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Martha y William, en el episodio “El elefante en la habitación”. Foto: Especial

Un grupo de personas de distintas edades y extractos sociales viajan de noche prácticamente sin interactuar, asfixiados por el silencio y la oscuridad dentro de un autobús, cuyo siniestro conductor, cada cierto, tiempo arroja miradas furtivas por el retrovisor, acompañadas de muecas que amenazan con convertirse en una perversa sonrisa. No sabemos por qué están ahí ni cuál es su destino; podrían ser almas en pena camino al infierno, pero eso es lo de menos en este tipo de propuestas que se apuntan en la línea de clásicos como Historias desde la Cripta y La dimensión desconocida; lo importante es lo que el relato nos ofrece cada que el vehículo anuncia detenerse.

Y es que dicha visión, que nos recuerda a la película Chillers (1987), aquí funciona con acierto como guía, preludio y epílogo, de retorcidas historias que deambulan entre el terror y el humor negro, luciendo una evidente austeridad que pasa de ser una limitante, a convertirse en la mejor herramienta para jugar con el tono y no tomarse demasiado en serio, sin perder nunca los objetivos.

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Por cierto, estamos hablando de Bloodride, producción noruega que sin hacer demasiado ruido llega al catálogo de Netflix, pero que posee los elementos necesarios para ser descubierta más bien por el consabido de “boca en boca” y ganarse un lugar dentro del gusto de los amantes de las piezas de género.

Claro, como toda antología que se precie de serio, al estar integrada de episodios autoconclusivos, no puede evitar ser un tanto inconsistente: algunos de los capítulos adolecen de la transición precipitada en los protagonistas y acciones que, dejan ver las costuras de su ejecución; sin embargo, las líneas argumentales son claras y transitan con firmeza, teniendo a la ironía cómo detonador del absurdo en lo cotidiano, recurriendo a breves pero efectivos sobresaltos, además de momentos violentos que funcionan más por lo inesperado que por lo gráfico que llegan a ser, y de vestirse con un muy disfrutable aire a serie B.

Por otro lado, a su favor también cuenta con el contexto al que pertenece, mismo que le da identidad y, a ojos del público de este lado del mundo, resulta bastante refrescante. Bloodride, pues, es una propuesta inquietante y divertida; buena opción para quienes gustan de los conceptos tipo matinée; ideal para ver en grupo, sea en partes o de un jalón, ya que sólo son seis episodios de moderada duración, que van de sacrificios de sangre y escuelas con fantasmas, a escritores malignos y extrañas fiestas con botargas.

Bloodride

  • Directores: Geir Henning Hopland y Atle Knudsen
  • Género: Horror
  • País: Noruega
  • Año: 2020

Relatos espeluznantes

Los capítulos de la serie:

“El sacrificio”: Molly es una citadina que batalla con la vida de campo, hasta que descubre la razón por la cual sus vecinos son tan apegados a sus mascotas.

“Tres hermanos desquiciados”: Tras tres años en un hospital psiquiátrico, Erik decide manejar a la cabaña de su familia; en el camino le da un aventón a un problemático.

“El escritor malvado”: Olivia se dedica de lleno a su nuevo taller de escritura, hasta que la profesora y un compañero la hacen cuestionar su realidad.

“Ratas de laboratorio”: Un magnate de la industria farmacéutica humilla a los invitados a una cena, incluida su esposa, al descubrir que uno de ellos le robó un prototipo.

“La vieja escuela”: La profesora Sanna se traslada a una escuela rural que estuvo cerrada 40 años; allí, las víctimas de una tragedia la contactan más allá de sus tumbas.

“El elefante en la habitación”: Durante una salvaje fiesta de oficina, los dos empleados nuevos intentan descubrir el misterio de la muerte de uno de sus compañeros.