Morelia, Michoacán
En su faceta de director, Diego Luna presentó en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia, su nueva película Ceniza en la boca, acompañado por los actores que dan vida a esta historia sobre el abandono materno, la migración y las heridas que atraviesan los vínculos familiares. La cinta, basada en la novela de Brenda Navarro, llegará a las salas mexicanas el próximo 5 de noviembre.
“Para mí, el eje de esta historia es esta pregunta que una hija se hace: ¿por qué te fuiste, mamá?”. Con esa reflexión, Diego Luna explicó el corazón de su nueva cinta. Contó que fue el libro el que le permitió descubrir distintas posibilidades cinematográficas, aunque una historia terminó por atraparlo.

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“Cuando empecé a preguntarme si había o no una película ahí, la respuesta fue: hay muchas historias en ese libro”, expresó. Sin embargo, encontró en la relación entre una hija y su madre ausente el punto de partida para construir su propia lectura.
- El Dato: EL Director reveló que la búsqueda de la protagonista fue con más de 200 actrices. Su intención era encontrar con quien pudiera construir el personaje desde cero.
“Era la historia de una hija que crece con esta ausencia materna, con la narrativa de un abandono”, señaló el cineasta, quien reconoció la generosidad de Navarro al permitirle llevar la obra a la pantalla sin imponerle una interpretación.
“La escritora fue muy linda y generosa en entregarnos el libro, en darnos la responsabilidad, pero también la libertad de hacer la película que encontrábamos en nuestra lectura”, afirmó el también actor durante la presentación.
“El desafío consistía en conservar la esencia de la novela y, al mismo tiempo, convertirla en una experiencia personal. Yo a lo que aspiré durante todo el proceso era que, ojalá, la esencia del libro estuviera representada ahí”.

El realizador también habló de la importancia de construir un espacio de confianza para los intérpretes. Su experiencia como actor desde niño influyó en la manera de dirigir, pues conoce la vulnerabilidad que implica ponerse frente a una cámara y entregar las emociones a un personaje.
“Para mí era muy importante crear un espacio donde hubiera seguridad para proponer, replantear y reaccionar; permitir el accidente, quiero decir, eso que no controlas, o que no ideaste”, explicó.
Luna defendió la comunicación como una herramienta indispensable para alcanzar la naturalidad de las escenas. “Yo creo en la comunicación como la gran herramienta para hacer cine y, en particular, para dirigir”, sostuvo. Y describió el proceso creativo como un intercambio en el que las ideas iniciales deben estar abiertas a transformarse: “Es como moldear algo de tal forma que parece ser ya lo que quieres, pero después estar dispuesto a soltarlo y que te lo regresen diferente”.
Adriana Paz destacó que los personajes que rodean a la protagonista tienen una influencia decisiva en su recorrido. “Algunos funcionan como un sostén o un abrazo, mientras otros la empujan a irse, a buscar otro lugar, porque no se permite sentir que pertenece”, señaló.
La actriz subrayó que las relaciones que aparecen en pantalla fueron resultado de un proceso de escucha y apertura. “Fue tiempo, escucha, conversación, acceder a una vulnerabilidad, entendernos”, dijo sobre el trabajo colectivo.
Por su parte, Luisa Huertas reconoció que la película la conectó con experiencias personales relacionadas con la migración y la pérdida. “La película me habló de mis propios huecos, de mis propias carencias y logros como ser humano”, compartió. También destacó la necesidad de ofrecer comprensión y cobijo a las personas migrantes, sin importar dónde se encuentren.
Para concluir, Diego Luna, resaltó que Ceniza en la boca abre una oportunidad para escuchar al otro. “Hay que reconocer las historias que suelen quedar fuera de la conversación pública”, concluyó.


