Los que nunca aparecerán en mi columna

El corrido del eterno retorno

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Los que nunca aparecerán en mi columnaFuente: dailymail.co.uk
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LADY ZIPLOC

También conocida como Lady Bolsitas, los apodos se deben a su afición por la cocaína, es capaz de detectar la existencia de polvo en una habitación desde el primer segundo. Es un depredador que si lo permites se aspira cualquier gramo al menor descuido. El terror de las fiestas. Deambula como un sabueso hasta toparse con el incauto que cometerá el error de compartirle un pase. Entonces el baño se convertirá en su ecosistema preferido. A partir de aquel momento todo vendrá cuesta abajo. Pedirá (y en algunos casos exigirá) que el flujo de coca hacia su nariz no se detenga nunca. Y pobre de aquel a quien se le ocurra tratar de escondérsele. Lo perseguirá toda la noche hasta que le mate el gramo. Entonces buscará otra víctima que vampirizar. En casos extremos es capaz incluso de proponer intercambios con tal de seguir consumiendo coca. Se le ha visto en varias fiestas clamando a grito pelado: “Cambio tachas por perico, cambio tachas por perico”, mientras agita en el aire las pastillas.

EL YONQUI DE ATENCIÓN EN TWITTER

Se caracteriza por estar on line siempre. Está amargado y a todo mundo le tira. No existe discusión que le quede chica. Es experto en epidemiología, en política y en general en cualquier controversia. Es incapaz de utilizar su tiempo en otra cosa que no sea pelearse en las redes sociales. Un día amanece con el temple de Denise Dresser y otro con el carácter de Andrés Oppenheimer. Posee la superioridad moral del que siempre tiene la razón. Si alguien se atreve a cuestionarlo, entonces detrás de toda cuenta existe un bot al servicio de algún poder ulterior. Eso sí, si alguna de sus opiniones no genera ningún tipo de reacción cae en pánico. Y de inmediato escribe un tuit que haga olvidar al anterior. Es adicto al like. Entre más obtenga más estrellitas se puede pegar en la frente. Si antes de la cuarentena no tenía vida fuera de las redes sociales, ahora menos.

EL HDSPM QUE NO USA TAPABOCAS

Es el mismo puñetas que no guarda sana distancia. Que se te repega en la caja del súper. No respeta género o edad. Puede ser desde un güey que se cree muy machote hasta una viejita de 72 años que ya le urge morirse pero no se atreve a aventarse a las vías del metro. Los mismos que abarrotaron las playas este verano fatal. Ya sea porque el Covid no existe o porque según ellos el tapabocas no impide que te contagies o simplemente porque es bastante incómodo, pertenecen todos a los grupos de riesgo. Y pese a que muchos de ellos ya conocen a una persona que murió por complicaciones debido al Covid, insisten en que es un invento del gobierno, que esas personas en realidad murieron de otra cosa. Y si llegan a usarlo se lo colocan en la papada. O no les cubre la nariz. Su actividad favorita es salir a actividades no esenciales. No digamos a trabajar. Salen a aglomerarse cada fin de semana en una fiesta en alguna casa. Al cabo de algo nos vamos a morir.

No existe nada más triste en estos tiempos que
una peda virtual

EL ORGANIZADOR DE PEDAS POR ZOOM

Todos tenemos el típico amigo o amiga malacopa que es incapaz de ponerse una peda de buró y anda convocando a borracheras virtuales. Es la clásica persona a la que antes de la cuarentena siempre le sacabas la vuelta. Sabes que cada salida termina hasta el ano y tienes que soportarla hasta que se queda dormida(o), en algunos casos hasta que no puede más y hace falta que le pidas un Uber. Cuando por fin el milagro sucede. Estas personas no entienden que no existe nada más triste en estos tiempos de pandemia que una peda virtual. Entiendo la necesidad de contacto, pero ver a una persona prepararse un trago y sentarse frente a una pantalla es la cosa más anticlimática. Ese tipo de socialización es tan pero tan aburrida como ver las carreras de caballos por televisión. Pobre de esta gente no alcanza a entenderlo. Por eso no existe mejor bendición sobre la Tierra que tener la capacidad de beber sin compañía.

EL FAN-HATER

Es un espécimen, casi siempre otro escritor, que compra tu libro y te alaba en Twitter. Para después mandarte mensajes por DM invitándote a pistear. Como no aceptas, a él le vale madre si tienes que cuidar a tu hija, acabar un texto o whatever, pasa del amor al odio en dos segundos. A partir de entonces se vuelve tu crítico más acérrimo. Todos tus libros son mierda. Y no existe tuit que no aproveche para tirarte caca.

  • * Juego en referencia al cuento de John Cheever, “Miscelánea de personajes que no figurarán”.