Los que florecen en soledad. Carson McCullers

En El corazón es un cazador solitario, la primera novela que escribió Carson McCullers en 1940, se perfilaban ya los temas centrales de toda su obra posterior: personajes marginados —a veces grotescos—, débiles, aislados y profundamente solos. Virginia Spencer Carr cuenta en la biografía sobre McCullers que ella alguna vez afirmó: “Todo lo que sucede en mis relatos, me ha sucedido, o me sucederá.” Susana Iglesias le dedica un ensayo personal a la escritora, con quien se siente emocionalmente vinculada.

Los que florecen en soledad
Los que florecen en soledad Foto: Especial

Una casa en ruinas nos podría definir. Los espacios que habitamos nos perciben, sienten, nos observan, se fusionan con nosotros. Temblamos de miedo y deseo por el otro que nos traspasa con su amor incomprensible. El verano es herida latente, asfixia todo en mí. El sol destruyéndolo todo, abrasando sin piedad los azules imposibles como un presagio fatal. Los días nítidos son presagio de muerte en mi existencia. En días nublados fundo mi tranquilidad. Invoco la muerte de los amantes en verano, ¿de qué ríen las personas? ¿por qué? es la muerte de la primavera. El invierno ha muerto en nuestra ciudad desde hace algunas semanas, falta poco para el inicio del calor primaveral que año con año seca más una ciudad que alguna vez fue de lagos. Cada año son más cortos los inviernos, no hay tregua para la tranquilidad helada de la quietud de las sombras. He soñado pesadillas de cisnes flotando, muertos, girando en el remolino de som-bras del bosque de Chapultepec. Y una enorme canasta de mimbre que perteneció a tus padres también flota en ese lago de recuerdos vivos y sangrantes como el corazón de ese cazador solitario que es el amor. He soñado caballos exhaustos, moribundos, lánguidos e inertes sobre las hojas. Te he soñado, sin esa barba con la que te conocí o al menos eso creí… conocerte. Te he soñado, sin la tristeza rabiosa en esos ojos tan bellamente solos que un día fueron capaz de rendirme. He soñado aquellas dos tazas de café flotando a la deriva en los abismos del lago que una vez observamos diseccionando nuestras soledades compartidas mientras vimos a nuestro cisne blanco muerto, aquellas personas reían sin consideración, ¿no es nuestro corazón un animal hambriento?, te pregunté una madrugada en tu casa mientras devoraba tu mirada y la aceituna de un martini a punto de acabarse. Mirabas en silencio, en la habitación había un incendio invisible, podía sentirlo en aquella mirada, en la forma de tus labios nerviosos tratando de pronunciar algo que nunca pudiste, en los gatos espiando en la obscuridad latente como la entraña de un asesino a punto de comerse el corazón de su amante; la noche resbalaba por la ventana, pusiste una cover de Johnny Cash de una canción de David Allan Coe que define todas mis conexiones…

We could spend a night together

Take up where we left off

She used to love me a lot

Podríamos pasar la noche juntos

Continuar donde lo dejamos

Ella solía amarme demasiado

EL AMOR ARRASTRA UN CUERPO HERIDO, una casa, un café impregnado de una balada llamada: tristeza, habita la incomprensión y el silencio, la literatura de Carson McCullers también; en sus atmósferas el silencio es una bestia compasiva / despiadada que devora / consuela todo lo que observa, siempre presente.

And the silence was not a local silence,

but a vast and terrible silence that lay over the whole world.

Y el silencio no era un silencio local,

era un vasto y terrible silencio que se extendía sobre el mundo entero

(The heart is a lonely Hunter)

El amor es un hacha que todos hemos usado contra nosotros mismos y el otro alguna que otra vez. Existe un filo demasiado peligroso cuando decidimos ser amado y no el que ama, es una especie de locura inestable esa elección que puede parecer inocente, no lo es. Las personas que son amadas huyen tarde o temprano del amante. Lula Carson nació frágil y solitaria en Georgia, el 19 de febrero de 1917, con su luna & Venus en Acuario, mística neptuniana, reservada, confusa, ambigua, de libertad marginal, rebelde. Emociones y enfermedades fueron una funesta carga desde temprana edad y el eje absoluto de su obra. Poco antes de cumplir dieciocho años a Carson la fiebre reumática casi le arrebató la vida, como consecuencia, la enfermedad provocó varios infartos durante todo el tiempo que habitó este plano. Su madre, Marguerite Waters, estaba obsesionada con que Lula se convirtiera en pianista de música clásica, tenía seis años cuando empezó a estudiar música, a la edad de diez años podía pasar ocho o diez horas frente al piano. Amaba la música y la literatura.

