LA CINTA Café Chairel, dirigida por Fernando Barreda Luna, apuesta por una narrativa íntima alejada de fórmulas comerciales. Protagonizada por Tessa Ía, Mauricio Isaac y Leo Deluglio, retrata cómo dos completos desconocidos encuentran compañía en medio del duelo y el aislamiento.
Mientras gran parte del cine mexicano apuesta por fórmulas inmediatas, comedias rápidas o historias diseñadas para el algoritmo, Café Chairel decidió caminar en sentido contrario. La película del director tamaulipeco Fernando Barreda Luna llega finalmente a salas mexicanas, después de un recorrido por festivales nacionales e internacionales donde fue construyendo algo que hoy parece raro en la industria: una conexión genuina con el público.
La historia de Alfonso y Katia, dos personas emocionalmente rotas que encuentran refugio mutuo en un pequeño café de especialidad en Tampico. Entre silencios incómodos, humor sutil y heridas emocionales que nunca terminan de cerrar, la película construye un relato íntimo sobre la compañía y las segundas oportunidades.
En entrevista con La Razón, el cineasta Fernando Barreda Luna aseguró que el camino para lograr el estreno comercial fue largo, pero profundamente satisfactorio.
“Ha sido un proceso muy padre que se disfruta cuando va de a poquito.
Cada función es muy especial. Creo que eso es lo que le da vida a las películas, que vayan encontrando su audiencia”, explicó el también guionista.
Destacó que, pese a tratarse de una producción independiente, la respuesta del público ha sido constante y positiva desde su estreno en festivales. “Afortunadamente, cada función que hemos tenido en México y fuera de del país han sido salas llenas y con una recepción increíble. La gente conecta muy bonito con la película, tanto a nivel personal como emocional”, comentó.
Para Barreda Luna, que Café Chairel llegue a más de 100 salas representa ya una victoria para el cine independiente mexicano. “No deja de ser una película independiente que nosotros mismos hemos ido empujando. Realmente no es la película por la que normalmente quieren apostar, pero creo que ha ido conquistando corazones y solita se abrió las puertas”, afirmó.
Uno de los aspectos más destacados de la cinta es su atmósfera profundamente nostálgica. Tampico no aparece únicamente como escenario, sino como una extensión emocional de los personajes.
Sus calles, edificios antiguos y cafeterías acompañan constantemente el tono melancólico de la historia.
El actor Mauricio Isaac recordó que gran parte de esa sensibilidad nació de la convivencia diaria durante el rodaje.
“Se logró una especie de familia entre actores, producción y todo el crew. Terminábamos de trabajar y nos íbamos todos juntos a comer y disfrutar Tampico. Era un lugar que nos abrazó desde el principio”, contó.
Por su parte, Leo Deluglio aseguró que el estreno representa la culminación natural de un proceso muy especial. “La emoción más grande es ver que finalmente la película va a cumplir el ciclo de encontrarse con el público en salas. Eso me da muchísima esperanza sobre el valor del cine mexicano”, comentó.
El actor también reveló que para construir su personaje tuvo que aprender sobre café de especialidad y hasta tomar clases de piano. “Tuve entrenamiento para entender el universo del café, los aromas, las texturas y los sabores. También aprendí piano para unos momentos musicales de la película. Son cosas que me llevo para toda la vida”, relató.



