Quien optó por ser transparente después de mucho ruido generado fue el senador del Verde Jorge Carlos Ramírez Marín, al confesar que fue él quien pidió al presidente de la Cámara alta, Higinio Martínez, consultar las reglas de la sala que usa la Cancillería en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, para ver si en una de ésas podría estar también disponible para los legisladores. Según el político, sólo fue eso, una inocente consulta —aunque parecía otra cosa—, por lo que descartó que anduviera buscando privilegios extra. Después, ya confirmado que el Salón de Protocolo es exclusivo para diplomáticos, Ramírez Marín consideró que la solicitud a la Cancillería —acreditada al secretario técnico de la Mesa Directiva del Senado, Daniel Sibaja— no amerita más que una llamada de atención. Nos hacen ver que esta explicación dejó una curiosa distribución de responsabilidades: la consulta fue idea del senador, pero el exceso quedó del lado de quien la tramitó. En fin.
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