Cada año, millones de fieles acuden a iglesias de todo el mundo para recibir una cruz de ceniza en la frente, marcando el inicio de la Cuaresma. Este gesto sencillo encierra un profundo significado espiritual dentro de la tradición católica.
Más allá del símbolo de arrepentimiento y reflexión, pocas personas saben exactamente de dónde proviene la ceniza que se impone durante esta ceremonia religiosa.
Su origen no es improvisado ni simbólico al azar: responde a un ritual con siglos de historia que conecta directamente con las celebraciones del año anterior, en La Razón te contamos de dónde viene.

¿De dónde sale la ceniza?
La ceniza utilizada en el Miércoles de Ceniza proviene principalmente de las palmas bendecidas durante el Domingo de Ramos del año anterior. Estas hojas de palma, que recuerdan la entrada de Jesús a Jerusalén, son recolectadas por las parroquias una vez concluidas las celebraciones de Semana Santa.
Conforme se acerca la nueva Cuaresma, las palmas secas son quemadas cuidadosamente hasta convertirse en polvo fino. En muchas iglesias, este proceso se realiza de manera simbólica y respetuosa, recordando el ciclo de vida, penitencia y renovación espiritual.
Una vez obtenida, la ceniza suele ser bendecida por el sacerdote antes de la ceremonia, y en algunos casos se mezcla con agua bendita o aceite para facilitar su aplicación en la frente de los fieles en forma de cruz.

El uso de ceniza como signo de humildad tiene raíces bíblicas. En el Antiguo Testamento, cubrirse de ceniza representaba arrepentimiento, duelo y reconocimiento de la fragilidad humana. Por ello, durante la imposición se pronuncian frases como “Polvo eres y en polvo te convertirás”.
Este ritual marca el inicio de los 40 días de preparación espiritual rumbo a la Semana Santa, invitando a la reflexión, el ayuno y la renovación de la fe.

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