"Todos los siglos se parecen"

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La casa de la familia Schopenhauer en Danzig, hoy Polonia.Fuente: commons.wikimedia.org
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EL FUNDAMENTO de toda gloria verdadera se encuentra en la estima sentida. La mayoría de los hombres sólo son capaces de estimar lo que les es familiar, es decir, lo mediocre. Sobre las obras de genio sólo tendrán una admiración de palabra. Como hay muy pocos hombres de genio capaces de apreciar las obras del genio, puede explicarse el desarrollo lento del conocimiento y el retraso de la gloria verdadera.

ES NECESARIO mantener una visión general de los fenómenos. Si uno se detiene en detalles, es fácil confundirse y perder el rumbo. Los resultados de estas observaciones pueden ser ignorados en su tiempo, pero eso no tiene ninguna importancia.

¡POR DIOS, qué dificultades y complicaciones para que cada verga encuentre su respectivo coño!

NO ES la observación de los fenómenos raros u ocultos lo que nos lleva a descubrir las verdades fundamentales. Al contrario, éstas se encuentran en los fenómenos que están expuestos y a la vista de todos.

LA UNIDAD de la acción 1 consiste en que se hable de la misma cosa durante toda la obra. Produce resultados horribles, de allí lo soporífero de las tragedias francesas.

EL MATRIMONIO es una trampa que nos tiende la naturaleza.

VOLTAIRE: TODOS los siglos se parecen en la crueldad de los hombres. (Yo añadiría: y por su estupidez).

A LOS HOMBRES de genio no les interesa más que la generalidad de las cosas, a ella dedican su atención entera y continua. Los hombres de talento se ocupan de los fenómenos particulares.

PARA SER un grande, se debe poder reconocer la maldad ajena sin despertar la propia.

ESTAR ADELANTADO a su tiempo no significa otra cosa más que estar por encima del género humano en general. Estos individuos son reconocibles a su vez por aquellos que se encuentran en una situación similar. Se trata de especímenes raros que difícilmente pueden encontrarse cada siglo. Si un individuo de esta naturaleza tiene mala suerte, puede ser ignorado por su siglo, es decir, hasta que el tiempo haya aglomerado el acuerdo de estas mentes favorecidas y escasas, capaces de apreciar lo extraordinario. La posteridad dirá: “Este hombre se encontraba adelantado a su tiempo”, en vez de decir: “Este hombre se encontraba adelantado al género humano”, pues prefiere hacer al pasado responsable de su incomprensión. Sucede que aquel que se encontró adelantado a su época lo hubiera estado también en cualquier otra, a menos que un golpe de suerte lo hubiera hecho nacer al mismo tiempo que otros jueces capaces y justos. Este fenómeno de incomprensión será más frecuente cuando el campo en el cual se trabaja se halla al alcance de menos personas, expertas o especializadas.

He aquí la gran ventaja de los poetas y los novelistas, que se encuentran al alcance de cualquiera. Si a Walter Scott no lo hubieran leído más de cuatro o cinco mil personas de su tiempo, podría haber sido vituperado o tomado por algún escritorzuelo vulgar. Al relucir la verdad, después de algunos siglos, hubiera tenido el honor de haber estado adelantado a su tiempo.

Sin embargo, cuando a la incapacidad de cuatro o cinco mil personas (que juzgan una obra en nombre de un siglo) se suma el hecho de ser conducidas por alevosía e intereses personales, ocurre el triste destino de apelar ante un tribunal donde todos los jueces son corruptos.

LA ÚNICA verdadera superioridad es aquélla del espíritu y del carácter. Las demás son ficticias, de postín, falsas. Es necesario hacerlas notar, sobre todo cuando las segundas quieren hacerse pasar como las verdaderas.

NO HAY NADA más idiota que mostrarse pequeño queriendo parecer grande.

SE PUEDE DAR una definición fácil de entender, lo ridículo en general consiste en que las palabras no coincidan con las cosas, a pesar de que parece que lo hacen.

LA VIDA es corta, pero la vida del talento es todavía más corta.

HAY DOS MANERAS de no estar a la altura de su tiempo: abajo y arriba.

EL HOMBRE pone inevitablemente un término a su existencia cuando los horrores de la vida se imponen sobre los de la muerte.

Nota

1 Concepto aristotélico en el cual la trama principal no debe confluir en otras subtramas o “distracciones”. Este elemento teórico permeó en el teatro francés de los siglos XVII y XVIII. (N. del T.).