta novedad editorial.

En el corazón de la duda, de Jaime García Chávez
En el corazón de la duda, de Jaime García Chávez Foto: Especial

Los textos de este libro develan a un autor preocupado por la política, pero capaz de ir mucho más allá. Se trata de un lector sistemático, de un frecuentador de muy diversas manifestaciones artísticas, de un memorioso que se esfuerza para que el pasado no se desvanezca y que también es capaz de ajustar cuentas con su propio pasado. Es una fórmula para recargar a la política con los necesarios insumos de la cultura y las artes, porque sin ellos tiende a ser autorreferente y a secarse al comprimir su horizonte.

En el corazón de la duda puede verse como una invitación a frecuentar libros, autores, temas y episodios que han dejado su huella en el autor. Una invitación a ampliar el campo de visión, a trascender la hiperespecialización que marca nuestro presente, a recuperar la complejidad de la existencia y las múltiples manifestaciones que la modelan.

“EN EL CORAZÓN DE LA DUDA PUEDE VERSE COMO UNA INVITACIÓNA FRECUENTAR LIBROS, AUTORES, TEMAS Y EPISODIOS QUE HAN DEJADO SU HUELLA EN EL AUTOR

El autor se presenta al cumplir 80 años. Con breves pinceladas se coloca en el contexto del periodo posterior a la segunda Guerra Mundial, exhibe a sus padres y familia, a sus maestros y maestras y nos informa que “cree en la libertad y busca la equidad social”. Se consideró un revolucionario, pero entiendo que ahora está comprometido con una política que no pretende refundar desde cero la vida social. Sería incapaz de glosar siquiera la riqueza del libro, por lo que solamente haré unos apuntes sobre temas que me parecieron sobresalientes y que quizá sean también una invitación a acercarse al libro.

1. Escribe: “es importante leer a quienes no piensan igual a uno mismo”. Y esa es una línea que atraviesa sus muy diversos acercamientos a autores con los que no coincide o no coincide del todo pero quele permiten recrear la tensa relación existente entre conocimiento y eso quellamamos realidad. Creer que, en materia de relaciones sociales, de poder, económicas o culturales existe una sola verdad no puede sino acarrear fanatismo e intolerancia y su cauda terrible de persecución y opresión. García Chávez, por el contrario, es capaz de valorar e incluso asimilar a autores que se encuentran en contraposición a sus convicciones y extraer lecciones no sólo pertinentes sino sustantivas.

2. Dada su trayectoria, me parece relevante su crítica a lo que fue la Unión Soviética. Escribe que, en efecto, “Rusia era un país atrasado económicamente y padecía con el imperio zarista una especie de régimen policiaco que hacía imposible tener un partido legal, abierto, a la vista de todos”. Por ello, afirma, Leninconstruyó un “partido conspirativo”, dirigió “un golpe de Estado” y “un hecho marcó la historia: la disolución de la Asamblea Constituyente y la proscripción de los partidos políticos, base sobre la cual después se estableció el totalitarismo, el régimen de partido de estado único…”.

Se trata de un ajuste de cuentas que por desgracia no ha hecho la izquierda en muchas latitudes. La idea de que para hacer avanzar la igualdad era necesario suprimir todas las libertades sigue latiendo en más de un continente, y parecería que la experiencia histórica simple y llanamente es desechada. Porque lo que hemos observado en Cuba, Venezuela y Nicaragua (para sólo colocar ejemplos en nuestro continente) devela que cuando una fuerza política gobernante se cree poseedora de la virtud y se considera la única capaz de hacer realidad la justicia social, y por ello suprime las libertades, lo que realmente edifica es un Estado dictatorial. Porque sin las libertades fundamentales (asociación, expresión, prensa, manifestación) quien gobierna se convierte en el carcelero de los ciudadanos.

3. Y aquí hago una pequeña digresión. Creo que vale la pena distinguir entre los comunistas que ejercieron el poder y aquellos que se movilizaron en países no comunistas o abiertamente anticomunistas. Los primeros fueron parte y ejercitaron un poder despótico, criminal. Los segundos se encandilaron con el experimento soviético (y eso es digno de crítica), pero en muchos casos contribuyeron y de manera destacada en defender la República (como en el caso español) y abrir cauce a la democracia (como en nuestro país).

