La ira solo es un slogan

La ira solo es un slogan
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Con el anuncio de su reunión, Rage Against The Machine consiguió el billete de oro de Willy Wonka. De aquellos años en que cantaban anger is a gift sólo quedó el slogan. Las entradas para la gira de regreso se pusieron a la venta el 13 de febrero. Mi intención era asistir al concierto en El Paso, Texas. Seguí los pasos que requería el protocolo de Ticketmaster. Ingresé a mi cuenta diez minutos antes de las 12, hora del centro de México, y se me puso en fila de espera. Delante de mí había 1,800 y pico de usuarios tratando de comprar boletos. Cuando conseguí acceder a la venta se habían agotado. De inmediato chequé los precios en la reventa. En Stubhub alcanzaban los 400 dólares y en Seatgeek los 300.

¿Pagar 400 dólares por un grupo que gritaba, que clamaba libertad, que en sus inicios invitaba a la resistencia, a solidarizarse con los oprimidos? Fue un cachetadón que me regresó a la realidad. La presencia de RATM se hizo más necesaria que nunca con el ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Sin embargo, el grupo no salió a proclamarse con conciertos gratuitos a lo largo de la frontera entre México y el gabacho. Guardó silencio. Una de las bandas contestatarias por antonomasia del rock le dio la espalda a un momento político crucial.

Su reincorporación a los escenarios podría interpretarse como un nuevo alarido de guerra, pero el 13 de febrero quedó claro que vienen por el dinero de los fans de manera descarada. Pusieron un tope democrático de precios. Todas las localidades costaban lo mismo: 125 dólares. Pocos fans de a pie consiguieron pagar esta suma. Pero el sistema privilegió la reventa, que en Estados Unidos es legal, hay que aclararlo. Cuarenta y ocho horas después, una nota en circulación alardeaba que RATM había mantenido a raya al capitalismo al conseguir que las entradas no se elevaran más de 300 dólares. Esto, en México y en cualquier parte del mundo, es una vil mentada de madre. Una burla.

"el 13 de febrero quedó claro que Rage Against The Machine viene por el dinero de los fans".

Durante los primeros años de los noventa, RATM cobró un significado especial. Su discurso, el nombre de la banda —Furia Contra el Sistema, en español—, su simpatía por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, los ubicaba como un grupo de radicales que llamaban a la lucha desde la música. Militaras o no con todo lo que la estrella roja implicaba, la banda transpiraba conciencia social. Es decir: que no todo en el rock era frivolidad. Lo auténtico de su postura era incuestionable. Pero más allá de lo anterior, lo que les dio un lugar único fue el sonido que los caracterizaba. La guitarra de Tom Morello y la voz de Zack de la Rocha en primer plano los convertían en una picadora de carne.

El sonido de RATM se consumió rápido. Su cuarto y último disco, doce cóvers, fue la patada de ahogado que soltó el grupo antes de disolverse. Era el año 2000. En ese momento, con un álbum malo bajo el brazo, es seguro que RATM no vendería entradas a 300 o 400 dólares. Ni siquiera a 125. La química entre Zack y el resto de la banda se había agotado. Entonces surgió Audioslave, una banda más pop, con un sonido postgrunge y un rostro más atractivo: Chris Cornell. Y los reformados exRage consiguieron prolongar el éxito que habían conseguido en su primer disco con Zack, e incluso llevarlo más allá con el single “Like a Stone”, que sonó hasta convertirse en parte del ambiente.

“Know Your Enemy”, advertía RATM en 1992. En la portada de su debut aparecía un monje en llamas. Y en estos tiempos lo sabemos bien: el enemigo es el capitalismo salvaje. La banda se ha pasado a la acera de enfrente. Y con toda seguridad no sacará un nuevo disco. Lo único que quieren es dinero. Están en su derecho. Y la lección que se desprende es: ya no hay nada sagrado. Lo dice Virginie Despentes en la novela Vernon Subutex 1: “Hoy en día es muerte a los vencidos, incluso en el rock”. Traducción: si no tienes 400 dólares no puedes ir a soltar consignas contra el gobierno en una tocada de RATM.

¿Se pueden hacer las cosas de otra manera? Por supuesto. Hay tantas bandas que en la actualidad gestionan ellas mismas su boletaje. Y así se impide que caigamos en manos de los tiburones cibernéticos. Pero los pobres no estamos invitados a la revolución. “This is for the people of the sun”, no lo olvidemos.