SU PADRE, EL JOYERO Lamar Smith le regaló cuando tenía catorce años una máquina de escribir, un suceso decisivo en su existencia. Esa bestia metálica fue su otro piano, la aporreaba sin descanso ni piedad desde temprana edad, comenzaba la adolescencia cuando decidió que no era Lula ya, ahora era Carson, el piano ya no era parte de sus planes, deseaba ser escritora. Se fue en barco desde Columbus a Nueva York con la intención secreta de cambiar de vida, para sus padres era la oportunidad de estudiar música en The Juilliard School, un conservatorio de artes. Sus padres vendieron una joya que la abuela de Carson le había heredado, para poder pagarle los estudios de música. Tenía diecisiete años, el robo de ese dinero en el metro de NYC le impidió matricularse en Juilliard. Empezó a estudiar escritura en la Universidad de Nueva York, trabajó como vendedora de bienes raíces y mesera para subsistir. Recuerdo que hice un mapa para visitar los lugares donde trabajó, en esas largas caminatas pensaba en aquella casa en la que escribió casi toda su obra, Carson veía el solitario río Hudson desde su portal, los corazones más solitarios de la literatura americana, tan cerca. En algún momento el destino me llevó a Texas, ahí pude ver la transcripción de las cintas de las sesiones con su terapeuta: Mary Mercer, tristes e interesantes, recuerdo leerlas, vive en mí el polvo de aquella frontera y aquellas casas muertas de banderas confederadas, la silenciosa orfandad mortal del Río Bravo, el nítido sonido espectral del silencio, el golpe de calor que atacaba en la sombra, recuerdo los bares peligro-sos en medio de la nada, después el regreso a casa, la sensación turbu-lenta de tristeza casi amarga, no tener ganas de salir durante meses pensando en todo aquello que Carson exponía en esas sesiones. Los archivos yacen en Texas y Columbus. No sé si deberían haberse expuesto, me sentí espía, traidora. Al mismo tiempo sé que Carson antes de morir, cuando estaba hospitalizada en Harkness tras una cirugía debido a la inmovilidad de su brazo izquierdo, le entregó a su agente Lantz una copia de sus transcripciones de terapia con las que planeaba escribir su autobiografía. Había dos copias, una la tenía la secretaria de Mary Mercer, otra estaba con Carson, el agente guardó el archivo que lo conmovió profundamente. Cuando Carson nos abandonó, la psiquiatra le prohíbe a Lanz hacerlas públicas por tratarse de cintas confidenciales provenientes de terapia psiquiátrica; es a la muerte de Mercer que un archivo celosamente guardado se comparte con los lectores huérfanos de Carson. No sé qué buscaba en esas cintas, probablemente respuestas a preguntas imposibles, buscaba cercanía con Carson, necesitaba saber qué sentía. No puedo decir que entendí aquellas palabras porque no es posible entender a nadie externo a nosotros, para mí, esa fue la enseñanza tras leer toda su obra: la imposibilidad de comprender al otro, la infinita rebelión contra el aislamiento interior.

Frankie y la boda recibió el premio Donaldson a la mejor obra
de teatro de 1950.
Frankie y la boda recibió el premio Donaldson a la mejor obra de teatro de 1950. ı Foto: ©Henri Cartier-Bresson Magnum

