El Tribunal Supremo de Estados Unidos resolvió ayer que los estados no pueden prohibir las llamadas terapias de conversión en menores, al considerar que estas restricciones contravienen la Primera Enmienda, que protege la libertad de expresión y religión.
La decisión fue aprobada por ocho votos contra uno. El juez Neil Gosuch sostuvo que dicha enmienda actúa como un “escudo” frente a intentos de imponer una ortodoxia en el pensamiento. La única disidencia fue de la jueza Ketanji BrownJackson.
El fallo responde a una ley de Colorado, vigente desde 2019, que prohíbe a profesionales de la salud mental aplicar tratamientos para cambiar la orientación sexual o identidad de género, con sanciones económicas y posibles suspensiones. Aunque la norma no queda anulada, el caso será revisado por tribunales inferiores, que podrían fallar en el mismo sentido.
La Organización de las Naciones Unidas calificó estas prácticas como tortura. Diversas asociaciones médicas advierten que son ineficaces y pueden provocar daños en la salud mental.
El Proyecto Trevor consideró el fallo como un retroceso, mientras que First Liberty Institute defendió la resolución como una garantía de la libertad profesional.


