Es inevitable que al morir Carrie Fisher todo el mundo piense en la princesa Leia. Será difícil que le pongan otro rostro que el de la trilogía original de La guerra de las galaxias (1977-1980-1983): una joven regordeta, vestida con una túnica, chongos enmarcando su cara jovial y fuertemente armada con un arma espacial, que fue la primera integrante de la realeza empoederada antes de las nuevas heroínas de Disney como Moana, Merida, de Valiente o Elsa de Frozen.
Lo que mucha gente no recordará es su historia de niña triste en un hogar roto por el deseo de una de las más bellas y caprichosas actrices de Hollywood, Liz Taylor, que le robó el marido—el crooner Eddie Fisher— a la actriz Debbie Reynolds.
El escándalo fue mundial. Habían contraído matrimonio en 1955. Carrie nació en 1956. Liz Taylor entonces estaba con su gran amor, el productor Mike Tood. Pero éste murió en un accidente de aviación en 1958. Los dos matrimonios eran amigos, así que Taylor buscó el consuelo de Debbie y se enamoró del cantante. Contrajo nupcias con él en 1959.
Ni el mundo ni Debbie Reynolds le perdonaron la traición, aunque ambas se reconciliaron en la vejez. Lo que nadie sabía es que también le había robado el padre y la infancia a Carrie Fisher, que como toda princesa de Hollywood llevó una vida desorientada, buscando quién era entre el sexo, el alcohol y las drogas, como retrató Bret Easton Ellis en Menos que cero, y ella, más divertida, en su autobiografía.
Antes del éxito. Apenas hay una Carrie Fisher antes de las galaxias. Interpretó a una joven seductora en Shampoo (1975), con el también símbolo sexual Warren Beatty, y tras las estrellas se perdió en personajes secundarios y filmes de serie B.
Uno de esos papelitos fue en la película de Woody Allen Hannah y sus hermanas. Mientras luchaba contra sus múltiples adicciones, se casó con el cantante Paul Simon, parece ser que el matrimonio duró felizmente un año.
Lo mejor de Fisher fue su faceta de escritora. Como confesó, luchó durante años contra la depresión, el trastorno bipolar y los antidepresivos, hasta que en, 1980 publicó una novela autobiográfica, Postcards from the Edge, en la que narraba sin concesiones su problemática vida en ese Hollywood de artistas y narcomenudistas.
Carrie siguió publicando novelas y en 2001 escribió el guión televisivo de These Old Broads, que interpretaron Debbie Reynolds, su archienemiga Elizabeth Taylor, Shirley MacLaine y Joan Collins. En 2010 publicó su autobiografía Wishful Drinking, donde se burlaba de su adicción y sus desastres matrimoniales, también detalló las terapias con electrochoques que le aplicaron para atender su bipolaridad y depresión. Hace unos días sufrió en infarto del que no pudo reponerse. Carrie ya está de nuevo en las estrellas.

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