Muy comentado ha sido lo que muchos han visto como otra expresión del narcisismo en la política mexicana: la develación de un retrato del senador morenista Gerardo Fernández Noroña, quien ahora queda inmortalizado en los muros de la Cámara alta. Aunque esto del retrato tiene una explicación lógica —se hizo porque fue presidente del Senado— ninguno de sus antecesores montó algo así como para que todo el mundo lo viera. Nos dicen que, con todo y que Noroña no brilló el año pasado por su desempeño legislativo —fue el que menos iniciativas subió—, sí ha brillado, como ahora insiste en demostrar, por su desenfrenada necesidad de exposición mediática: hace no mucho se viralizó por enésima vez en una fotografía en la que aparece dormido en un asiento-cama de clase ejecutiva en su vuelo Roma-Ciudad de México, ahora aparece en ánimo triunfalista, vestido de blanco, con el puño alzado, en una reproducción al óleo que costó 27 mil 840 mil pesos. ¿Qué tal?

