Anuario: “El genocidio en Gaza no se ha detenido ni un sólo día”

Manifestantes propalestinos en Roma se manifiestaron después de la intervención de la Flotilla, el 3 de octubre. Foto: AP

A finales de agosto la Flotilla Global Sumud zarpó rumbo a la Franja de Gaza con más de 500 activistas de al menos 44 países reunidos en un convoy humanitario compuesto por más de 40 embarcaciones que partieron desde distintos puntos del Mediterráneo, entre ellos, puertos en España, Italia y Túnez. Su objetivo era claro: transportar ayuda humanitaria y denunciar las restricciones marítimas impuestas por Israel sobre Gaza. Desde el inicio, la misión llamó la atención internacional por su carácter civil, su composición multinacional y su decisión de documentar cada etapa mediante enlaces satelitales que aseguraban copias remotas del material audiovisual para evitar su pérdida en caso de un operativo militar.

En los días previos al asalto, la flotilla reportó interferencias electrónicas, sobrevuelos de drones y el desplazamiento de embarcaciones no identificadas que se aproximaban desde diferentes puntos del Mediterráneo oriental. Aunque la zona sur se encontraba afectada por tormentas cerca de Sicilia, los activistas detectaron patrones de vigilancia que excedían los movimientos convencionales. La tensión creció a medida que las fuerzas israelíes incrementaron su presencia en aguas internacionales, lo que presagiaba un operativo más agresivo del que los organizadores habían anticipado.

  • El Dato: Gaza ha denunciado múltiples violaciones de alto al fuego por parte del ejército israelí, el cual ha intensificado sus ataques también en la Cisjordania ocupada.

Cuando finalmente ocurrió la interceptación, las embarcaciones israelíes irrumpieron con comandos armados, bloquearon comunicaciones y realizaron maniobras destinadas a aislar a cada barco de la flotilla. La operación, según los testimonios de quienes la vivieron, estuvo marcada por el uso de fuerza, confiscación de dispositivos, retención de tripulantes y la incomunicación prolongada de los activistas, lo que generó un amplio rechazo en diversas cancillerías. El siguiente testimonio recogido directamente de uno de los integrantes de la flotilla, el periodista y director de RompevientoTV, Ernesto Ledesma, en entrevista para La Razón reconstruye un momento que provocó reacciones diplomáticas en varios países europeos y latinoamericanos.

¿CÓMO VIVISTE ESOS INSTANTES PREVIOS A LA INTERCEPTACIÓN?

Durante el trayecto teníamos una antena que nos permitía Wi-Fi en altamar, lo que facilitaba enviar material y hacer transmisiones en directo, incluso en el momento de la intercepción. Uno de los episodios más críticos ocurrió con un ataque aéreo israelí: un enjambre de drones que arrojó explosivos mientras navegábamos cerca de Grecia. Como periodista intentas documentar todo, aunque la mayoría no teníamos experiencia marítima. Para muchos fue un aprendizaje enfrentar un océano como el Mediterráneo en medio de un escenario tan hostil.

¿CÓMO DESCRIBIRÍAS LAS CONDICIONES DE DETENCIÓN Y CUÁL FUE EL MOMENTO MÁS DIFÍCIL?

El primer momento crítico fue la captura. Nuestra embarcación, Ohwayla, logró escapar un tiempo más, por eso llegamos más cerca de Gaza. La tensión aumentó porque desconocíamos las órdenes que tenía la Armada israelí. En nuestra tripulación viajaban exmarines y exmiembros del Ejército de Estados Unidos, todos opositores a la guerra, lo que aportaba cierta templanza.

La situación se agravó cuando nos entregaron a la policía bajo el mando de (ministro de Seguridad Nacional de Israel, el ultranacionalista Itamar) Ben Gvir. Al identificarme como periodista, varios agentes me sujetaron aplicando una técnica que dobla los hombros hacia atrás, con un dolor insoportable, me tiraron al suelo colocándose encima. Ocurrió tres veces. También nos hicieron sentarnos en el piso, lo que provocó golpes directos en el coxis.

Después, cuando Ben Gvir llegó y comenzó a gritarnos, la flotilla respondió con consignas de “Free Palestine”. Él perdió el control y dio la orden de sujetarnos con cinchos de plástico, apretados al grado de dejar las manos moradas. A varios adultos mayores los trataban sin ninguna consideración. Eso es tortura por “posición” en términos de derecho internacional. Otro momento duro fue el traslado al penal de máxima seguridad. Nos pusieron nuevos cinchos, nos vendaron los ojos y nos metieron en furgonetas heladas, sin poder movernos y con ropa ligera. Permanecimos así horas antes y durante el traslado. Ya en el penal, celdas para ocho personas tenían hasta 16 detenidos.

¿QUÉ IMPRESIÓN TE DIO CONOCER A ITAMAR BEN GVIR, TOMANDO EN CUENTA SU PAPEL EN LA GUERRA EN GAZA?

Es una pregunta importante. Ben Gvir tiene dos facetas: por un lado, parece una caricatura. Llegó gritándonos que éramos asesinos de niños y terroristas. La flotilla respondió con “Free Palestine”, y él perdió el control de inmediato, colérico, casi deformado por la furia. Por otro lado, verlo comportarse así te permite imaginar la crueldad con la que ha actuado contra el pueblo palestino. Si a nosotros nos trataron así en pocas horas, es escalofriante dimensionar lo que su poder significa diariamente para la población palestina. No sorprende que la Corte Penal Internacional lo tenga identificado.

¿CÓMO EVALÚAS LA POSICIÓN DEL GOBIERNO MEXICANO FRENTE A LA GUERRA EN GAZA?

No es una guerra, es un genocidio. Se lo planteé directamente a la Presidenta (Claudia Sheinbaum) en una conferencia. No quiso pronunciar la palabra “genocidio” y eso generó un debate nacional. Hay un temor claro del gobierno mexicano a hacer una crítica severa a Israel, quizá por relaciones comerciales o diplomáticas. México ha firmado el Estatuto de Roma y podría actuar con más fuerza ante un mandatario acusado de genocidio, pero no se atreve ni siquiera a suspender relaciones. En otros países sí han tomado posturas firmes; aquí no. En un gobierno que se define humanista, ese humanismo no alcanza a Palestina.

TRAS TU LIBERACIÓN, MENCIONASTE EL CONTACTO CON PALESTINOS BAJO BOMBARDEOS. ¿QUÉ TESTIMONIOS O IMÁGENES TE MARCARON MÁS?

Muchos de mis amigos en Gaza y Cisjordania han perdido contacto. Desde hace meses no logro comunicarme con varios. Otros vínculos también se han perdido, y sólo es posible saber algo a través de familiares o conocidos en Cisjordania. La situación es devastadora. Hay un dilema ético entre ayudar a sacar a la gente para protegerla o, al hacerlo, cumplir el objetivo de Netanyahu y Trump de vaciar Gaza. El genocidio no se ha detenido ni un solo día.

En febrero, en Rafah, entrevisté al gobernador del Sinaí. Él explicó que existe un plan de reconstrucción de cinco etapas avalado por la Liga Árabe, Naciones Unidas y la Unión Europea, pero Trump y Netanyahu lo bloquean. El proyecto que ellos impulsan sólo encubre la anexión y permite que el genocidio continúe sin pausa.