Ópera prima de Mailys Mallade y Liane-Cho Han Jin

¿Por qué ver Amélie y los secretos de la lluvia, filme que compite por un Oscar?

Está basada en Metafísica de los tubos (1967), novela autobiográfica de Amélie Nothomb; una buena película para el público infantil y para los adultos

Amélie
Amélie Foto: Especial

Amélie y los secretos de la lluvia tiene como protagonista a una niña, miembro de una familia belga afincados en Japón, quien cuenta cómo se concibe a sí misma y su realidad poco tiempo antes de su nacimiento y durante los primeros años de su llegada al mundo. Una historia que resulta refrescante, fluida y sugestiva.

El uso de la perspectiva infantil no sólo es un recurso de nostalgia para encontrar la identificación con situaciones lindas o simpáticas, sino la clave para vestirse de universalidad y plantearse como una llamada de atención hacia las cosas simples y el cúmulo de sensaciones que provocan, convirtiéndolas en llaves emocionales que abren cerrojos de puertas olvidadas por el mundo adulto, y conducen a una profunda reflexión sobre lo agridulce, pero también maravilloso paso de la existencia.

Los primeros vínculos emocionales honestos y fuertes por naturaleza, el amor de hermanos que, de inicio reaccionan creándose una fachada hostil, el entendimiento de lo inevitable de la vida y la muerte, la definición de la identidad, la empatía que persiste bajo las cicatrices hasta convertirse en resilencia y emerger pese al resentimiento que genera el encuentro entre aquellos que se causaron tanto daño durante la guerra son sólo algunas de las múltiples capas de lectura que esta ópera prima de Mailys Mallade y Liane-Cho Han Jin ofrecen a partir de Metafísica de los tubos (1967), novela autobiográfica de la autora Amélie Nothomb.

Amélie y los secretos de la lluvia
Amélie y los secretos de la lluvia ı Foto: Especial

Mucho de esto lo consigue gracias al acabado visual donde las figuras y los escenarios no están delineados en negro, sino con trazos de color que ceden ante el efecto de la luz alimentando lo vibrante de las tonalidades, lo cual conecta con las composiciones de Mari Fukuhara, cuya base orquestal salpicada con toques lúdicos de reminiscencias asiáticas tradicionales da un efecto etéreo, para así, en conjunto con el desarrollo de la trama, generar un viaje sensorial lleno de inteligentes disertaciones que nos deja en claro que quizás el mejor camino para meditar sobre la condición humana es volver a ser niños.

De paso, vuelve a demostrar que una buena película para el público infantil siempre lo será también para los adultos. La película ya se puede ver desde hoy en la cartelera mexicana.

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