En medio de la Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (COP30), celebrada en la ciudad amazónica de Belém, un grupo de activistas ambientales y representantes de pueblos indígenas realizó una protesta con gritos, cantos y danzas tradicionales a escasos metros de las salas donde se desarrollaban las negociaciones oficiales.
Los manifestantes ingresaron a la denominada Zona Azul, área reservada para las delegaciones y los negociadores internacionales, para exigir una “transición energética justa” y una mayor participación de los pueblos originarios en las decisiones sobre el futuro climático global.
Con consignas como “Nuestra tierra no está en venta” y “Por el derecho a existir, los pueblos se levantan”, los participantes expresaron su rechazo a los proyectos extractivos y de infraestructura que, según señalaron, continúan amenazando la selva amazónica incluso mientras Brasil funge como anfitrión de la cumbre climática.
Durante la protesta, un grupo más numeroso intentó ingresar al recinto principal, lo que provocó enfrentamientos con el personal de seguridad de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC).
Las autoridades confirmaron que dos guardias resultaron con heridas leves y que se registraron daños menores en los accesos al edificio. Pese al incidente, las negociaciones continuaron con normalidad.
La manifestación combinó expresiones artísticas y simbólicas: mujeres descalzas danzaron al ritmo de tambores mientras sostenían carteles en defensa del agua, la selva y los derechos de las comunidades amazónicas.
Los participantes señalaron que su acción buscaba recordar a los gobiernos que la protección del planeta no puede lograrse sin justicia social y respeto a los territorios ancestrales.
El trasfondo de estas protestas radica en la preocupación por la falta de avances concretos en materia de financiamiento climático, mitigación y adaptación, temas centrales de la agenda de la COP30. Además, distintos sectores sociales han expresado inconformidad por lo que consideran retrocesos en las políticas ambientales nacionales.
Esta cumbre, la primera que se realiza en el corazón de la Amazonía, busca acelerar compromisos para reducir emisiones y fortalecer la cooperación internacional.
Sin embargo, las manifestaciones dejan claro que, para muchos pueblos y movimientos ambientales, la verdadera transición ecológica solo será posible si las voces indígenas y comunitarias son escuchadas y tomadas en cuenta en las decisiones globales.
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MSL



