Los pies descalzos de Ernesto Cardenal

Los pies descalzos de Ernesto Cardenal
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Cardenal es un poeta cardinal para entender la poesía latinoamericana del siglo XX. Es muy prosaico y ha influido en los demás poetas, tanto como Rubén Darío, su paisano, influyó en la lengua española, al principito de ese siglo.

Sus Epigramas no tienen más ascendencia que el gusto por los epigramas clásicos de Catulo y de Marcial, que el joven escritor tradujo y la UNAM publicó hace algunos años. Hay una edición reciente de Visor, publicada en 2012, donde se nota la lectura de Cardenal: “¿A quién dedicaré mi preciosa plaquette, / mi preciosa plaquette de papiro / pulida con piedra pómez?”. Se nota, pues, que Cardenal actualiza las palabras y hay que agradecérselo porque entonces Catulo deja de ser un monumento para volverse una voz que nos toca, vibrantemente hablando.

Los Epigramas de Ernesto Cardenal deberían ser una lectura obligatoria y los obligados deberían decirlos de memoria porque van a servirles para toda la vida. Son una especie de prontuario de educación sentimental sobre los celos, las animadversiones, las esquinas, aquella medianoche en la azotea, las confidencias no fidedignas pero complicitadas: toda esa verbalidad imaginaria que nos construye y nos repeina y nos erige.

Pregúntenle a cualquiera, inclusive a cualquiera que esté medio alejado de las letras, si se sabe el epigrama de

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:

yo porque tú eras lo que yo más amaba

y tú porque yo era el que te amaba más.

Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:

porque yo podré amar a otras como te

[amaba a ti

pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Y si les dice que no se lo sabe esténse con él hasta que se lo aprenda y lo mastique y muy rumiantemente se lo plagie y se lo distribuya en las heridas.

Ese epigrama es una maravilla. Es el mejor epigrama del mundo.

Un epigrama es una estocada de florete, nunca un tajo de sable.

Es un estoque directo al corazón mismo del corazón.

LA INFLUENCIA DE WALT WHITMAN en la poesía en lengua española fue muy grande y revolucionadora: por eso la fotografía principal de la casa de Neruda en Isla Negra es la de ese impresionante hombre de barba blanca. Por eso lo tradujo León Felipe.

Whitman fue la gran avenida para una nueva impronta en nuestra dialectología poética. De ahí nos viene el prosaísmo, lo platicado y no cantado de los poemas que fueron apareciendo a pie, como en Cardenal. Y si se habla de él hay que hablar de Pound y de un librín que Ezra siempre recomendó: Los caracteres de la escritura china como medio poético, escrito por Ernest Fenollosa y traducido por Salvador Elizondo y publicado por la Universidad Autónoma Metropolitana en el 2007.

¿Cómo pudo afectar Pound con su interpretación de Fenollosa la escritura de Carde-

nal? Transcribo una cita larga de la entrevista que Mario Benedetti le hizo sobre el asunto. Dice Cardenal:

La de Pound es una poesía directa; consiste en contraponer imágenes, dos cosas contrarias o dos cosas semejantes que al ponerse una al lado de la otra producen una tercera imagen. Por ejemplo cuando Pound contrapone la imagen de las putas y la del santuario de Eleusis, dos cosas tan contradictorias. Juntándolas, produce la tercera imagen: la usura ha llevado putas a Eleusis. Hay un poeta colombiano amigo mío, que escribió un poema, “Colombia macheteada”, donde incluye la imagen de sacerdotes en Mercedes B, carro de lujo, y el sacerdote que se supone debe ser humilde y pobre como Cristo, se produce una tercera imagen... Ese es el ideograma de Pound.

La “Oración por Marilyn Monroe”, tal vez el poema más famoso de Cardenal, usa muy bien este procedimiento. A mi mamá no le hubiera parecido que esa Oración fuera un poema, porque su umbral de lo que era poético tenía que ver siempre con la rima y la melodía de

la embarcación. Y es que el poeta hace el poema y el lector hace la poesía.

Hay un muy buen ensayo de Roberto Fernández Retamar en el que habla de la poesía conversacional y la antipoesía. Caracteriza la antipoesía como un antiNeruda, y pone como ejemplo a Nicanor Parra, mientras la conversacional la adscribe a Ernesto Cardenal.

Coincido con Retamar: Cardenal no es reactivo, no quiere deslindarse, se nota que camina con los pies muy descalzos.

O con un pie descalzo. Lo prueba el hecho de que en su siguiente etapa Cardenal toca la ciencia.

Y con eso también ha influido en muchos de los que escriben y están en el gerundio del estar escribiendo como en infinitivo.

RECOMIENDO TAMBIÉN LEER Versos del pluriverso, especie de compendio de lo que explaya en Canto cósmico.

Ambos libros usan muy bien los datos, el acervo, la carga de la información científica. Así como Cardenal utilizó los textos de cronistas españoles de la conquista para edificar El estrecho dudoso y otros libros, ahora usa la información científica para nuevos poemas.

¿Qué más podría decir de Cardenal?

Tiene una Antología de poesía primitiva en Alianza Tres que recopila textos de pueblos indígenas de los países del mundo: norteamericanos, australianos, africanos, canadienses,  polinesios, entre otros.

Sus memorias fueron publicadas por el Fondo de Cultura Económica hace ya tiempo y ojalá las reediten en ediciones ambulantes, porque Ernesto Cardenal tenía una gran capacidad narrativa, y cuando cuenta lo que cuenta lo cuenta mejor que muchos narradores profesionales en el género.

Cardenal tiene también un texto que se llama Este mundo y otro (publicado por Trotta) donde expone sin polvo cósmico sus convicciones religiosas. Qué bueno que lo hizo.

Muchos poetas, cuando los entrevistan, cuentan cómo los influyó algún otro poeta. El problema es que por lo general no se les nota: amo a Ramón López Velarde, dicen, y en sus poemas propios no aparece ni un solo adjetivo inusitado.

Según yo, la impronta de Ernesto Cardenal en nuestra poesía mexicana se nota mucho en José Emilio Pacheco y en Víctor Manuel Cárdenas. Si el lector tiene dudas o interés, léalos a los tres.