EN NUESTRO PAÍS, cerca de 1.3 millones de niñas y niños de entre 1 y 4 años tienen niveles peligrosos de plomo en la sangre, lo que representa el 17.2% del total de la población, de acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).
La principal fuente de envenenamiento es el uso de loza de barro vidriado con este elemento altamente nocivo, una práctica aún extendida en la cocina tradicional de algunas entidades del país.
El problema afecta sobre todo a infancias indígenas, en contextos de pobreza o desnutrición, y puede provocar daños neurológicos y cognitivos irreversibles, como la reducción del coeficiente intelectual y problemas de aprendizaje.
Aunque existen programas para promover el barro libre de plomo, su aplicación ha sido limitada, lo que mantiene esta crisis de salud pública y de injusticia ambiental en las infancias mexicanas.

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