Imposible, nos comentan, que el partido guinda no salga perjudicado por los señalamientos que han hecho autoridades estadounidenses contra varios de sus afiliados por supuestas ligas con el narco. De ahí que, dicen, pocos políticos quisieran estar en los zapatos de la nueva dirigente morenista Ariadna Montiel, a quien en buena medida le toca encabezar la titánica tarea de lavarle el rostro a esta fuerza política, además, con un combo de elecciones federales y locales en puerta. De ahí que su propuesta de colocar en candidaturas sólo a trayectorias “intachables” esté haciendo ecos de urgencia entre otras figuras del movimiento, como el coordinador de los diputados guindas, Ricardo Monreal, que reconoció que Morena debe sacudirse la herencia del PRIAN —sobre todo a nivel regional— de permitirse la vinculación entre el poder político y el poder criminal. Casi en el mismo sentido fluyeron las declaraciones del coordinador de los senadores morenistas, Ignacio Mier, sobre que su partido podrá ser lo que quieran menos “el payaso de las cachetadas”, ante los fuertes indicios de narcopolítica por los que el guinda se encuentra hoy en la mira.

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