El recrudecimiento de los ataques rusos contra la infraestructura energética de Ucrania ha encendido nuevas alarmas internacionales sobre la seguridad nuclear en la región. Ayer, un dron ruso provocó un apagón de más de tres horas en las instalaciones de la antigua central de Chernóbil, donde se resguardan los residuos radiactivos del desastre de 1986, lo que reavivó el temor a un accidente radiológico.
En ese sentido, el líder ucraniano Volodimir Zelenski, denunció que más de 20 drones impactaron contra una subestación eléctrica en Slavútich, al norte de Kiev, lo que afectó directamente al sarcófago que contiene los restos del reactor siniestrado. Según sus palabras, se trató de un ataque “deliberado” con varias oleadas para complicar la defensa ucraniana. “Los rusos no podían no saber que al golpear esa infraestructura ponían en riesgo a Chernóbil”, señaló.
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En tanto, la planta nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, lleva ocho días desconectada del sistema eléctrico tras bombardeos en sus inmediaciones que dañaron las líneas de suministro. Aunque no se encuentre operativa, requiere energía constante para mantener los sistemas de refrigeración de combustible gastado. Zelenski acusó a Rusia de crear un riesgo nuclear intencionado y pidió a Estados Unidos, Europa y organismos internacionales imponer sanciones más severas a Moscú por esta amenaza.

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Asimismo, el presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió a Ucrania que jugaba un juego peligroso al atacar el área cercana a la planta nuclear de Zaporiyia y sugirió que Moscú podría tomar represalias contra las plantas nucleares controladas por Ucrania. Dijo que era “idiota” culpar a Rusia por bombardear una central nuclear que controlaba y dijo que la situación alrededor de la planta estaba en general bajo control.
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En tanto, calificó de “tontería” las advertencias sobre un posible ataque ruso a la OTAN y acusó a Europa de fomentar una “histeria” para justificar su rearme. Recordó que Alemania plantea fortalecer su ejército hasta convertirlo en el mayor del continente y advirtió que Moscú no ignorará esas decisiones. “Rusia nunca mostrará debilidad ni indecisión”, afirmó.
Putin también reaccionó a las recientes declaraciones del mandatario estadounidense Donald Trump, quien llamó a Rusia un “tigre de papel”. Aunque reconoció que el magnate busca un camino de diálogo, insistió en que la OTAN participa directamente en la guerra al proporcionar inteligencia, armamento y entrenamiento a Ucrania. “Si alguien quiere competir con nosotros, que lo intente. Las contramedidas rusas no tardarán en llegar”, advirtió, refiriéndose incluso a la posibilidad de represalias contra plantas nucleares ucranianas si continúan los ataques en Zaporiyia.
La escalada bélica coincidió con la cumbre de la Comunidad Política Europea en Copenhague, donde líderes de 47 países buscaron mostrar respaldo a Kiev. Los mandatarios europeos subrayaron el papel de Ucrania como “primera línea defensiva” frente a Rusia y acordaron avanzar en proyectos como el “muro antidrones”, un sistema conjunto de detección e interceptación de aeronaves no tripuladas.
El encuentro también sirvió para debatir la propuesta de un préstamo de reparación a Ucrania de 140 mil millones de euros, financiado con los activos rusos congelados en la Unión Europea. Sin embargo, por la falta de consenso quedó pendiente. Por su parte, Bélgica expresó reservas legales por el uso de esos fondos, mientras Hungría, aliada de Moscú, reitero su rechazo frontal. El primer ministro Viktor Orbán se jactó de haber bloqueado las negociaciones para la adhesión de Ucrania a la Unión Europea, reafirmó también su oposición a cualquier medida que use “dinero que no es nuestro”.
