Entrevistar a Michael Fassbender es algo así como ganar el premio mayor de la lotería, aunque este notabilísimo actor de origen alemán es realmente más menudo de lo que aparenta en la gran pantalla. Fuerte, sí; delgado, también; guapo y atractivo, pero sus ojos medio líquidos e intensos no transmiten esa ambiguedad, ese oscuro pozo sin fondo con que miran los de Brandon, Bobby Sands o el propio Macbeth, varios de sus mejores personajes.
Actualmente está en cartelera con su nueva producción, Assassin’s Creed, adaptación de los famosísimos videojuegos. Todo el potencial espeso de Fassbender se pone en funcionamiento debajo de la enigmática capucha.
Quien en realidad interpreta dos papeles en el filme, a Carl, una especie de alma perdida que se ha pasado la vida entrando y saliendo de instituciones penitenciarias y Aguilar, alguien que tiene una causa, la de esa secta que ha estado defendiendo y en la que siente representado por ella.
En su filmografía están Bastardos sin gloria, Shame, Doce años de esclavitud y Macbeth, ¿usted puede con todos los personajes? Lo que realmente me atraen son las películas provocadoras, las historias estimulantes, distintas, anticonvencionales, las que no ofrecen respuestas ante ciertos planteamientos ni explican el por qué de nuestras acciones. Eso sí me encanta.
Dicen que a los actores europeos les gusta meterse más en los personajes... No, yo no estoy de acuerdo con esa idea; de hecho, los más grandes son estadounidenses, y suponen una inspiración para todo el resto de nosotros.
La vida le ha cambiado mucho en estos últimos diez años. ¿A qué le suena hoy la palabra anonimato? Distinta que antes. Pero mi día a día no ha sufrido cambios. Intento que la popularidad no me afecte demasiado, aunque en un entorno público me piden fotos, por ejemplo, pero es distinto cuando salgo con amigos... pero tampoco me siento incómodo. Por otro lado, si no trabajo, mi existencia es muy simple. Bueno, aunque sí quiero, puedo obtener una buena mesa en un restaurante. Eso está bien...
¿La película Shame marcó su trayectoria profesional? Fue intenso, complicado, pero también un privilegio. Ya antes, en 2008, había trabajado con el mismo director Hunger, que probablemente también sea uno de mis trabajos más duros. Lo importante, no obstante, siempre radica en lo mismo, en la energía, frente a cualquier proyecto. No sé si muchos cambiaron de opinión sobre mí tras protagonizar Shame, aunque sí que se trata de una historia que provoca reacciones fuertes porque gira en torno a un adicto al sexo, un asunto del que el cine no suele hablar jamás.
Hay escenas difíciles de digerir y no por lo sexual en sí, sino por la angustia, el vacío, la inquietud extrema de ese hombre. Nunca antes hubo una cinta protagonizada por un tipo enfermo de erotismo... Sí. Hay otros enganches, otras enfermedades análogas, al alcohol, a las drogas, a sustancias, en resumen, que no necesitas para vivir, que sí han estado siempre, pero este tipo de obsesión se compara sobre todo con el que algunos sienten por la comida. Personalmente, al encarnarlo, tuve el máximo de respeto. Y conocí a una persona que lo padecía, hubo dolor, y fueron 25 días en los que creí enloquecer, pero con todo fue una experiencia positiva.
También ha sido Magneto en tres ocasiones en los X-Men. Considerado por muchos fans el mayor villano en la historia del cómic. (Sentado, hace el característico gesto con la mano de Magneto). Sí, y me encanta.
¿Y usted, cómo anda de superpoderes, hay alguno que no conozcamos? No, ninguno, soy un tipo muy normal, común, en serio... Bueno, la verdad es que tengo uno: me puedo dormir en cualquier lugar, por ejemplo, aquí, en este suelo, ahora mismo durante 15 o 20 minutos. Lo malo es que cuando estoy bastante cansado nada ni nadie me puede despertar...
Dato: El actor es pariente lejano del líder revolucionario Michael Collins, director de inteligencia del Ejército Republicano Irlandés.

