Rocketman

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En ocasiones los excesos y las cagadas de las estrellas provocan que olvidemos su obra. Rocketman, la biopic sobre Elton John, ha servido más que nada para recordarnos el espléndido cancionero del londinense. En la actualidad el sir es una señora gorda y copetona adicta a las compras. Virgine Despentes afirma que “un buen consumidor es un consumidor inseguro”. Los artistas que triunfan tienden a olvidar el propósito por el cual se dedicaron a la creación. Y se entregan a actividades absurdas propias del capitalismo. Es el mensaje de Rocketman: cuando el artista renuncia a practicar el arte de la resistencia nos invita a ser los espectadores de su caída.

La manera en que se aborda la historia es valiente. No escatima en honestidad a la hora de retratar los desatinos del protagonista. Algo que no ocurrió con Bohemian Rhapsody, la cinta sobre Queen. En estos tiempos en que la corrección política reina a ultranza podría suponer un suicidio en términos de taquilla contar todos los debrayes del personaje. Pero evadirlos, como en Bohemian Rhapsody con Freddie Mercury, sólo para satisfacer las demandas de la policía moral hubiera sido un desperdicio. No porque la música de Elton John no valga en sí misma, pero sería como ir a los toros y no ver una cornada o cortar un rabo y las dos orejas o ir al téibol y que no se desnudara la morra.

En Rocketman, Elton John se desnuda hasta las últimas consecuencias. Se decide por el formato del musical para narrar su drama. El de un chico al que su padre no ama y su madre desprecia. Y es así, con todos los personajes cantando la trama, que se va cimentando una de las vidas más atormentadas del mundo del espectáculo. Una existencia triste y desdichada a la que la música rescata y a la que el show business vuelve a hundir. La película arranca con Elton John contándole su vida a un grupo de personas de una clínica de rehabilitación. Desde el apoyo que recibió de su abuela y su padrastro hasta el momento en el que ingresa a una clínica para desintoxicarse.

"La cinta nunca pierde de vista la apesadumbrada nube negra que está encima del cantante".

Taron Egerton en el papel de Elton John es un fuera de serie, no como el Freddie Mercury de Rami Malek que se quedó corto. Canta las canciones de Elton de manera bastante decente. Sin embargo, creo que eso le resta algo de poder a la cinta. Que se incluyan versiones cantadas por el actor en lugar de usar las originales. Egerton lo hace de manera estupenda, pero se vuelve un desperdicio porque las versiones y la voz de Elton son inigualables. Es ahí donde radica su genio, en ser un intérprete a la altura de Frank Sinatra y un pianista de alma negra. Porque recordemos que las letras de las canciones son obra de Bernie Taupin, su letrista de cabecera.

Rocketman es una delicia visual. Exuberante sin caer en lo fastuoso ni en lo pre-fabricado de Bohemian Rhapsody (disculpen tanta comparación, pero la proximidad de ambas cintas obliga a confrontarlas). Se toma algunas licencias bastante afortunadas, como Elton John ascendiendo hacia el cielo como si tuviera un cohete en los pies o levitando mientras toca las teclas. A pesar de estos permisos fantasiosos la cinta nunca despega los pies de la tierra, por el contrario, nunca pierde de vista la apesadumbrada nube negra que está encima del cantante durante su carrera, no importa cuánto triunfe, él siempre tiene una carencia que no se puede resarcir con nada: amor y aceptación.

Y es en esto último que la película traiciona un poco su espíritu iconoclasta. Las últimas imágenes, con las que cierra la cinta, muestran a un Elton que presume que lleva 28 años sobrio y a sus dos hijos adoptivos en compañía de su esposo. Me parece bastante plausible que Elton John dejara las drogas, sobre todo después de que demostró hasta el cansancio que no sabía manejarlas, pero lo que parece fuera de lugar es el ansia por replicar el tan sobado happy end del cine hollywoodense. Qué desfasado parece que ahora que la familia tradicional ha comenzado a desaparecer son precisamente los gays quienes se empeñan en preservarla. No se me mal entienda, cada quien es libre de casarse y adoptar. Pero entonces dónde quedó la resistencia. El fuego primigenio que detonó todo.

Por lo anterior, la película hace honor, no a la vida de Elton, sino a su música. Que es lo único que importa. Y es su arte lo que prevalece por encima de sus inseguridades. Tiene quince o dieciséis canciones sin las que la vida de muchos de nosotros no sería la misma. En Rocketman aparecen un puñado de ellas, pero no “Nikita”, chale.