Y en otro capítulo sobre el misterio del salón de belleza en el Senado de la República, cuya responsabilidad ha representado una papa caliente que rebota entre legisladoras y grupos parlamentarios, el presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara alta, el morenista Ignacio Mier, quiso dar por terminada esta controversia de una vez por todas, al señalar, primero, que ya no habrá más servicios para que las senadoras —y también los senadores— se den una manita de gato, y, en segundo lugar, al afirmar que el mobiliario que había en dicha estética —por cierto valuado en no más de 40 mil pesos— ya estaba ahí desde legislaturas anteriores, por lo que la actual integración parlamentaria no tiene la culpa, sólo usó lo que había. En fin, para evitar más conflicto, Mier dejó claro que aquellas amenidades no volverán a usarse y prometió que de ahora en adelante —ahora sí— se transparentará todo lo relacionado con servicios que se presten en las instalaciones legislativas. Ah, bueno.

