Enviado en Tijuana
Aún no sale el sol y los migrantes de Centroamérica, El Caribe y África ya se acercan a la garita de El Chaparral, la última línea que divide a México y Estados Unidos. Los extranjeros llegan en taxi, camionetas o caminando desde todos los puntos de Tijuana para ser los primeros en obtener un registro con el anhelo de mejorar su calidad de vida.
Con maletas desgastadas, mochilas roídas, chamarras y algunas cobijas, comienzan a llegar a la aduana para sentarse, acostarse o quedarse parados hasta que den las 08:00 horas, cuando salen los integrantes del Consulado de San Diego, California, a dar las fichas para inciar el proceso migratorio.
Muchos saben, sobre todo quienes no fueron los primeros en llegar, que posiblemente no alcanzarán turno, porque sólo se recibe como máximo a 30 personas por día, aunque en la fila hay más de 100.
“En nuestro país ya no tenemos la esperanza de estar porque tenemos muchos problemas con la inseguridad, aparte no hay trabajo y por eso decidimos probar fortuna”
Joselyn
Migrante hondureña
Quienes ya cuentan con una ficha se acercan como todos los días a ver si en la hoja de papel que pega el personal del en una de las paredes ya aparece su número para ingresar y entrevistarse con los agentes migratorios para explicarles por qué desean obtener asilo en ese país.
“Acá estamos a la espera de que un día cambie el número y nos llamen para entrevista. Ahorita apenas tienen el número dos mil 685 y nosotras tenemos el tres mil 421; eso quiere decir que estaremos unos meses más acá en Tijuana”, menciona Walter Zermeño, originario de Honduras, a La Razón.
[caption id="attachment_950104" align="alignnone" width="696"] Familias hacen fila en la garita de El Chaparral para solicitar asilo en el Consulado de San Diego, ayer. Foto: Jorge Butrón, La Razón[/caption]
“Sí, aquí andamos desde hace casi un mes, pero cada día se vuelve más difícil para nosotras que venimos solas. En nuestro país ya no tenemos la esperanza de estar porque tenemos muchos problemas con la inseguridad, aparte no hay trabajo y por eso decidimos probar fortuna”, dice Joselyn, migrante hondureña quien viaja acompañada de una amiga y su hijo.
El trámite es “engorroso y desesperante” a decir de los migrantes, porque primero deben formarse hasta por siete horas para que les den un número (ficha) de registro para iniciar el proceso de asilo; después, esperar entre uno y dos meses para que éste aparezca en la lista para la entrevista, y cuando ello ocurra explicar los motivos para solicitar asilo.
Dicho proceso, que se realiza en la estación migratoria de San Diego, dura entre una semana y dos meses, según agentes. Lo que sigue es salir y esperar cinco meses más hasta que les den una resolución final, lo que implica un viacrucis para la mayoría, pues el proceso no tardará unos días como pensaban, sino alrededor de ocho meses.
Más difícil se torna el panorama si se considera que traen pocos ahorros y algunos tuvieron que pagar extorsiones o moches para llegar hasta Tijuana.
“Ahorita apenas tienen el número dos mil 685 y nosotras tenemos el tres mil 421; eso quiere decir que estaremos unos meses más acá en Tijuana”
Walter Zermeño
Migrante hondureño
Luego de recorrer tres mil 652 kilómetros, los hondureños se topan con un proceso largo que merma la esperanza de llegar a Estados Unidos como quisieran. Entonces deben hacerse a la idea de quedarse en esa ciudad donde impera la violencia y la drogadicción, buscar un empleo o conseguir un albergue que los quiera recibir, pues la mayoría están llenos.
En esa fila también sortean a desconocidos que se acercan a ofrecerles servicios para agilizar los trámites y se encuentran con vagabundos que les piden unos pesos. A lo lejos se encuentran elementos de la Gendarmería Nacional que sólo miran, pese a la molestia e impotencia de algunos migrantes.
Niñas, niños y adolescentes forman parte de esa hilera que soporta el frío de la mañana y los intensos rayos del sol por la tarde, así como el hambre e incluso falta de atención de los adultos, agobiados por los trámites.
El Dato: Luego de la muerte de un padre y una bebé migrantes, la ONU destacó que el pacto mundial es clave para evitar tragedias de este tipo.
[caption id="attachment_950103" align="alignnone" width="696"] Decenas de migrantes se aglomeran frente a las oficinas en espera de una entrevista. Foto: Jorge Butrón, La Razón[/caption]
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