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Campamento Miasma, un metahomenaje queer al cine slasher

Jane Schoenbrun presenta una sátira slasher queer, divertida y sangrienta, protagonizada por Hannah Einbinder y Gillian Anderson

Las protagonistas, las actrices Gillian Anderson y Hannah Einbinder.
Las protagonistas, las actrices Gillian Anderson y Hannah Einbinder. Foto: Cortesía MUBI

Años antes de la llegada de Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma, Jane Schoenbrun (I Saw the TV Glow) prometió que nos traería una historia tan divertida como macabra, y el resultado que podemos ver ahora en pantalla grande es la confirmación de aquella atrevida promesa. La directora entrega una cinta que desborda un espíritu descarado que poco a poco, y a paso firme, se consolida como una de las propuestas más originales y refrescantes de lo que va del año.

La ganadora de la Queer Palm del Festival de Cine de Cannes 2026 arranca desde la fascinación meta por una vieja y desgastada franquicia del cine slasher que en su momento fue un rotundo éxito de explotación comercial y creó un amplio fandom; es así como Camp Miasma llega a una entusiasta cineasta (Hannah Einbinder) que está más que decidida a hacer un proyecto con alma a través del cual pueda llegar a una nueva generación con una historia revisitada que logre sentirse suya. Al mismo tiempo, la realizadora busca a la misteriosa estrella de la cinta original (Gillian Anderson), quien vive recluida, y lo que inicia como un encuentro profesional se torna en una espiral sangrienta de deseo, miedo, delirio y transformación.

  • El Tip: La película tiene una duración de 112 minutos y ya está disponible en salas de cine de la República Mexicana.

Jane Schoenbrun orquesta una sátira extravagante, divertida y por momentos inquietante que se vale de los clichés característicos del cine slasher de los años 80 para darles un enfoque actual en beneficio directo de la historia que nos cuenta. De esta forma, en medio de jóvenes descontrolados que buscan enfiestar y tener sexo, chicas corriendo aterrorizadas y un asesino enmascarado motivado por la venganza, somos testigos de una trama que, aunque no lo parezca en un inicio, busca abordar temas que resultan más profundos, como las complicaciones de trabajar en la industria cinematográfica, los efectos del fanatismo hacia un producto de entretenimiento y, por encima de todo, la búsqueda de una identidad propia que nos permita sentirnos cómodos con quienes somos.

Con su discurso, Schoenbrun critica y homenajea por igual a clásicos del slasher como Viernes 13 (1980), The Burning (1981) y Sleepaway Camp (1983), tomando además elementos de otras cintas como El silencio de los inocentes (1991), mientras sus personajes principales celebran una necesaria reapropiación del placer, para darnos buen cine de terror queer que resulta provocador entre secuencias con asesinatos ingeniosos, constantes destellos de gore, mucha sangre derramada y muchas escenas que nos mantienen en un continuo suspenso, mientras intentamos descifrar qué estamos viendo y porqué resulta tan entretenido.

También vale la pena destacar el apartado actoral, primero con una Hannah Einbinder que al fin termina de mostrarnos su verdadero talento más allá del éxito masivo que ha logrado con la popular serie Hacks y en esta ocasión entrega una interpretación vibrante en el papel de una cineasta dispuesta a todo por mantener su visión. Mientras que la eterna Dana Scully de Los expedientes secretos X, Gillian Anderson, ofrece una de sus mejores actuaciones como una enigmática estrella del pasado; es memorable, lo suficiente para aspirar a nominaciones importantes en la siguiente temporada de premios, incluyendo el Oscar.

Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma sobresale como una sátira inteligente que prueba que el cine funciona mejor cuando se hace de forma honesta y con libertad. Tiene el potencial suficiente para, en el futuro, convertirse en una película de culto.


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