Estados Unidos intensificó sus operaciones contra embarcaciones que califica como “narcolanchas” en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico oriental, con 30 ataques y un saldo de más de 100 muertos según reportes de seguridad. Washington sostiene que estos barcos están ligados a redes criminales asociadas al poder venezolano, mientras Caracas denuncia “agresiones encubiertas” destinadas a justificar una escalada militar.
El incremento operativo se apoya en el despliegue ampliado del Comando Sur, que mantiene buques de asalto, destructores, aeronaves de vigilancia y equipos de interdicción en corredores estratégicos como parte de la Operación Lanza del Sur, respaldada directamente por la Casa Blanca. En declaraciones recientes, Donald Trump afirmó que una incursión terrestre en Venezuela “podría ser pronto”, elevando la tensión regional.
- 12 buques de guerra cerca de las costas de Venezuela
Sin embargo, la ofensiva naval abrió un frente interno en Washington. Un grupo creciente de legisladores republicanos y demócratas ha criticado los ataques, alertando sobre la falta de supervisión del Congreso, la legalidad de las operaciones y el riesgo de arrastrar al país a un conflicto mayor sin un mandato claro. Algunos han solicitado audiencias urgentes para revisar las reglas de enfrentamiento y exigir transparencia a Trump.
Asimismo, la presión política aumentó cuando, en agosto, el Departamento de Estado y la DEA duplicaron la recompensa por información que permita capturar o condenar al presidente venezolano Nicolás Maduro, elevándola a 50 millones de dólares. Caracas califica la medida como una “amenaza” para lograr un cambio de régimen y ordenó maniobras militares ante lo que describió como un “cerco para invadir Venezuela”.