EN SUS ÚLTIMOS CINCO MESES de vida, Carson McCullers dictó a enfermeras, estudiantes, pacientes y amigas, su biografía: Iluminación y fulgor nocturno (1967), las autobiografías son la extensión de la ficción. Probablemente su primera convulsión sucedió cuando murió su abuela, Lula Caroline Carson Waters, su primer amor. Poco antes de cumplir dieciocho años a Carson la fiebre reumática casi le arrebató la vida, como consecuencia, la enfermedad le provocó varios infartos durante todo el tiempo que habitó este plano. A los diecinueve años la terrible enfermedad del amor atacó su corazón, se enamoró de Reeves McCullers, amigo de su mejor amigo Edwin Peacock. Se casó con él ilusionada por un matrimonio de “amor y escritura”. Huyó de Reeves, él le propuso suicidarse juntos mientras vivían en París. Se fue a Nyack, sur de Nueva York, en aquella casa con vista al letal y majestuoso río Hudson, la fantasmal madera blanca del siglo XIX fue el refugio en el que ella escribió ferozmente, ahí, una mañana de febrero de 1959 que seguramente era helada, compartieron sus profundas soledades en un almuerzo de ostras y champagne: Marilyn Monroe, Isak Dinesen, Carson. Al pensar en su casa, es inevitable descubrir que las edificaciones en la obra de McCullers son organismos vivos, como la pensión de El corazón es un cazador solitario, entidad de silente alma. El antihéroe es un sordomudo que se llama John Singer, el amor es la combustión que acabará con el mundo interior del que ama, hará arder al amado, finalmente, el único final posible: la disolución o la huida. Spiros Antanapoulos es sordo, amado por su mejor amigo: Singer. Internado en un psiquiátrico, consumido tal vez por la “realidad” o el deseo silencioso de Singer. También los objetos en su literatura son entidades, tazas de café heladas como metáfora de lo difícil y frío que puede ser intentar comprender el mundo exterior. El piano de Mick Kelly que construye con cajas de madera y cuerdas ante la imposibilidad económica de su familia demuestra que el mundo interior no necesita de la realidad tangible para amar, soñar, crear, sentir o tocar música, Mick no necesita un piano físico, su inside room piano es suficiente.

EN SUS ÚLTIMOS CINCO MESESDE VIDA, CARSON McCULLERS DICTÓ A ENFERMERAS, ESTUDIANTES, PACIENTES Y AMIGAS, SU BIOGRAFÍA: ILUMINACIÓN Y FULGOR NOCTURNO (1967).

LA REALIDAD ES LA HIENA que termina despedazando a las personas: cuando Mick consigue un trabajo queda exhausto, no comprará un piano, ya no quiere tocar. Los sentimientos y objetos descompuestos dan sentido al mundo. No existe nadie intacto. Llevamos fisuras, grietas, algo descompuesto nos habita, nos persigue, nos hiere. Pienso en Lucille, la niñera negra de Carson que amaba la ginebra, Lucille estuvo presa por una acusación falsa, la encuentro en el personaje de Portia Copeland, cocinera de los Kelly, la silenciosa fe de Portia es su espada contra la realidad aplastante, su padre es un médico que vive acorralado por el racismo, la desigualdad y sentido de no-pertenencia. Blount, obrero testigo de una realidad violenta, desigual, consumido por un idealismo que se torna violento, es un ser ruidoso, obsesionado con la conciencia, Carson describe su mirada como “alguien que ha visto algo que no se puede olvidar”, llegó al sur para armar una revolución y despertar a las personas. Errancia, alcohol, palabras, Jake Blount no conecta con nadie porque comprende algo terrible:

the whole system of the world

is built on a lie

todo el sistema del mundo

está construido sobre una mentira

La casa en Charlotte, North Carolina, 1937.
La casa en Charlotte, North Carolina, 1937. ı Foto: Eigene Aufnahme / Creative Commons

Jake cree que Singer le entiende, sucede que Singer no puede responderle con palabras. Biff Brannon observa a todos, es dueño del Café Nueva York. Carson escribe del amor como un auto que no sabe en qué carretera terminará, es un potente motor sin dirección de infinita gasolina. No existe tragedia en estar solo, la tragedia real es la fuerza del amor. Fuerza que no está hecha para un mundo ordinario y efímero. El silencio de Singer no lo mantiene incomunicado, al contrario, es ese silencio el que atrae fatalmente a todos los personajes que orbitan en su apacible trampa, hablar con una persona muda es confesarse, no hay respuestas. Sus personajes buscan la contemplación silenciosa de los otros. El silencio como una forma de compasión, ¿intentamos comunicarnos o interrumpimos la naturalidad de nuestras soledades?... “la soledad se convierte en una enfermedad profunda”, no todos desean curarse.

