El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó ayer la controversia internacional al reafirmar su intención de avanzar en el control de Groenlandia, pese al rechazo de Europa, del propio territorio autónomo y de socios estratégicos como Canadá. Durante una rueda de prensa de casi dos horas en la Casa Blanca, ofrecida con motivo del primer aniversario de su regreso al poder, el magnate aseguró que confía en que las autoridades groenlandesas respalden su proyecto una vez que se concrete un diálogo directo.
Trump desestimó los sondeos que reflejan una oposición mayoritaria de la población local a integrarse a Estados Unidos y sostuvo que esa percepción cambiará. “Cuando hable con ellos, estarán encantados”, afirmó al minimizar el rechazo social expresado en la isla.
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Al ser cuestionado sobre los límites de su estrategia, evitó precisar escenarios y sólo dijo: “Ya lo verán”. La frase fue interpretada como una señal de que Washington mantiene abiertas todas las opciones, en un contexto marcado por la amenaza de imponer aranceles a varios países europeos que han reforzado su presencia militar en Groenlandia.

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El republicano se mantuvo inmóvil respecto a su plan de castigar comercialmente a Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia, naciones que han enviado tropas al territorio ártico ante las reiteradas declaraciones estadounidenses. Trump reiteró que los gravámenes podrían iniciar en 10 por ciento y escalar hasta 25 por ciento, sin descartar nuevas medidas si persiste la oposición europea.
También restó importancia a las posibles represalias del bloque comunitario, incluso ante la opción de suspender el acuerdo comercial firmado con Washington el verano pasado. Para el mandatario estadounidense, la discusión se inscribe en el ámbito de la seguridad nacional, argumento central con el que ha justificado su interés en Groenlandia por su ubicación estratégica en el Ártico.
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En su red Truth Social, reforzó el mensaje al asegurar que la isla es “imperativa para la seguridad nacional y mundial”. Escribió: “No hay vuelta atrás”. El mensaje fue acompañado por imágenes generadas con inteligencia artificial en las que aparece en Groenlandia con una bandera estadounidense, así como mapas que integran a la isla y a Canadá dentro del territorio de Estados Unidos.
Además, defendió su papel dentro de la OTAN y aseguró que ningún otro mandatario ha hecho más por su supervivencia. En un mensaje escribió: “Ninguna persona ni ningún presidente ha hecho más por la OTAN que el presidente Donald J. Trump”.
En tanto, desde el Foro Económico Mundial de Davos, el enviado comercial de EU, Jamieson Greer, advirtió a los países europeos que recurrir al Instrumento Anticoerción de la Unión Europea, conocido como “bazuca” comercial, “no sería prudente”. “Cada país hará lo que sea mejor para sus intereses nacionales, y eso tiene consecuencias naturales”, declaró el funcionario estadounidense.
UE DESCARTA INTIMIDACIÓN. En tanto, el presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que el continente no aceptará la “ley del más fuerte” ni se dejará intimidar por amenazas económicas o territoriales. Durante su intervención en Davos, advirtió que ceder ante presiones externas conduciría al “vasallaje”.
“Preferimos el respeto a los agresores”, sostuvo Macron, al remarcar que la Unión Europea debe defender la soberanía territorial y el Estado de derecho en un contexto internacional que, según dijo, se encamina hacia una peligrosa ausencia de reglas. Macron insistió en que el mecanismo anticoerción del bloque comunitario sigue sobre la mesa y pidió a sus socios no dudar en utilizarlo si la UE no es respetada.
La relación bilateral se tensó aún más cuando el republicano publicó mensajes privados intercambiados con Macron. En esos textos, el presidente francés cuestionaba la postura de Washington sobre Groenlandia y proponía una reunión para abordar los desacuerdos. Trump descartó asistir a una cumbre especial del G7 en París y afirmó que a Macron “no le queda mucho tiempo” en el poder.
Asimismo, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, adoptó un tono desafiante y reiteró que su gobierno no cederá ante las exigencias de EU. Señaló que el magnate no ha descartado el uso de la fuerza militar y advirtió que, ante ese escenario, Europa tampoco puede ignorar los riesgos.
Mientras las autoridades locales reiteraron que el futuro de la isla debe decidirse conforme a la voluntad de su población. Por su parte, el primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmó que el mundo padece “una ruptura” y “no una transición” en la que “las grandes potencias» utilizan la «integración económica como un arma”. Además, el ejército de ese país elabora un esquema sobre una posible respuesta de Canadá a una invasión de EU.

