Afectación en siete entidades

Violencia rompe calendario de clases en 34 municipios

Balaceras, amenazas y extorsiones obligan a cerrar aulas o a migrar a sesiones virtuales; exposición al crimen repercute en el desempeño de los alumnos, considera experto

Un hombre fue asesinado afuera de una escuela en Edomex, en foto de archivo. Foto: Cuartoscuro

El ciclo escolar en México ya no depende sólo de decisiones administrativas o de fenómenos como el clima extremo. La violencia también lo modifica, lo reduce o lo interrumpe. Durante el periodo actual, escuelas de educación básica en al menos 34 municipios cerraron, ajustaron sus horarios o migraron a clases virtuales durante las primeras 20 semanas de actividades.

De acuerdo con el registro de la organización Mexicanos Primero, la incidencia delictiva ha comprometido el derecho a la educación en localidades de siete estados. Sinaloa figura entre los casos más graves, con una dinámica escolar marcada por balaceras, amenazas, extorsiones, cierres preventivos, traslados de riesgo y altos niveles de ausentismo.

El estudio “Exposición al crimen y resultados educativos en México” de Pedro Paulo Orraca-Romano, muestra que la violencia tiene efectos medibles sobre el desempeño escolar.

  • El Dato: Ante la ola de violencia en Tamazula, Durango, maestros pidieron ser evacuados. El secretario de Educación estatal, Guillermo Adame, dijo que no hay planes para ello.

El investigador cruzó resultados de la prueba ENLACE, datos del censo escolar, homicidios municipales y asesinatos vinculados al narcotráfico para analizar el impacto del crimen en niñas, niños y adolescentes. Su hallazgo central apunta a una relación entre el aumento de estos crímenes con puntajes más bajos en estas pruebas académicas, además de tasas más altas de reprobación.

La afectación resulta más fuerte en escuelas públicas y comunidades con mayor marginación, donde las familias tienen menos recursos para compensar la pérdida de clases, el miedo o la inestabilidad cotidiana.

Orraca-Romano también identifica un impacto mayor cuando los homicidios ocurren cerca de la fecha de evaluación. Ese dato permite dimensionar que la violencia no sólo reduce la asistencia, también altera la concentración, la preparación y el rendimiento de los estudiantes.

  • 80 maestros de Michoacán pidieron cambio de adscripción por amenazas

Culiacán concentra uno de los casos más severos. La ciudad atraviesa una ola de violencia ligada a la confrontación entre grupos del crimen organizado, derivada del quiebre interno entre facciones del Cártel de Sinaloa tras la captura de Ismael El Mayo Zambada.

Dos semanas después del inicio de la crisis de seguridad, en septiembre de 2024, la Secretaría de Educación Pública y Cultura del estado reportó 582 escuelas cerradas de 978 planteles matutinos de educación básica. La cifra equivale a casi seis de cada 10 escuelas sin clases presenciales en la capital sinaloense.

Nicolás Salinas Rocha, profesor de sexto grado en Culiacán, recuerda que el cierre de escuelas empezó a sentirse antes del aviso oficial. Primero faltaron tres alumnos, luego ocho, después casi la mitad del grupo.

Las madres escribían al chat grupal para preguntar si habría clases; los padres pedían confirmar si el camino a la escuela era seguro, y los niños llegaban con relatos que ningún estudiante de 11 años debería llevar al salón.

“Había días en que abría el cuaderno de matemáticas y ellos seguían atentos a lo que pasaba afuera. Cualquier ruido los ponía nerviosos. Uno intenta mantener la calma, pero también escucha las patrullas, los mensajes de alerta, las versiones de una balacera en otra colonia. En sexto de primaria los niños ya entienden demasiado, aunque todavía necesitan que un adulto les diga que todo va a estar bien”, relata.

Cuando la escuela cerró, el docente trasladó parte del trabajo a mensajes, guías y llamadas breves con las familias. No todos podían conectarse. Algunos alumnos compartían teléfono con sus hermanos; otros dejaron de responder por días. El maestro entendió entonces que la educación a distancia, en medio de una crisis de seguridad, no sólo depende de Internet o de tareas enviadas, sino de que una familia tenga tranquilidad suficiente para sentarse a estudiar.

Su mayor preocupación fueron los estudiantes que estaban por terminar la primaria: “Sexto es un año de despedida, de preparación para la secundaria, de aprender a soltarse un poco. Pero en lugar de hablar del cambio de escuela, hablábamos de no salir, de cuidarse, de avisar si estaban bien. Muchos perdieron clases, pero también la confianza en su ciudad.

“Cuando una escuela cierra, un niño de sexto no sólo pierde una lección. Pierde su rutina, su grupo, su último año de primaria y el lugar donde todavía podía sentirse acompañado. Eso fue lo más duro: tratar de enseñar mientras la ciudad les decía que no salieran, que no confiaran, que esperaran otro día”, relató.

En Tabasco, la afectación escolar también alcanzó a la capital estatal. Villahermosa aparece dentro del registro nacional de al menos 34 municipios de siete entidades donde la violencia obligó a cerrar escuelas, reducir horarios o trasladar clases a modalidad en línea durante las primeras 20 semanas del ciclo escolar.

Aunque los datos no precisan el número total de planteles cerrados, sí identifica un alto nivel de ausentismo entre los estudiantes durante periodos puntuales de violencia. Otra capital afectada por este fenómeno es Tuxtla Gutiérrez, que también figura entre los 17 municipios con una tasa elevada de cierres, ausentismo y conflictos registrados durante el último periodo escolar.


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