Groenlandia volvió al centro del debate geopolítico internacional luego de que el gobierno del presidente Donald Trump reiterara su interés en tomar el control de la isla más grande del mundo.
Las declaraciones provenientes de la Casa Blanca encendieron las alertas en Europa y provocaron una respuesta inmediata de Dinamarca.
La tensión escaló cuando Washington dejó abierta la posibilidad de recurrir al uso del ejército estadounidense, al asegurar que “siempre es una opción”. Ante este escenario, Dinamarca y Groenlandia buscan una reunión con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, con el objetivo de contener un conflicto diplomático que podría afectar alianzas históricas.

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¿A quién le pertenece Groenlandia?
Groenlandia es un territorio autónomo que forma parte de Dinamarca. Se trata de una antigua colonia danesa que, con el paso del tiempo, obtuvo un alto grado de autogobierno, aunque la política exterior y de defensa sigue en manos de Copenhague.
Con una superficie de 2,16 millones de kilómetros cuadrados, es el país menos densamente poblado del mundo. Sus cerca de 56 mil habitantes viven principalmente en la costa occidental y se trasladan entre comunidades por vía marítima o aérea. Nuuk, su capital, concentra buena parte de la vida política y económica del territorio, rodeada por un paisaje dominado por hielo, montañas y mar.
Aproximadamente el 81 % de Groenlandia está cubierto por hielo, y casi el 90 % de su población es de origen inuit. Durante décadas, su economía se ha sostenido principalmente en la pesca.

¿Por qué la quiere Trump?
Desde la óptica de Donald Trump, Groenlandia es clave para la “seguridad nacional de Estados Unidos”. El mandatario ha sostenido que controlar la isla permitiría a Washington fortalecer su posición frente a China y Rusia, potencias que han incrementado su presencia en el Ártico.
La ubicación de Groenlandia es estratégica: se encuentra entre América del Norte y Europa, y se asienta sobre la brecha GIUK, un corredor marítimo fundamental que conecta el Ártico con el océano Atlántico. Además, alberga importantes yacimientos de petróleo, gas y minerales de tierras raras, recursos esenciales para la industria tecnológica, energética y militar.
Aunque Trump ha declarado públicamente que su interés no se centra en los minerales, sino en la seguridad, su exasesor de seguridad nacional, Mike Waltz, aseguró que los “minerales críticos” y los recursos naturales fueron un factor determinante en el interés de la administración estadounidense.
El posible deshielo del Ártico, que facilitaría el acceso a estos recursos y abriría nuevas rutas marítimas, añade una capa más de complejidad a un territorio que hoy se encuentra en el centro de una disputa con implicaciones globales.

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