4. García Chávez hace reseñas de autores o artistas que no conozco, pero que se antoja leer o visitar su obra. Ejemplos: no he leído a Jenny Erpenbeck y no conozco las pinturas de Patricia Márquez, pero los ensayos en el libro resultan un acicate para acercarse a ellos. Y eso es uno de sus valores. Nadie puede pretender abarcarlo todo, pero siempre son necesarias voces que nos guíen en el abultado y contradictorio universo de las artes y la cultura. Esa no es una virtud menor del libro.

5. El autor también se acerca a un fenómeno de apremiante actualidad: la inteligencia artificial, que está transformando las relaciones del hombre con esa nueva realidad tecnológica, que inaugura como escribe García Chávez una nueva relación “entre seres humanos y agentes no humanos”. No tengo mucho que decir, más bien tengo mucho que leer, para comentar algo medianamente significativo. Pero observo una realidad que el género humano nunca había vivido: durante siglos, las innovaciones tecnológicas tendieron a desplazar el trabajo físico, pero ahora la IA lo que está desplazando es el trabajo intelectual, con todo lo que eso conlleva.

6. A lo largo de muy diferentes ensayos, García Chávez realiza apuntes críticos sobre nuestros dos últimos gobiernos. Aquí y allá aparecen notas, analogías, comentarios. Y creo que no podía ser de otra manera. México fue capaz de construir una germinal democracia. Fue un proceso largo, zigzagueante, complejo, pero que derivó en fenómenos de alternancia en los diferentes niveles de gobierno, en Congresos en los cuales la diversidad política estaba obligada a escuchar y negociar, en una Corte que se convirtió en un auténtico Tribunal Constitucional, en una ampliación de las libertades, en un equilibrio de poderes, en la emergencia de una vigorosa y contradictoria sociedad civil. Pues bien, desde hace ocho años hemos visto que nada de eso es valorado por quienes ahora gobiernan y han dado pasos sistemáticos por destruir esas novedades venturosas. Los análisis y alertas que se encuentran en el libro ojalá se tomaran en cuenta.

7. Un mérito no menor son las estampas no exentas de humor, como el diálogo que sostuvo José Agustín con un funcionario del Palacio de Bellas Artes cuando el primero se negó a realizar su conferencia programada porque ese mismo día se llevaba a cabo la Manifestación del Silencio en 1968. Se trata de una estampa elocuente que recrea el ambiente tenso y ominoso de aquel año junto con el espíritu rebelde de los estudiantes, pero con un toque lúdico como de vodevil.

8. Las notas sobre conciertos o películas nos ofrecen a un autor que se alimenta del aliento de la Ilustración, de la pasión por no dejar de nutrirse y consignar todo aquello que sostiene y enriquece la vida. Quizá esos resortes se encuentran bien aceitados porque, nos habla el autor del “inolvidable cácaro del Cine Alcázar de Camargo, Carlos García Delgado, mi padre, que por más de medio siglo le dio cine a mi pueblo”. Honor a quien honor merece.

9. Cuando García Chávez escribe sobre John Gray y Thomas Hobbes nos recuerda “el arte de la política para coexistir”. Ciertamente el segundo, en el siglo XVII, advirtió que para trascender el Estado de naturaleza, la lucha de todos contra todos, era necesario un compromiso, un contrato social, “para crear una persona artificial (el Estado), que, en calidad de soberano, ejerciera el gobierno”. En su momento, esa noción llegó incluso a legitimar a los Estados absolutos y hoy, el autor vislumbra que “los Estados de este siglo se están convirtiendo en nuevos leviatanes… a partir de considerar que los hombres son ingobernables”. Por ello, digo yo, es necesario rescatar la herencia del liberalismo que intenta regular el poder, dividirlo, vigilarlo, y refuerza los derechos de los ciudadanos. Ningún exorcismo logrará eliminar las instituciones estatales ni la división entre gobernantes y gobernados, pero la relación entre estos últimos debe estar normada para que los ciudadanos puedan vivir seguros y ejerciendo sus libertades.

