Alertan por rezago juvenil

Educación, al alza; opciones laborales caen

Reciben ingresos marginales cuatro de cada 10 hombres y cinco de cada 10 mujeres de 15 a 29 años con escolaridad media superior y superior; ven presión futura sobre pensiones

Educación, al alza; opciones
laborales caen
Educación, al alza; opciones laborales caen Foto: Cuartoscuro

Alicia se graduó de la licenciatura en Comunicación hace más de cuatro años, pero a la fecha no ejerce a plenitud su carrera porque, dice, siente que no “llena” las vacantes a las que se postula, situación que la ha llevado a aceptar trabajos que la orillaron a reconsiderar una ampliación de estudios, lo que se convierte en otro obstáculo para laborar con lo que siempre anheló.

“Cuando comencé a ir a entrevistas de trabajo, me di cuenta de que las pocas vacantes que fui encontrando eran en empresas que piden hacer las tareas con conocimientos que ya rebasan con lo que yo salí de la universidad…

“Acepté vacantes que no tienen nada que ver con lo que yo quería hacer y salarios bajos, pero que finalmente me dejaron tiempo para volver a estudiar cursos. Pero simplemente parece que no salgo del círculo, sigo siendo una carga económica para mi familia, no encuentro un buen empleo y no me desempeño en lo que quería”, explicó la joven de 28 años.

  • El Dato: UN ESTUDIO plantea fortalecer el vínculo entre la oferta educativa y la demanda del mercado para reducir la desocupación y mejorar los niveles de ingreso real de los jóvenes.
FORMACIÓN
FORMACIÓN ı Foto: Especial

El caso de Alicia habla del contexto que ha llevado a que se enciendan focos rojos sobre los jóvenes, en donde, a pesar del fortalecimiento para su preparación académica, su autonomía financiera no sólo perjudica su presente, sino que también alerta sobre una presión fiscal para el país en cuanto al sistema de pensiones.

Un análisis del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados advirtió sobre un contexto adverso de empleabilidad, al señalar una “elevada dependencia” hacia esquemas de transferencias monetarias directas, como lo son los programas sociales, con los que se considera que termina por condicionar la sostenibilidad económica de los jóvenes y que, a la larga, “podría limitar el desarrollo de capacidades productivas de largo plazo, si no se vincula con incentivos al empleo formal”.

Apuntó a que 47.5 por ciento de personas entre 15 y 29 años ya cuentan con escolaridad media superior y superior, indicador que supera al 39.6 por ciento de la población mexicana total.

Sin embargo, este fortalecimiento a la preparación académica no se ha traducido en mejoras a las condiciones económicas de dicho grupo, ya que 6.4 por ciento de hombres y 6.9 por ciento de mujeres no reciben ingresos; 39.3 por ciento y 48.6 por ciento, respectivamente, apenas ganan un salario mínimo y 36.1 y 28.2 por ciento, de uno a dos, expuso el informe.

PERCEPCIÓN
PERCEPCIÓN ı Foto: Especial

Visto de otra forma, cuatro de cada 10 hombres jóvenes y cinco de cada 10 mujeres del mismo grupo no tienen ingresos o los que reciben son marginales. La situación escala a lo nacional. El Consejo Nacional de Población (Conapo) estimó que, si las tendencias demográficas se mantienen, en donde cada vez las personas tienen menos hijos, entonces la pirámide poblacional se invertirá en 44 años.

“Esta transición demográfica supone un riesgo para la sostenibilidad de las finanzas, debido a la mayor presión sobre los sistemas de pensiones y a la potencial erosión de la base recaudatoria”, advirtió.

El panorama también se torna adverso al observar las tendencias educativas frente al “acelerado cambio tecnológico y productivo” de los jóvenes mexicanos, alertó el profesor investigador de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) Iván de Jesús Contreras, cuyo análisis estadístico expone que, hasta el ciclo escolar pasado, la matrícula en educación superior era de cinco millones 519 mil estudiantes y un millón nueve mil egresados, en donde lo que se nota es una concentración de la matrícula en pocas carreras: tan sólo 10 áreas concentran 73.83 por ciento de la población universitaria nacional.

Los campos tradicionales de servicios, como Negocios y Contabilidad, Administración, Derecho, Ciencias Sociales, Ciencias de la Educación y Formación Docente, agrupan, por sí solas, 48.28 por ciento de la matrícula y 53.31 de los egresados.

“Veinte años eligiendo lo mismo, en un mundo que en ese periodo inventó los smartphones, la inteligencia artificial generativa, las criptomonedas y la economía del dato”, dijo.

En contraste, otras carreras que resultan vitales para el país, como agronomía y veterinaria, apenas concentran 2.57 por ciento de la matrícula con 19 mil 848 egresados en el ciclo pasado, lo cual consideró “insuficiente” frente a los desafíos que implica la soberanía alimentaria.

A esto se suman otras adversidades que incluso evocan la persistencia de desigualdad social y estereotipos, como el hecho de que, mientras en la Ciudad de México hay más de mil 700 egresados por cada cien mil estudiantes, en estados como Oaxaca el indicador se desploma a 352 por cada cien mil. El investigador advirtió que no hay una preparación para el avance tecnológico con fenómenos como la inteligencia artificial y otros, lo que lleva a ver a las universidades como espacios en donde los estudiantes no aseguran su subsistencia profesional.

“Las universidades se han convertido en maquila de profesionistas desempleados. Es decir, todos están yendo a Derecho, a Administración, a Contabilidad, pero no le están apostando a estas carreras del futuro que van a ser necesarias. Si de por sí no estamos cumpliendo, existe una brecha, un desajuste entre la oferta y la demanda, la del mercado laboral, porque no están saliendo con las competencias y no hay la demanda suficiente de ciertas carreras, pues ahora que no le estamos apuntando a estas nuevas tecnologías emergentes, a capacitarlos, hacer otro tipo de profesionalización”, declaró.

Pero más allá de las carencias en conocimiento, también se alerta sobre una limitación en el desarrollo de habilidades socioemocionales que impactan en prácticas como poder trabajar en equipo y con fines colaborativos.


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