La acusación de Rusia sobre la apertura de Ucrania hacia grupos criminales de México abrió una nueva línea dentro del mapa europeo del narcotráfico, pero el avance de los cárteles mexicanos en la región ya tenía antecedentes más amplios en el panorama internacional.
En el informe Complejidades y conveniencias en el comercio internacional de drogas: la participación de actores criminales mexicanos en el mercado de drogas de la UE, expertos, informes de la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial (Europol), la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) y agencias antidrogas europeas muestran una operación menos lineal que una ruta única desde el este europeo. El modelo combina cargamentos marítimos, empresas fachada, intermediarios locales, laboratorios clandestinos y alianzas con mafias asentadas en el viejo continente.
- El Dato: El informe El narco mexicano y las mafias europeas, alianza que desafía la justicia mundial, advierte que son un riesgo para la gobernabilidad y el comercio internacional.
El principal valor de los grupos mexicanos no está sólo en mover droga. Europol y la DEA han identificado su aporte técnico en la producción de metanfetamina y en procesos para transformar cocaína dentro de Europa. Esa capacidad les permite asociarse con redes locales que ya controlan puertos, bodegas, transporte terrestre, lavado de dinero y contactos para colocar cargamentos en mercados de alto consumo.
Para las autoridades europeas, los puertos son un punto crítico. La Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA) documenta una alta disponibilidad de cocaína y drogas sintéticas en el continente, con el transporte de carga como una de las vías de mayor riesgo. La presión sobre Amberes, Róterdam, Hamburgo, Valencia y otros accesos marítimos elevó el uso de rutas flexibles, donde los grupos cambian origen, fachada comercial y destino según la vigilancia policial.
Uno de los estudios más completos sobre la expansión internacional del crimen organizado mexicano fue elaborado por la investigadora Vanda Felbab-Brown. En un testimonio presentado en junio de 2026 ante el Senado de Estados Unidos, la especialista sostiene que el Cártel de Sinaloa (CDS) y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) modificaron su estrategia fuera de Norteamérica.
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En lugar de intentar controlar territorios como ocurre en México, optaron por integrarse a estructuras criminales ya consolidadas mediante acuerdos con organizaciones locales. Felbab-Brown explica que esa expansión descansa sobre una lógica empresarial.
Los grupos mexicanos aportan especialistas en la fabricación de metanfetamina, contactos para obtener precursores químicos y experiencia para instalar laboratorios clandestinos, mientras las mafias europeas proporcionan infraestructura, corrupción portuaria, empresas fachada y canales de distribución. Esa combinación, afirma, les permite ampliar su presencia con un perfil bajo y reducir los riesgos asociados al envío de droga terminada desde América.
La investigadora identifica instalaciones vinculadas con operadores mexicanos en Países Bajos, Bélgica, Francia, Polonia, Bulgaria y Rumania. Su análisis advierte que el objetivo ya no consiste únicamente en abastecer el mercado europeo con cocaína, sino trasladar conocimiento técnico para producir metanfetamina cerca de los consumidores finales.
Esa conclusión coincide con investigaciones recientes del especialista Robert J. Bunker, quien considera que Europa Central representa la siguiente etapa de expansión para los cárteles mexicanos. De acuerdo con sus estudios, organizaciones ligadas al Cártel de Sinaloa envían “cocineros” y operadores para establecer laboratorios ocultos en zonas rurales y trabajar junto con redes criminales europeas.
Para Felbab-Brown, el rasgo distintivo de esta nueva etapa es que los cárteles dejaron de comportarse únicamente como organizaciones dedicadas al tráfico de drogas y evolucionaron hacia estructuras transnacionales capaces de adaptarse a distintos mercados ilícitos.
Esa flexibilidad explica por qué aprovechan alianzas con mafias europeas en lugar de reemplazarlas. La especialista sostiene que esas asociaciones permiten compartir riesgos, diversificar rutas y responder con rapidez cuando las autoridades refuerzan la vigilancia sobre determinados puertos o corredores comerciales.
Dentro de ese esquema, las mafias europeas aportan territorio y logística. Los cárteles mexicanos ofrecen conocimiento químico, contactos de suministro y capacidad para abastecer mercados externos. Las bandas locales facilitan bodegas, laboratorios, rutas carreteras, documentación, empresas legales y distribución regional.
Esa interdependencia reduce la necesidad de una presencia mexicana masiva y explica por qué las investigaciones ubican operadores, enlaces o “cocineros”, más que grandes células armadas.
Mientras la cocaína conserva a Europa como mercado de alto valor, la metanfetamina abre otra ruta de expansión. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) advirtió en 2026 que los traficantes aprovechan tecnologías, inestabilidad global y nuevos métodos para entrar a mercados distintos.
En ese contexto, los grupos delictivos mexicanos encuentran un terreno atractivo, porque su experiencia en la producción de drogas sintéticas puede transferirse a laboratorios europeos.
Para los expertos, el avance mexicano en Europa se entiende mejor como una franquicia criminal flexible. No depende de una ruta fija ni de una sola mafia aliada, sino que opera mediante especialistas, cargas ocultas en comercio legal, precursores químicos, dinero en efectivo, criptomonedas y redes europeas con experiencia en corrupción portuaria aliadas en cada uno de los países.
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