CARSON PROVENÍA DE UNA ESTIRPE DE GRANDES BEBEDORES, A SU ABUELA SOLÍAN VISITARLA DAMAS DE LA LIGA ANTIBEBIDA, ELLA LES OFRECÍA PONCHE CON ALCOHOL

Su hermosa amistad con el deslumbrante Tennessee Williams fue amor real. Almas tan parecidas, escribiendo algo diferente a todos los escritores de su época. Escribir sobre las heridas no puede ni debe hacerlo cualquiera, exponerse es atroz y mortal… sólo lo sabe el que escribe las heridas y el que las lee. Tennessee motivó a Carson a adaptar su novela Frankie y la boda a una pieza teatral. En la misteriosa Isla de Nantucket, un verano de 1946, ambos escribían las obras que más tarde serían parteaguas fundamentales de la literatura americana: Verano y humo, Un tranvía llamado deseo, y la adaptación de Frankie y la boda. En la mesa del comedor de Tennessee dos seres asombrosos escribían sus obras por la mañana, entrada la tarde bebían. Carson se preparaba un coctel de jerez con té, Tennessee algo de whiskeycon secobarbital o varios daiquirís; por las noches comentaban avances. Carson provenía de una estirpe de grandes bebedores, a su abuela solían visitarla damas de la liga antibebida, ella les ofrecía ponche con alcohol. Williams le envió una carta de admiración por su obra, la invitó a pasar un fin de semana en su cabaña de la calle Pine #31, la estancia se convirtió en una convivencia de meses, él estaba entonces decidido a morir, atravesaba una cruel racha, ella estaba enfrentando una crisis de salud. Los dos se sentían atrapados en un agujero que no les permitía escribir libremente. Carson tocaba el piano, cocinaba. Una noche, una terrible tormenta rompió las ventanas de aquella cabaña, una gata se metió y parió a sus crías en la cama de Carson. El amante de Te-nnessee, llamado Santo, le dio whiskey a la gata para aminorar el dolor, nacieron nueve gatos. Antes de Nantucket, Tennessee vivía en el barrio francés de Nueva Orleans, desde su ventana el estruendo de dos líneas de tranvía lo inspiraron: Desire y Cementery, las rutas que nos asedian. Esa geografía accidental literaria le mostró que rumbo al deseo encontramos la muerte. Estuvo en nuestro país, probablemente de ahí surge la vendedora en su pieza deteatro Un tranvía llamado deseo, esa que ofrece flores para los muertos. Tennessee estuvo en Chapala, lugar en el que trazó todo el esqueleto de su tranvía. Su icónica Blanche Dubois está inspirada en su hermana Rose que sufría trastornos mentales. Los solitarios de corazón abierto terminamos devorados por personas idiotas, burdas, crueles, no pienso discutirlo. El caballo Firebird en Reflejos en un ojo dorado (1967) es un personaje crucial, representa el ímpetu del deseo humano, Firebird es libre, nada entiende de jerarquías militares, ni de obe-diencia. Salvaje, indomable, se deja montar por quien le agrada. Aquella fotografía de Carson que aparece en su autobiografía Iluminación y fulgor nocturno (1967) me persigue ferozmente en momentos terribles y alegres, una niña de dos años con un hermoso vestido blanco tejido con un moño en el cuello que parece aprisionar su cuerpo, botas negras, las manos sostienen un enorme libro, la mirada no es visible, así podría definirse toda su existencia: un ser contemplativo. Los pies cuelgan en la enorme silla, el mundo no estaba a la medida de un corazón tan grande. Un poema que Bukowski le escribió define como nadie su condición:

she died of alcoholism,

wrapped in a blanket

on a deck chair

on an ocean

steamer

all her books of

terrified loneliness

all her books about

the cruelty

of loveless love

were all that was left

of her

as the strolling vacationer

discovered

her body

notified the captain

and she was quickly dispatched

to somewhere else

on the ship

as everything

continued just

as

she had written it

murió de alcoholismo

envuelta en una manta

en una tumbona

en un vapor

marino

todos sus libros

de aterradora

soledad

todos sus libros sobre

la crueldad

del amor sin amor

fue todo lo que quedó de

ella

cuando el vacacionista descubrió

su cuerpo

le avisó al capitán

y la enviaron rápidamente

a algún otro lugar

del barco

mientras todo sucedía

justamente

como

ella

lo había escrito