10. La nota sobre la biografía de Koestlermerece atención especial. Quizá se trata del autor más expresivo del siglo XX o por lo menos el que a mí me marcó. Periodista, aventurero, militante, fue sionista y antisionista, comunista y anticomunista, peleó del lado de la República en la Guerra Civil española y estuvo preso por ello, pero sobre todo fue un intelectual que se reveló contra las corrientes fundamentales de su época. No fue casual que tanto bajo el régimen de Hitler como bajo el de Stalin sus libros fueran arrojados a la hoguera. Su libro El cero y el infinito, para mí un clásico, sobre las purgas estalinistas, perturba porque devela una hipótesis muy al estilo del autor: cómo las víctimas hacían suyos los marcos valorativos y los prejuicios de sus verdugos.

11. El recuerdo y recreación de los principios de la Revolución Francesa siguen teniendo una enorme pertinencia nos dice García Chávez. Y es cierto. Aunque sólo fuera por su aliento ilustrado y por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano habría que revisitarla. En tiempos oscurantistas, de posverdades, de “verdades” a modo, recuperar el impacto civilizador de la razón, la ciencia y el conocimiento parece imprescindible si deseamos una convivencia medianamente racional. Y los derechos de los ciudadanos, en épocas de déspotas de todos los colores y sabores, deben ser reivindicados para evitar la opresión y el despotismo que se reproducen por doquier.

“EN TIEMPOS OSCURANTISTAS, DE POSVERDADES, DE ‘VERDADES’ A MODO, RECUPERAR EL IMPACTO CIVILIZADOR DE LA RAZÓN, LA CIENCIA Y EL CONOCIMIENTO PARECE IMPRESCINDIBLE SI DESEAMOS UNA CONVIVENCIA MEDIANAMENTE RACIONAL

12. Creo leer en las páginas de García Chávez un intento por inyectarle civilidad a nuestra convivencia política. El recuerdo de Francisco Barrio, con sus convergencias y divergencias, ilustra lo que acabo de escribir. Hay comprensión, respeto y por momentos hasta admiración por una trayectoria que logró no sólo impulsar sino hacer realidad la democracia. Y todo ello a pesar de que entre García Chávez y Barrio existieron enormes diferencias. Escribe: “Mantuve una respetuosa amistad con Barrio. Las grandes cosas surgen del diálogo”. La despedida entre ambos, recreada en el libro, resulta cálida y ejemplar, máxime en un ambiente enrarecido sobrecargado de epítetos y descalificaciones a la carta.

13. El ensayo sobre Revueltas es ilustrativo y le permite a García Chávez reivindicar y tratar de anudar dos grandes tradiciones: la del socialismo y la del liberalismo. Escribe: “sostengo que cuando liberalismo y socialismo se empeñan en una pugna, pierden ambos. ¿Acaso no se requiere una síntesis, con hondas raíces históricas en México, para abordar este tema?” Y en efecto, cuando desde el socialismo se niega el estratégico aporte del liberalismo, invariablemente se desliza hacia el autoritarismo, la dictadura o el totalitarismo. Y cuando desde el liberalismo se le da la espalda a la “cuestión social”, la desembocadura no es otra que una sociedad profundamente escindida, marcadamente desigual, injusta. Hace casi cien años, Carlo Roselli planteó esa fusión y fue asesinado en Francia por los fascistas. Valdría la pena recuperarlo.

En el corazón de la duda, de Jaime García Chávez
En el corazón de la duda, de Jaime García Chávez ı Foto: Especial

14. Y bueno, es justo también decir que no comparto todas sus valoraciones. Sólo un ejemplo. Sobre Emmanuel Carrère, autor que a mí me ha deslumbrado en distintos momentos, García Chávez dice que Yoga es su mejor obra, mientras a mí se me cayó de las manos, no la pude terminar. El adversario, Limónov, Koljós o V13 me parecen muy superiores. Pero como suele decirse, en gustos se rompen géneros.

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