Nancy

OJOS DE PERRA AZUL

NANCY
NANCYFoto: Cortesía de la autora
Por:
  • Karla Zárate

Mi computadora tiene vida propia. Escribe lo que le da la gana. Nancy es malcriada, rebelde, no obedece. No he podido dominarla. Es irrespetuosa y provocadora. La enciendo, se hace la muerta, pierdo la paciencia. Al iniciarse me ciega con su luz blanca y me deja sorda con el odioso sonido de bienvenida que no logro silenciar.

En el fondo de pantalla pone imágenes de desastres naturales, trombas marinas, incendios forestales, fotos mías en las que salgo mal o colores aburridos que no inspiran. Mueve de lugar las carpetas que antes ordenaba alfabéticamente, no las encuentro, las esconde, duplica, ha llegado al extremo de borrar las más importantes y mandarlas a la basura, para recuperarlas con títulos diferentes. Ha cambiado el idioma a chino, ruso e italiano, traduce mis textos a su libre voluntad, se rehúsa a autocorregir la ortografía del español. No me deja copiar ni exportar los archivos, cree que le pertenecen. He estado a punto de venderla al ropavejero, regalarla y, en momentos de desesperación, lanzarla contra el suelo, pisotearla, despedazarla, borrarle el disco duro. La mayor transgresión de Nancy ocurre cuando tengo que escribir.

Mueve de lugar las carpetas que antes ordenaba alfabéticamente, no las encuentro, las esconde

REDACTO MI COLUMNA QUINCENAL para el periódico, debe ser original e interesante, algo siempre difícil de lograr. Abro Word, la plantilla es distinta a la que uso, Nancy impone la fuente Garamond, tamaño 16, a espacio y medio. Presiono la X y sale una J, usa la C por la K, no le gustan la Ñ ni la W, se niega a poner puntos finales, comas, empastela los párrafos. Suprime palabras, usa sangrías donde no van, modifica el interlineado.

Después de mis súplicas, Nancy me deja en paz por unos momentos. Doy por terminado el texto y, al releerlo, mis ideas ya no están ahí. En su lugar aparece una carta de amor cursi, empalagosa, dirigida a un lector que no eres tú. Recuerda las noches que pasamos juntos, la primera vez que nos besamos, las fantasías compartidas. Encuentro también una erótica declaración que yo nunca podría haberte hecho, ella se atrevió. Te invita a mi casa, a mi cama, a entrar en mi vida, pero sólo a ratos. Nancy, incontrolable, empieza a confesar lo que te oculto, trato de detenerla, es inútil, el teclado se mueve solo. Denuncia mis infidelidades cuando tú no estás, promete amor eterno para siempre, nunca y jamás.

Amigo mío, si recibes esa carta, te juro que yo no fui.

*En el lunar de los hechos.