El cine llevaba apenas 35 años de haber sido inventado por los hermanos Lumière y solo cuatro de haber incorporado el sonido en el Hollywood de principios del siglo XX, cuando el visionario productor de Universal Pictures, Carl Laemmle Jr., presentó a su padre, Carl Laemmle Sr., un proyecto ambicioso: exhibir películas capaces de sacudir al espectador con algo nunca antes visto, alejándose de la reiterada fórmula del cine de vaqueros y de la comedia heredera de Chaplin, tan dominante en aquellos años en la Universal y el cine en general.
Respaldado por el éxito de las primeras incursiones de la compañía en el terror —The Werewolf (1913), The Hunchback of Notre Dame (1923), The Phantom of the Opera (1925) y The Man Who Laughs (1928)—, el joven productor concibió la idea de convertir a Universal en “La Casa del Horror”. Su plan era adaptar a la pantalla grandes historias de la literatura gótica y leyendas tradicionales, ahora que el cine entraba de lleno en la era del sonido. Así, tras adquirir los derechos de varias obras, Laemmle Jr. dio luz verde a dos proyectos fundamentales: Frankenstein, bajo la dirección del indomable James Whale, y la película que detonaría todo este sueño: Drácula, dirigida por Tod Browning, conocido en Hollywood como el “Edgar Allan Poe” de la cinematografía.
- El Dato: el libro Drácula fue publicado por primera vez en el año 1897 y fue la obra más importante del novelista Bram Stoker.
SOY DRÁCULA. Debido a la gran cantidad de actores, actrices y realizadores hispanoamericanos que trabajaban en Hollywood, así como al enorme mercado que representaba el público latino, Universal Pictures —como muchas otras productoras en los inicios del cine sonoro— filmaba versiones alternas de una misma película para su distribución en España y América Latina.

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En el caso de Drácula, y ante la magnitud de la apuesta que implicaba esta historia completamente hablada, Carl Laemmle Sr. decidió rodar simultáneamente dos versiones: la inglesa, protagonizada por Bela Lugosi y dirigida por Tod Browning, y la hispanoamericana —o “latina”, como suele llamarse— dirigida por George Melford, quien, paradójicamente, no hablaba español. En esta última, el andaluz Carlos Villarías interpretó al elegante Conde, mientras que la hermosa oaxaqueña Lupita Tovar dio vida a Eva, objeto del deseo del vampiro. Cabe recordar que Tovar regresaría a México dos años después para protagonizar Santa, que como bien sabemos, es la primera película sonora mexicana. El resto del reparto contaba en papeles principales a Eduardo Arozamena (mexicano) como el Dr. Van Helsing, Barry Norton (argentino) como Juan Harker, Pablo Alvares (español) como Renfield, Carmen Guerrero (mexicana) como Lucia Westenra y José Soriano (español) como el Dr. Seward.
Pero volvamos a Drácula… y a los hijos de la noche que componen una música hermosa.
LA NOCHE TE INSPIRA MIEDO. Con una extraordinaria duración de 104 minutos contra la popular versión de Tod Browning de 79 minutos, George Melford aprovecha los obstáculos y saca ventaja de la situación y de los inconvenientes —generados por Universal Pictures— desde el principio del rodaje hasta llegar con extraordinarias tomas filmadas noche tras noche a la sala de edición al amanecer. ¿Qué quiero decir con obstáculos? Que el equipo latino enfrentó condiciones poco favorables: filmaban por las noches, una vez que el reparto anglosajón terminaba su jornada, utilizando los mismos sets, utilería, equipo técnico e incluso vestuario (con excepción de Lupita Tovar y Carmen Guerrero). Sin embargo, lejos de ser una desventaja, Melford aprovechó esta dinámica con inteligencia. Cada noche, tras observar el trabajo de Browning durante el día, tomaba notas detalladas que le permitían repetir sus aciertos y corregir sus debilidades narrativas. Así, cuando llegaba su turno, construía una puesta en escena propia, más depurada y, en muchos casos, más eficaz.
Por razones presupuestales, algunas secuencias fueron reutilizadas directamente de la versión en inglés: el carruaje atravesando los Cárpatos, las catacumbas —incluida la icónica mano de Drácula, que pertenece a Lugosi—, el castillo, los acantilados nocturnos, el viaje del Demeter y varias escenas nocturnas en Londres. Estas coincidencias resultan hoy uno de los aspectos más fascinantes para comparar ambas versiones.
YO NUNCA BEBO… VINO. No obstante, una vez inmerso en su propia visión, Melford desplegó un notable impulso creativo. Logró secuencias con movimientos de cámara más elaborados y una dirección de actores más expresiva, lo que enriqueció la atmósfera de terror y complicidad. El resultado es una narrativa más fluida y orgánica que la de Browning, cuya versión, en contraste, puede sentirse más estática y visualmente menos arriesgada.
En el terreno interpretativo, aunque Bela Lugosi posee una sensualidad natural que define al personaje, la versión hispanoamericana sorprende por su carga erótica. Melford construyó en Carlos Villarías un vampiro de intensa sensualidad, más cercano, incluso, al espíritu de la novela de Bram Stoker. Las novias vampiresas exhiben una sexualidad mucho más explícita, y Lupita Tovar irradia un erotismo que contrasta notablemente con la más contenida y pusilánime Helen Chandler en la versión anglosajona que nada más no había por donde pudiera despertar el deseo del compa Drácula más allá de tener algo de cenar en las noches. Así, incluso en este registro, la versión latina ofrece momentos más audaces que la de Browning, cuyo mayor acierto sigue siendo la presencia de Lugosi, quien definió para casi un siglo la imagen clásica del vampiro.
EL VAMPIRO DE TRANSILVANIA QUE HABLA ESPAÑOL. Estrenada en México el 4 de abril de 1931 en el desaparecido Cine Mundial, Drácula versión latina fue la única que se conoció en México durante más de tres décadas hasta que llegó la televisión y se pudo ver la versión de Browning/Lugosi en los años sesenta y en cine se estrenó el 20 de enero de 1975 en el también desaparecido Salón Rojo con motivo de un ciclo dedicado al trabajo de Bela Lugosi.
Drácula, en su versión latina, es un auténtico deleite para el cinéfilo: destaca por su realización, su narrativa y, en conjunto, por superar en varios aspectos a la película de Browning. Su único punto discutible podría ser la sobre interpretación de Carlos Villarías, quien, pese al esfuerzo por hacer suyo al personaje original, no logra igualar la fuerza y el carisma avasallador de Bela que se ve reflejado en la natural interpretación del Conde Transilvano.
Y en eso no hay discusión: Bela Lugosi trascendió el tiempo.

