Pedro Serrano: con T. S. Eliot y Octavio Paz

Esgrima

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Pedro SerranoFoto: Andrea  Acuña
Por:
  • Alejandro García Abreu .

El ensayista, traductor, poeta y editor Pedro Serrano (Montreal, 1957) estudia la poesía moderna y para ello se vale de dos de sus más preclaros exponentes: T. S. Eliot y Octavio Paz.

En La construcción del poeta moderno: T. S. Eliot y Octavio Paz (Turner / UNAM, México, 2021) el ensayista indaga la obra de dos autores que no fueron rigurosamente contemporáneos, de orígenes culturales distintos, que escribieron en lenguas distintas y coincidieron en muchas de sus preocupaciones y resultados. Pedro Serrano utiliza el término poesía moderna como un periodo.

El escritor prueba que Eliot y Paz “compartieron un modo paralelo de entender la poesía y, también, que se vieron a sí mismos como poetas, de manera similar, dentro de sus propias sociedades”. Tienen en común “una manera similar de enfrentarse con su obra, sus vidas, sus familias, las mujeres, la política, el poder; con otros escritores, con la sociedad y con ellos mismos”.

El mayor acierto del libro, su absoluta originalidad, reside en “alejarse de la organización crítica tradicional de la literatura en lenguas, países, influencias e incluso en estudios comparativos y situaciones paralelas”. Se trata de una lectura renovada de la obra de dos titanes de la poesía moderna. Percibe en ambos “un movimiento que tiene dos fases: primero, la lucha dentro de la modernidad, y después, una salida de sus limitaciones”. En entrevista conversamos sobre hallazgos poéticos y vitales.

El libro comienza con la poesía temprana de T. S. Eliot y concluye con la poesía del ahora de Octavio Paz en Árbol adentro. El punto de inflexión se encuentra exactamente a la mitad. El análisis a través de un complejo entramado de espejos se desdobla ante el lector. ¿Cómo determinaste la estructura del libro?

La idea de leerlos de manera paralela estaba desde un principio, porque la intención era mostrar dos poetas totalmente dispares, aunque con acciones escriturales y biográficas que responden a pulsiones equivalentes. La apuesta es mostrar un patrón que en su diferencia individual repite estructuras, y proponer así un modelo aplicable a otros y otras poetas del siglo XX. La inclusión de un capítulo bisagra que los relaciona permite que ambas puertas abran de manera independiente y propone recorridos individuales y a la vez paralelos. Hay una estructura básica similar, con dos capítulos dedicados a los ensayos y dos capítulos a los poemas, pero los recorridos son diametralmente distintos, y en cada caso responden a lo que las escrituras de cada uno proponen. En ese sentido, la organización de cada uno de los capítulos, a la vez especular y asimétrica, se fue dando sola.

“‘Prufrock’ […] es un viaje que empieza en los reinos de la muerte y nunca sale de ahí”, escribiste sobre Eliot. Y Árbol adentro de Paz es “un viaje alegórico a través de la noche oscura del alma del poeta hacia una reconciliación con su propia vida y la cercanía de su muerte”. ¿Cómo percibes los lutos de Eliot y de Paz? ¿Qué significa la muerte para cada uno de los dos poetas?

La escritura poética abre espacios en los que se ha forzado el vacío. No surge de la experiencia sino de la ausencia. Sólo así propone su propia necesidad. “Prufrock” es un poema germinal y Árbol adentro un libro crepuscular, pero ambos se construyen, como escritura, en el espacio que se le quita a la experiencia, y ahí, a la vez, la instauran. En ese sentido, no importa que Eliot tuviera poco más de veinte años cuando lo escribió y Paz rondara los setenta. Ambos se están enfrentando, no a la página blanca sino a la tumba inmaculada.

Desde ahí se escribe y a partir de ahí se habita el mundo. Eliot abandona el reino de “Prufrock” para avanzar y seguir el recorrido de su vida y Paz cierra su peregrinaje con los poemas de ese libro. En ambos casos hay una sorpresa en ellos mismos, me imagino, al ver surgir los poemas. “¿De verdad es posible?”, parece que se preguntaran, luego de salir de esos reinos y regresárnoslos vivos.

Eliot abandona el reino de Prufrock  para seguir el recorrido de su vida y Paz cierra su peregrinaje con los poemas de Árbol adentro

Aseveras sobre los dos escritores: lograron “‘indagar dentro de sí mismos’ mientras resolvían los peligros de este mundo”. ¿De qué manera contrapones la indagación personal con la resolución de los peligros de este mundo?

En ambos casos se trata de poetas que pretendieron ejercer un dictum sobre sus sociedades, con aciertos precisos en el decir y rotundas equivocaciones al designar. Los caminos de sus exploraciones son distintos a los de sus imploraciones. Sus poemas indagan en la caverna, y de ahí salen a la luz. Sus afirmaciones sobre la sociedad creen o buscan hacer creer que tales recorridos les daban autoridad profética, lo cual no es el caso. Entre una cosa y otra están sus ensayos indagatorios, que son precisos en la exploración, porque parten de esa oscuridad y lo que buscan es protegerla. En ese sentido, son distractores iluminativos. Alejan de sus poemas pero al alejarnos, nos proponen vistas y recorridos interesantísimos, que nos regresan a ellos. Esos son los recorridos que quise hacer.

Determinas en una nota al pie: “ambos poetas son, desde el principio, ‘expulsados de sus antiguos reinos’ y su poesía va a ser la lucha continua para recuperarlos, y resolver el enfrentamiento”. ¿Cómo percibes en ambos la lucha para recuperar sus “antiguos reinos”? ¿En qué consistían esos “antiguos reinos”?

Los antiguos reinos son los que surgen del abandono. Si no hay conciencia de la pérdida, no hay escritura necesaria, necesitada también. Pero ésta incluso puede ser proyectiva, y en ese sentido fundadora. De ahí se parte. La experiencia inicial es también experiencia terminal. Escribir un poema es acatar lo que no está, y nombrarlo es darlo por partido. A la vez, es restaurarlo. Aunque la paradoja es que lo que se restaura nunca ha estado ahí. Y a pesar de eso, eso que estaba regresa, habita de nuevo. Por eso la lectura es también fundadora. Lo dicho empieza a decir, y empieza por decir. Tanto Paz como Eliot escribieron poemas que dan cuenta de una pérdida y en el dar cuenta rescatan el habla, la vuelven un lugar que es común a todos. No inauguran el mundo, como solemnemente hubiera querido decir Paz, pero sí lo abren. Decir es dar de sí, y ellos, cuando alcanzan el poema, lo hacen. Lo que yo quise mostrar es que la tensión entre sus ensayos y sus poemas, en cada uno de ellos, es a la vez una protección, quizás la de todos, y la exposición más extrema de cada uno.