CON UN TRAJE rosa, sombrero norteño y los primeros acordes de “Tiempos dorados”, Julieta Venegas apareció anoche en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México para presentar su Norteña Tour, un espectáculo que funcionó como una declaración de identidad, un homenaje a la ciudad que la vio crecer y un repaso por las canciones que la han convertido en una de las artistas más queridas.
La escenografía evocaba paisajes de la frontera y rincones de Tijuana, mientras la cantante era recibida por miles de personas que llenaron el recinto. Desde los primeros minutos, la emoción de la intérprete fue evidente.
“Hace mucho que no veníamos acá y la sorpresa es que lo habían llenado. ¡Wow! Increíble. Gracias. Tenemos muchas sorpresas preparadas esta noche, muy felices de verlos. Muchas amigas y amigos acá con nosotros también, así que felices de que estén aquí”, expresó entre aplausos.
La velada avanzó con canciones como “La línea”, “Ese camino”, “Caprichos del azar”, a dueto con David Aguilar. Además de “Oleada” y “Algo está cambiando”, temas con los que confirmó que Norteña representa una de las etapas más personales de su trayectoria. Acompañada por una sólida banda de músicos, Julieta Venegas alternó entre el acordeón y el piano, demostrando una vez más la versatilidad instrumental que ha distinguido su carrera.
Uno de los ejes emocionales del concierto fue la evocación constante de su ciudad natal. Antes de interpretar “Leyendas de Tijuana”, la cantante y compositora defendió con orgullo sus orígenes.
“No me importa lo que digan de mi tierra, amo esa ciudad. Esto es ‘Leyendas de Tijuana’”, dijo.
Esa nostalgia alcanzó uno de sus momentos más conmovedores con “Esquina del mar”, canción que presentó explicando el sentimiento que inspiró su composición.
“Es difícil estar lejos y tener que explicar la añoranza, que es difícil cuando no puedes viajar. A veces uno extraña mucho esos lugares de sus raíces. Por eso escribí esta canción”, compartió la artista.
A lo largo de dos horas de concierto mantuvo una comunicación constante con el público, bromeó en distintos momentos y agradeció el cariño recibido. Incluso dejó escapar comentarios espontáneos como: “Siempre una con el alcohol fluye”, provocando risas entre los asistentes.
La noche también estuvo marcada por las colaboraciones especiales. Entre los invitados apareció Gaby Romero.
Uno de los momentos más celebrados llegó cuando Majo Aguilar apareció para interpretar junto a Julieta Venegas el clásico “Andar conmigo”. La unión de dos generaciones de la música mexicana provocó una de las ovaciones más largas.
El tramo final se convirtió en una auténtica fiesta colectiva. Temas como “Eres para mí”, “Algún día”, “Me voy”, “A dónde va el viento”, “Limón y sal” y “El presente” fueron coreados por miles de voces.
Especialmente emotiva resultó “Lento”, interpretada únicamente al piano, en una versión íntima que contrastó con la energía de otros momentos del espectáculo.
Entre recuerdos fronterizos, confesiones personales y una colección de canciones que forman parte de la memoria musical, transformó el Auditorio en una postal de Tijuana.



